La cajera del Alfonso XIII que conquistó Cádiz

Tere Torres revolucionó la moda y convirtió su Café de Levante en consulado de intelectuales

Con Carlos Díaz, dos sevillanos a los que Cádiz hizo hijos adoptivos

Tere Torres, con Rocío Jurado, del libro ‘Rocío, 20 años contigo’.
Tere Torres, con Rocío Jurado, del libro ‘Rocío, 20 años contigo’. / Marina Bernal

26 de enero 2026 - 06:30

En Cádiz la primavera siempre empieza en febrero. A una semana de la llegada del mes más loco y más corto del calendario, se nos ha ido Teresa Torres. Tere Torres con su apócope, como si a su místico nombre le hubiera hecho un fleco para respirar mejor. Igual que don Cecilio de Triana, gaditano de la Cava, abuelo de Carmen Sevilla, se vino desde el mar hasta Sevilla, “¿por qué me llevaste, padre, a la ciudad?”, Tere Torres se despidió de sus torres natales, la Giralda y la Torre del Oro, para convertirse en una gaditana que sin renunciar a sus orígenes fue acogida como una más en la ciudad que según Domínguez Ortiz los fenicios hicieron trimilenaria.

El día de Reyes de 1997 terminé de escribir un libro sobre Triana que Manuel del Valle me encargó cuando presidía la Fundación El Monte. Se publicó en la colección Memoria de un Siglo. Muchos trianeros de cuna o de adopción me contaron sus vivencias: el filósofo Emilio Lledó, el pintor Santiago del Campo, el músico Gualberto, el futbolista Quino, hijo del gran poeta Juan Sierra, el pintor y arquitecto Juan Suárez, el cantante Javier Ruibal, la cantante Isabel Fayos. Alguna vez Tere Torres me había contado que antes de ser gaditana adoptiva había sido trianera adoptiva. En el libro que me encargó el ex alcalde de Sevilla cuento su itinerario para cruzar el puente de Triana bautizado como de Isabel II. A veces, cruzar un puente es mucho más largo que atravesar una autopista.

Tere Torres creció en la Alameda de Hércules. Estaba bautizada en el Gran Poder y su universo de juegos eran las calles Feria, Hombre de Piedra, la plaza de San Lorenzo. Cerca de la Casa de las Sirenas donde Chaves Nogales cuenta que Belmonte jugaba a indios y vaqueros. Con siete años tienen que dejar el barrio. Su madre, costurera de profesión, cumple el sueño de tener una casa en propiedad y se muda con sus dos hijas al Tardón, el barrio de Lole Montoya, de los Morancos y de Susana Díaz.

Me contaba Tere que las niñas pobres como ella iban al colegio de San Jacinto y las pudientes al del Protectorado. Pero todas, ricas y pobres, se ponían a bailar en la calle en cuanto llegaba el Domingo de Resurrección y para celebrar el prodigio en las emisoras empezaban a sonar sevillanas. Llegaba la Feria y a Tere y a su hermana las dejaban estar hasta las doce de la noche en la caseta de la Renfe, por la que pasaban las niñas artistas de la Academia de Adelita Domingo, que iban de caseta en caseta después de cantar en las Galas Infantiles. “Lucían unos trajes preciosos que ahora han vuelto a ponerse de moda”, me contaba Tere hace tres décadas. Una escuela de infantas del arte de la que salieron Isabel Pantoja o Paloma San Basilio.

Con siete años perdió el barrio de la infancia y con catorce las dos hermanas se quedan huérfanas de madre. Un vecino era jefe de personal del hotel Alfonso XIII. Habla con doña Matilde, la directora, y con quince años Tere Torres empieza a trabajar de cajera en el hotel más famoso de Sevilla. Con el dinero que empieza a ganar lo primero que hizo fue comprar dos trajes. “Sin mangas, el escote muy pronunciado, fleco en vez de mantón. Rosa fucsia para mí, verde limón para mi hermana”.

Creció en la Alameda de Hércules y con siete años se mudó al Tardón

Sitúa ese estreno laboral en 1965, dos años después del asesinato de Kennedy, uno después del gol de Marcelino a la URSS. Desde su atalaya contable vio pasar a Jacqueline Kennedy, ya viuda, a Gracia de Mónaco, Ava Gardner, Ingrid Bergman, Soraya de Persia, Rock Hudson o el rey Faisal de Arabia regalando relojes por los pasillos.

Muy pronto se le despertó la pasión por la boda, un atajo para llegar antes a la belleza. En sus años trianeros se hizo muy amiga de dos jóvenes que jugaban al fútbol en los Salesianos de Triana. Joaquín Sierra, Quino, terminó siendo una estrella del balompié; Gualberto García, una estrella del sitar. Los dos estarán rotos por la triste marcha de su amiga. Aunque Quino pasó antes por el Betis y el Valencia (el sino de los Joaquines), igual que él Tere Torres también fichó por el Cádiz.

Empresaria polifacética, se hizo un nombre en el diseño y desde la época en que me contó su historia trianera abrió en Cádiz el Café Levante, donde un día fue a hacer una insólita lectura de algunos de mis reportajes. Así de generosa era. Se metió Cádiz en el bolsillo, como cuenta Balzac que se metió París en el suyo ese general que aparece en su novela ‘Los chuanes’. El Cádiz de Quiñones y Caballero Bonald, de Alberti y Felipe Benítez Reyes, el de Jesús Fernández Palacios y José Ramón Ripoll, el de Javier Ruibal y Carlos Díaz (otro sevillano que se hizo gaditano adoptivo y llegó a ser su alcalde), el de Juanjo Téllez, Fito Cózar y Carlos Edmundo de Ory.

La musa de Sevilla se convirtió en madrina de periodistas: Charo Ramos, Alejandro Luque, Carlos Funcia, Rodicio, Fernando Pérez. El destino la convirtió en amiga de mi cuñado Eulogio, trianero de cuna, que también se hizo gaditano adoptivo. Numerosas agrupaciones le encargaron los tipos, con lo que abría un puente entre Armani y Pepi Mayo.

El 23 de octubre de 1998 se casaban Eugenia Martínez de Irujo y el torero Francisco Rivera Ordóñez. Yo trabajaba en El País. Karmentxu Marín se encargó del novio y yo fui a Dueñas a contar la salida de la novia. En el patio, atravesada la nube de paparazzis que cogían la insólita foto de familia de Jesús Aguirre (antes padre Aguirre) junto a Paquirrín (después dj Kiko Rivera) vi paseando a Tere Torres. La cuñada de la novia, entonces esposa de Jacobo Siruela, el vástago ducal que llevó a Borges al palacio donde nació Machado, le había encargado el traje para el enlace. Después dimos un paseo en coche de caballos por Sevilla.

Unió sus días a Rafael Román, primer consejero de Cultura de la Junta de Andalucía. La única autoridad, andaluza por supuesto, que estaba en su puesto el 23 de febrero de 1981, con su presidente, Rafael Escuredo, en el Congreso de los Diputados rehén de un guardia civil de polichinela. El día que querían que febrero dejara de ser la entrada de la primavera. Como titularon su chirigota los que después serían Los Borrachos (el Selu, el Yuyu), Época Vergüenza. Murió Tere Torres y el Cádiz perdió. Siempre es Levante entre Triana y la Caleta.

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