calle rioja

En el 155 por 155 céntimos de euro

  • Simbólico. La línea con el número del artículo de la Constitución del que más se ha hablado en cuarenta años sale de Plaza de Armas y recorre el Aljarafe hasta Almensilla

Un autobús de la línea 155. Un autobús de la línea 155.

Un autobús de la línea 155. / Juan Carlos Vázquez

Es el número del año. La línea 155 fue puesta en marcha en 2003 y va desde la estación Plaza de Armas hasta Almensilla, con numerosas paradas a lo largo del Aljarafe, incluidos los centros comerciales Vega del Rey o Hipercor de San Juan; referencias cargadas de memoria popular como Chapina, eufemismo de un tapón, o La Pañoleta, el Bloomsbury de los toreros. Ayer hice un viaje a ninguna parte en el 155, porque a mitad de camino era consciente de que ya estaría cerrado el taller cuando me bajara en el Polígono Pisa, a la vista de las torres gemelas de Mairena del Aljarafe bajo las cuales está la Biblioteca José Saramago, banderín de enganche del reciente Encuentro Ibérico de lectores del Nobel portugués.

Para colmo de coincidencias con el guarismo del año, viajar en el 155 hasta el Polígono Pisa cuesta 155 céntimos, un euro y cincuenta y cinco céntimos en Pekín en guiño a Pearl S. Buck, la escritora norteamericana que se enamoró de China, uno de los personajes del libro El séptimo círculo del infierno que hoy presenta en la Fundación Cajasol, Sala Antonio Machado, Santiago Posteguillo. "Buen escritor", me dirá antes el conductor del C4 que tiene parada en la estación de autobuses de Plaza de Armas. El chófer de Tussam se leyó los libros de romanos de este profesor de la Universidad de Castellón.

Una de sus paradas es la barriada Guadalajara, en la que hoy estrenan el alumbrado navideño

Antonio Machado es una de las paradas de la línea 155. Conozco bien el destino, Almensilla. En dos ocasiones di el pregón del Carnaval. En una de ellas me invitó el concejal Ignacio Boza, me agasajaron con una garrafa de mosto y una orza de aceitunas. Hace tanto tiempo que recuerdo de aquella noche, además de la actuación del cantautor argentino Quintín Cabrera, a una chirigota local que iban caracterizados de Curro, la mascota de la Expo que diseñó el checo Heinz Eidelmann fichado por Pedro Tabernero en su estudio gráfico de Stuggart.

Como el taller va a estar cerrado, me bajo en la parada de los Faroles. Un bar de tapas caseras tiene el mismo nombre. En San Juan Alto hace un frío que pela. Falta una hora para que el 155 venga de vuelta, porque el autobús que le precede, la línea 101, no va a Sevilla. Lo deja bien claro en el cristal del conductor: "No Va A Sevilla". Es un circular por el Aljarafe. "Tarda media hora en llegar a Castilleja de la Cuesta", dice un hombre que lo espera con un ejemplar de La buena vida, de Alex Rovira. En la parada del 155 hay un cartel municipal que anuncia que San Juan estrena hoy mismo el alumbrado navideño. Una programación que se centrará en el teatro Romero Sanjuán, nombre de aquel juglar que ralentizó las sevillanas y revolucionó el género cuando volvió a su tierra natal desde Australia. El estreno navideño tendrá lugar en la Plaza del Doncel de la barriada Guadalajara.

En el 155 vamos por la senda constitucional ajenos a Fernando VII. Las señales de tráfico son una metáfora de la Constitución: quien no las cumple, multa al tanto, aunque el Código de Circulación tiene un precepto que daría para un simposio de Derecho Constitucional: la prioridad no es un derecho absoluto. Es exótico leer las historias de Posteguillo con el hilo musical de los coches-discoteca que pasan junto a la parada del 155. El libro se puede leer como una antología de la literatura hindú, dos Nobel de la India, Rudyard Kipling y Rabrindranat Tagore. Por Posteguillo, sabemos a quién le dedicó el primero El Libro de la Selva y qué papel tuvo el segundo en el romance entre Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí; o que Concha Espina se quedó a un voto de ganar el Nobel de Literatura. Al menos tiene una calle junto al estadio Santiago Bernabeu. Se pone la tarde, el lector de La buena vida ya estará en Castilleja y el 155 sigue sin llegar. Cataluña está más cerca que Almensilla. Vuelta a la capital. La estación de autobuses está junto a la antigua estación del ferrocarril y heredó su nombre. Todavía le queda un último servicio al 155. Me quedo con ganas de contarle la historia a un ilustre jurista, pero Joaquín Moeckel va muy concentrado hablando con el móvil por la calle O'Donnell.

En cuatro décadas, parece que este país sólo ha recorrido cuatro artículos de la Constitución, desde el 151 que le permitió a Andalucía no descarrillar de las llamadas nacionalidades históricas hasta el 155 activado para frenar el desatino de una turba de procelosos que se sienten pieles rojas luchando contra el Séptimo de Caballería. Viaje en el 155 por el módico precio de 155 céntimos. Verá un rebaño de cabras en la cuesta del Caracol y el mayor expositor de sofás de los alrededores. Es de noche. Sofá-cama.

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