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De haikus, manga y samuráis

  • Diálogo. El embajador de Japón en España y el rector de la Hispalense presiden en el Paraninfo el acto inaugural de la segunda semana cultural de ese país en Sevilla

Masashi Mizukami, embajador, y Mitsuru Nagata, pintor, con el rector, Miguel Ángel Castro, y el cónsul honorario, José Japón Sevilla. Masashi Mizukami, embajador, y Mitsuru Nagata, pintor, con el rector, Miguel Ángel Castro,  y el cónsul honorario, José Japón Sevilla.

Masashi Mizukami, embajador, y Mitsuru Nagata, pintor, con el rector, Miguel Ángel Castro, y el cónsul honorario, José Japón Sevilla. / fotos: víctor rodríguez

El Paraninfo de la Hispalense fue escenario de dos lecciones magistrales ajenas a la ortodoxia académica. Dos japoneses, Mitsuru Nagata y Tukinori Shibata, se salieron de los cánones convencionales. El primero, con una muestra de pintura en vivo, un ave fénix con hollín en papel de arroz; el segundo, catedrático de Electrónica Mecánica, colocó sobre la mesa a la estrella de la noche. Un robot inspirado en un cachorro de foca que ya se utiliza en más de treinta países como asistencia terapéutica.

El pintor y el científico abrieron el amplio temario de la II Semana Cultural de Japón que se celebra hasta el viernes. Habrá haiku, a cargo de Fernando Rodríguez-Izquierdo, un gran especialista; habrá manga, ese viaje de los dibujos animados a la seña de identidad; y por supuesto un repaso a la embajada Keicho que abanderada por el samurái Hasekura Tsunenaga llegó hasta Coria del Río. Una expedición que fue precursora de las relaciones diplomáticas que firmaron Japón y España en noviembre de 1868 en Canadá -el próximo año se cumplen 150 años de amistad y diálogo intercultural- y de la propia trayectoria de Masashi Mizukami, embajador de Japón en Madrid, destino al que llegó desde Buenos Aires, la ciudad donde Tokio fue designada sede de los Juegos Olímpicos 2020.

Pintura en vivo y la presentación de un robot terapéutico, en la primera jornada

José Japón Sevilla, cónsul honorario de Japón en Andalucía, trazó las líneas maestras de esta segunda semana cultural. Miguel Ángel Castro, rector de la Hispalense, puso esta iniciativa en el contexto de una fructífera colaboración. Desde hace siete años, las Universidades de Sevilla y Málaga comparten estudios de Asia Oriental, la primera especializada en chino y japonés, la segunda en coreano. El japonés es una de las doce lenguas que se enseña en el Instituto de Idiomas, con una oferta de cien plazas anuales, cosa que refrendaban al periodista una estudiante canaria y otra gaditana que estudian el idioma de los samuráis.

Japón está de moda en Sevilla. Los cuatrocientos años de la embajada Keicho sobrevuelan como una estela cronológica de los cuatrocientos años de Murillo. Los restaurantes japoneses han crecido en la ciudad de una forma exponencial. En la librería Reguera destacan en el escaparate libros de Kazuo Ishiguro, el último premio Nobel de Literatura, con elogios de Julian Barnes o Richard Ford. La semilla japonesa en Sevilla la esparcieron Yoko Komatsubara, que llevó a muchos artistas flamencos al Japón, o Reichi Nagakawa, tipo de Hiroshima que vivía en una casa de vecinos de Triana y había traducido al japonés el Ulises de Joyce.

El embajador destacó las ayudas para estudiantes españoles que visiten Japón y el rector se refirió a los programas de intercambio con media docena de universidades de ese país y programas de los que se benefician estudiantes de ambas naciones.

Del ave fénix del pintor al cachorro de foca. El robot fue bautizado en Japón como Paro, un nombre que su creador considera inadecuado para España, donde lo rebautizó Nuca. Mide 55 centímetros, pesa dos kilos y medio y está programado para una duración de catorce años, la esperanza de vida estimada de los perros. Y de los coches según las pautas de la automoción.

Ya hay cinco mil unidades funcionando en el mundo. Después de Japón, Dinamarca es uno de los países donde más acogida ha tenido para programas institucionales. El robot ha estado en el Louvre y en el Moma de Nueva York. Su creador le regaló un ejemplar a la reina Sofía y habló de sus cualidades en la Casa Blanca, con Obama de anfitrión.

Pese a su equívoco nombre de pila, de su hijo robótico dice el ingeniero que lo creó que "no reduce el empleo, en todo caso reduce el uso de medicamentos". Explicó que su implantación ha supuesto una drástica reducción del uso de psicotrópicos en personas con demencia senil, una patología que según sus estimaciones en pocos años habrá triplicado el número de personas que la padecen. Un robot ideal para mitigar las secuelas del envejecimiento, cuyo mapa coincide con el del desarrollo -Norteamérica, Europa, Japón, Australia- y que en Estados Unidos se ha introducido con niños que tienen autismo o síndrome de Down.

Ansiedad, depresión, estrés, soledad, dolor. Es el catálogo de males que combate este robot blanco fabricado en la provincia japonesa de Toyama, de donde salen las muñecas Karakori de fama mundial a las que considera antecedentes de su ingenio. El robot está dotado con trece micrófonos para reconocer las voces, dos sensores para detectar la luminosidad y hasta un sistema de aprendizaje en su proceso de inteligencia artificial. Sus ventajas han sido utilizadas por el Gobierno japonés.

La segunda semana cultural de Japón en Sevilla coincide con el reconocimiento a Juan Manuel Suárez Japón, pionero de estas relaciones, condecorado con la Gran Cruz del Sol Naciente. Este coriano fue consejero de Cultura de la Junta en el tiempo de la Expo y el pabellón de Tadao Ando.

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