La infancia, el oficio, el legado

Calle Rioja

Manuel Romero posa con su hijo Javier en su óptica.
Manuel Romero posa con su hijo Javier en su óptica.

16 de abril 2010 - 05:03

ALLÍ sigue al pie del cañón. Con la calle levantada por las obras; con el tráfico en dirección plaza del Duque; con los vehículos dirección Lumbreras. Dice Manuel Romero que por su óptica han pasado clientes de tres generaciones, símbolo de fidelidad profesional. Pero su propia historia, sus tres generaciones de la que él es testigo intermedio, son un reflejo cabal de los cambios de la sociedad. Su padre, Joaquín Romero, encarnaba la precisión artesanal haciendo peinetas con celuloide para las mantillas que se veían en Semana Santa y en los toros. Manuel Romero (Sevilla, 1949), Manolo para sus amigos y clientes, sinonimia que cultiva a diario, representa el salto a lo comercial, el descubrimiento de un oficio. Javier Romero, su hijo, que el domingo cumplirá 34 años, estudió óptico optometrista en la Universidad de Granada. Un salto lleno de coherencia: lo artesanal, lo comercial, lo universitario. La calle hecha academia. La academia de la calle Jesús del Gran Poder. Su tienda. Su casa.

La Universidad de Manuel Romero fue la tienda que la firma Romval (Romero y Valdés) tenían en la calle Rivero. Descubre ese mundo con 15 años. Su descubrimiento de la óptica. Los cimientos de su oficio y su pasión. Después trabajará en Óptica Santa Lucía (calle Amor de Dios), en la Casa sin Balcones, hito de la arquitectura sevillana, y en 1980 emprende su carrera empresarial, primero en Trajano con su socio Manuel Ruesga Bono. Los Manolos, uno con la fotografía, otro con la óptica. "Dos gremios que durante mucho tiempo fueron paralelos".

En 1981 establece su óptica en la calle Jesús del Gran Poder. "Mi primer año de vida lo pasé en San Julián, pero muy pronto me vine a esta calle. Sólo la dejo cuando me caso y me voy a Triana". En Triana nacerán sus dos hijos, Javier, depositario de su legado, y Sonia, profesora de Infantil que también ha recogido su particular legado. El óptico es diputado de canastilla del Gran Poder, titular de esta calle. Este año le acompañaron en la estación de penitencia sus dos hijos. Sonia, por primera vez, beneficiaria de la salida de mujeres en San Lorenzo.

Desde la capillita del Carmen hasta San Hermenegildo. Los dos extremos de una calle nuclear de la ciudad. Una calle en la que abren nuevos referentes: el estudio de Arquitectura e Ingeniería Alminar o La Azotea, el restaurante del sevillano Juan y la californiana Juanita. Romero ya es un clásico. Cuando San Hermenegildo fue sede del Parlamento Andaluz, algún diputado requirió sus servicios "para que le cambiara el cristal".

Mira con nostalgia un tiempo en el que las palabras competencia y ofertas no tenían el significado casi depredador que hoy alcanzan en el mercado. "Las ofertas van en detrimento del trato personal". Sevilla, ciudad bañada por el sol buena parte del año, un elemento fundamental de su negociado. "Ahora las gafas de sol las vende todo el mundo. En la calle, en los mercadillos, lo que perjudica el filtro solar".

45 años viendo gafas. Estudioso de la evolución de una curiosa herramienta cotidiana fundamental en la sanidad y en la estética. "Las gafas han pasado a ser un complemento para la moda. Antes para una mujer era un drama usar gafas. Ahora se ha convertido en referente de la estética". Prefiere guardar el anonimato de la clienta, pero tiene una señora, vecina de la misma calle, que cada año renueva "sus gafas para la ópera".

Manolo Romero ha visto en Jesús del Gran Poder el cambio de siglo y de milenio, de moneda y de Administración. El declive de la galaxia Gutenberg con la irrupción de los ordenadores, elemento determinante en las demandas ópticas. Con tanto cambio, le sorprende que treinta años después "hayan vuelto las gafas Ray Ban de sol, las clásicas gafas de pera". La versión óptica de los ciclos de Toynbee.

La semana pasada cambiaron el sentido del tráfico en la calle Jesús del Gran Poder. "Comercialmente, me interesaba más como estaba antes. Ahora en coche sólo me entra el cliente que viene por Baños o por Trajano, donde está el tráfico restringido. No tiene mucho sentido que cierren el acceso del tráfico al centro y al mismo tiempo le den una salida". Una altura de miras propia de Rompetechos, por mencionar a un clásico de la optometría en las viñetas y tebeos.

Manolo se casó en junio de 1975 con Ana, sevillana de la calle Vascongadas. Es su año más redondo. 45 años de su relación con la ótpica, 35 años de su matrimonio, 30 años de aventura empresarial con un fogonazo fotográfico en sus comienzos.

Igual que su padre vivió el tránsito de la concha de tortuga al celuloide para la elaboración de las mantillas, Manolo conoció la superación del acetato en la fabricación de las monturas. Es un clásico en la calle donde hace diez años asesinaron al coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos. "Su hijo me ha operado de la nariz". + Visión. Es el nombre del comercio. Tuvo vista comercial y fe profesional: en su caso hacía falta creer para ver.

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