“Un Fleshlight es una herramienta para mejorar la salud sexual": así es la fábrica de juguetes sexuales en Sevilla que fabrica uno de los productos más vendidos del mundo
Desde Dos Hermanas, una planta discreta y altamente tecnológica produce en Andalucía el masturbador masculino que lidera las ventas en países como Alemania, Reino Unido y Holanda
La fábrica sevillana de juguetes sexuales Fleshlight venderá este año 17 millones, lejos aún del récord del Covid
En Dos Hermanas, a pocos kilómetros de Sevilla, se encuentra una de las fábricas más singulares de Europa. Allí, desde hace 16 años, se produce y distribuye para todo el mercado europeo uno de los juguetes sexuales masculinos más conocidos del mundo: Fleshlight. Aunque la marca nació en Estados Unidos, esta planta andaluza es hoy una pieza clave en la cadena de producción y logística de la compañía, especialmente para países como Alemania, Reino Unido y Holanda, sus principales mercados.
Fleshlight es, en esencia, un masturbador masculino con forma de linterna. Su diseño no es casual, combina una carcasa exterior rígida y discreta con una manga interior flexible fabricada con un material patentado que imita con gran realismo el tacto de la piel humana. Una vez lubricado, el producto ofrece una experiencia sensorial que, según su responsable europeo, se acerca mucho a la de una relación sexual real. Como resume Juan Ziena, CEO de la sede europea: "es algo que es muy parecido a tener una relación sexual con una chica o con un chico".
Una fábrica discreta en Andalucía que lidera la innovación en el placer masculino
El origen del producto es casi anecdótico, pero profundamente humano. Hace más de 20 años, uno de los fundadores de la marca, el señor Shubin, se vio obligado a abstenerse de mantener relaciones sexuales con su esposa durante un embarazo de riesgo. Ante esa situación, decidió crear una solución que cubriera una necesidad íntima, pero de forma práctica y discreta. Los primeros prototipos fueron torsos completos, aunque pronto se descartaron por su elevado coste, dificultad de producción y, sobre todo, por la falta de discreción.
La solución definitiva fue aislar la parte íntima y ocultarla dentro de una linterna similar a las que usaban los policías, profesión que entonces ejercía el propio Shubin. De ahí nace el nombre Fleshlight, un juego de palabras entre “flesh” (carne) y “flashlight” (linterna). Con ese diseño se resolvían tres problemas clave: producción, transporte y privacidad, un factor fundamental en el sector de los juguetes sexuales.
La fabricación del producto es un proceso altamente especializado. La manga interior se elabora a partir de una mezcla precisa de aceites minerales, polímeros y colorantes que se inyecta en moldes con diferentes texturas y formas. A partir de esta base, la empresa ha desarrollado una amplia gama de variantes. La línea más exitosa es Fleshlight Girls, que reproduce la anatomía íntima de actrices y actores del cine para adultos mediante moldes reales, creando un vínculo directo entre el consumidor y una figura erótica inalcanzable.
Mirando al futuro del sector, Ziena subraya el papel de la tecnología: "creemos que la personalización, la inteligencia artificial y la interactividad son el futuro", explica, señalando proyectos que combinan escaneos 3D con dispositivos conectados a distancia.
Más allá del uso recreativo, Fleshlight también ha ampliado su posicionamiento hacia el ámbito médico y terapéutico. Se utiliza como herramienta para tratar disfunción eréctil, eyaculación precoz y otros problemas de salud sexual masculina. Desde la compañía insisten en que el producto no debe asociarse a algo oscuro o marginal, sino a bienestar, salud y mejora de la calidad sexual.
La discreción es otro de los pilares de la marca. Los envíos se realizan en embalajes neutros, sin logotipos ni referencias al contenido, de modo que ni la pareja ni terceros puedan identificar lo que hay en el interior del paquete. En un sector donde la privacidad es clave, este detalle marca la diferencia.
Detrás de cada Fleshlight no solo hay moldes, polímeros o tecnología, sino también historias personales, necesidades reales y una forma distinta de hablar del deseo sin tabúes. En la fábrica de Dos Hermanas, el placer masculino se aborda con la misma naturalidad que cualquier otro aspecto de la salud, lejos de estigmas y silencios incómodos. Desde Sevilla, y con absoluta discreción, un equipo de personas trabaja cada día para demostrar que la sexualidad también puede tratarse con respeto, normalidad y bienestar.
También te puede interesar
Lo último