Dos himnos y un minuto de silencio
Calle rioja
Homenaje. El Consulado de Colombia acogió un encuentro sobre Gabriel García Márquez con presencia de dos profesores especialistas en su obra de la Universidad de Sevilla.
NO va a haber sitio en su casa del número 144 de la calle Fuego, en México D.F. Todos los consulados y legaciones diplomáticas de Colombia en el mundo están recogiendo firmas de condolencia, admiración y gratitud hacia Gabriel García Márquez. En el Consulado de Colombia, pabellón del país en la Exposición Iberoamericana de 1929, sede de la Escuela Náutica entre 1932 y 1985, Talía Agudelo, 21 años, invitaba a los visitantes a poner su rúbrica en el libro de firmas junto a siete obras del autor.
Dos himnos y un minuto de silencio. Los himnos de Colombia y España sonaron en el acto que ayer organizó el consulado. Colombia tiene dos cónsules. Álvaro Perdomo estaba en Granada, acompañando al consulado móvil, un autobús gigante que pasa una semana en cada ciudad resolviendo las cuestiones que conciernen a los más de cincuenta mil colombianos que residen en Andalucía. Lilian Gabriela Cano Ramírez introdujo a los dos especialistas.
José Manuel Camacho (Sanlúcar de Barrameda, 1967) le ha dedicado más de media vida a estudiar y gozar de la obra de García Márquez, a quien conoció en Cartagena de Indias en 2010. Ha estudiado los césares, tiranos y santos en El otoño del patriarca; piratas, marinos y aventureros en Cien años de soledad. La muerte literaria de Santiago Nasar en Crónica de una muerte anunciada está inspirada en la muerte real, "el realismo es sórdido, no tiene nada de mágico", dice Camacho, de Cayetano Gentile, amigo personal de García Márquez, suceso en cuya narración se inspiró en el asesinato de Julio César y sus lecturas de Plinio y Suetonio. No es descartable, apuntó el experto, que en el patriarca hubiera algo del Franco crepuscular.
Cuando nació Pablo Sánchez (Barcelona, 1970), García Márquez, como el dinosaurio de Monterroso, todavía seguía allí. En la Barcelona donde reside entre 1969 y 1974. "Entonces no lo conocía nadie. Conocían a Vargas Llosa, Alejo Carpentier y algo de Julio Cortázar". El encuentro tuvo visos de desencuentro: las correcciones castizas que le hicieron a La mala hora; las desavenencias contractuales con Carlos Barral, que decidió no leer el manuscrito de Cien años de soledad cuando conoció la existencia de un precontrato con otro editor.
García Márquez está a la altura de Cervantes, apunta el profesor Camacho. El colombiano, cuando recibió el Nobel en 1982, decidió rechazar todos los galardones que le ofrecieron. Por eso es el único del boom que no tiene el Cervantes que sí consiguió su mentor y compatriota Álvaro Mutis.
Talía Agudelo señala en el mapa de Colombia el pueblo de Aracataca, en la zona costera donde desemboca el río Magdalena. Aguas proustianas para un escritor que tendió puentes entre lo hispánico y la generación perdida norteamericana: John dos Pasos, Steinbeck y especialmente Wiliam Faulkner cuyo premio Nobel celebró como periodista.
La cónsul de Colombia no estuvo sola en el homenaje al más universal de los escritores. Al cuerpo consular lo representaron su presidente, José Carlos Ruiz-Berdejo, cónsul de Chipre, y los cónsules de Uruguay, Julio Azancot, de Japón, José Japón Sevilla, de Irlanda, Ignacio de la Oliva Agulló, y de Ecuador, Héctor Salgado Rodríguez.
En el centro del patio del pabellón colocaron una hamaca y un sombrero, guiños a Macondo. "El realismo mágico me produce urticaria", dice José Manuel Camacho. "En España no creó una escuela realista-mágica, pero sí una legión de lectores y de amigos, últimamente algunos amigos bastante sospechosos".
Gabo murió un Jueves Santo, igual que Úrsula Iguarán, uno de sus personajes. Resucitó en la inmortalidad de sus textos o en su prehistoria literaria. En el prólogo de Doce cuentos peregrinos, que se presentó en la Expo 92, cuenta que uno de los descartó para la selección final fue aquel en el que soñaba que asistía a su propio entierro, "a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta".
Hubo coloquio con el sanluqueño que lo conoció en el Caribe y el catalán que nació en su ciudad adoptiva. Probaron quesos Los Vázquez y vino Bodegas Salado.
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