La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Francisco del Castillo Pereda nació por primera vez el 17 de mayo de 1974. El cirujano-jefe de Urgencias del Virgen del Rocío le dijo la noche del sábado que el 13 de septiembre había vuelto a nacer. Ese día había hecho algunas de las cosas que más le gustan: viajar en globo, estar con su mujer y su hijo de poco más de un año, dormir la siesta y cenar con unos amigos. Tenía previsto madrugar para enseñar el parque de Doñana en globo en la pequeña empresa donde, con otros dos socios, hace de gerente y piloto. Pero alguien le cambió los planes.
Tres pequeños y dos más espigados, uno de ellos grueso. Es lo que recuerda de los cinco chavales que estaban haciendo gamberradas cuando llegó de una cena en Tomares a su casa de Los Bermejales con su mujer y su hijo.
Les recriminó su actitud. "Les pegué dos voces desde el portal y subí a casa. Vi cómo pasaban en plan chulesco al lado del coche y golpeaban el espejo, pero no le di más importancia", explicó a Diario de Sevilla. Tanto la nota policial como los testimonios vecinales obviaban que Curro, como lo conocen sus amigos, subió con su familia al piso de Los Bermejales al que se habían trasladado desde una vivienda en alquiler en Castilleja de la Cuesta.
Iban a acostar a su hijo Jaime en la cuna. "Abrí la ventana y los vi mirándonos, señalando, como diciendo: 'ahí viven". Como uno de ellos se acercó a su coche, decidió bajar "entre otras cosas, porque, según mi parecer, no tenían pinta de ser peligrosos". Curro mide casi 1,95 y pesa en torno a los cien kilos. Ha practicado equitación y vuela en globo todos los fines de semana. Un deportista completo. Bajó y volvió a recriminarles su actitud. "Los más pequeños salieron corriendo hacia la derecha. Uno de los mayores se quedó esperándome con la mano en el bolsillo. Me pegó el leñazo, yo intenté esquivarlo, intenté darle una patada sin conseguirlo".
Empezó la prueba deportiva más peliaguda de su vida. "Con la mano presionando la herida, salí corriendo detrás de él. Los dos adelantamos al más gordito, que se quedó atrás". La carrera se inició en la calle Suecia y siguió por las calles Bélgica y Austria, hasta que el agresor se metió en los servicios de la heladería Helarte, en la Avenida de Alemania. "Yo notaba que se me estaba encharcando la camiseta. Él entró pidiendo auxilio, decía que le querían pegar, que le querían atracar. Hubo un momento en que los clientes de la heladería no sabían quién era el agresor".
Como Curro había hecho un curso de primeros auxilios, le pidió un delantal al encargado de la heladería, Javier Ceballos, y se hizo un torniquete colocándoselo a modo de faja. El tío iba a hacer daño". Este sevillano de 35 años no estaba dispuesto a marcharse de allí mientras no llegara la Policía y detuviera a su agresor. Llegó primero la ambulancia. "Me pidieron disculpas, porque habían tenido que hacer un servicio en el hospital Macarena". Una señora a la que le está muy agradecido, Eva, le pidió un par de teléfonos de confianza y llamó a Elena, la mujer de Curro, que fue testigo desde su ventana de la agresión y la persecución, y a un hermano. "Como tenía que volar en globo el domingo, le pedí a esa misma señora que buscara en el ordenador el listado de pasajeros para anular la excursión".
La adrenalina liberada en los primeros compases de la agresión y la consiguiente carrera lo imnunizó contra cualquier susto. "Me asusté después, cuando en Urgencias preguntaba a los médicos y nadie me contestaba. La navaja había tocado una zona donde está el hígado, el pulmón. Estuve 24 horas en observación. Después me diría el cirujano-jefe que ese sitio era mortal. El corte, gracias a Dios, era más largo que profundo". El agresor intentó deshacerse del arma arrojándola por el desagüe de los servicios, siendo después recuperada por la Policía.
Elena, su mujer, se quedó arriba intentando dormir al pequeño. "Al niño le costó mucho trabajo dormirse". Curro no quiere pasar por un héroe, aunque no le importa contar su experiencia si sirve para aleccionar a quienes no deben conformarse con esta tiranía del vandalismo impune. De igual forma, cree que sólo duras sanciones a agresores como el que pudo acabar con su vida pueden aleccionar a quienes se divierten jugando en los límites de la ley.
El domingo por la noche le dieron el alta. Está a base de calmantes y antibióticos y durante un mes dejará de viajar en globo. Una afición en la que fue su maestro Jesús González Green y que horas antes de la agresión le permitió volar sobre el parque de Doñana con viento sur y de levante.
También te puede interesar
Lo último
27 Comentarios