La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
El aire acondicionado -o el ventilador en su defecto- funcionando desde bien temprano. La botella de agua muy fría siempre presente. Y salir lo mínimo (e indispensable) a la calle en las horas centrales del día. Se trata de la pauta seguida por la mayoría de los sevillanos las últimas semanas, en las que, excepto contadas jornadas, el termómetro se ha estabilizado en los 40 grados. No es para menos. Sevilla vive el julio más caluroso de los últimos 56 años. Desde que comenzó el mes no se ha batido ninguna marca histórica, pero sí es un precedente la duración de las sucesivas olas de calor, que sólo han dado una tregua máxima de dos días. Por ahora, no parece que la situación vaya a cambiar.
El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Luis Fernando López Cotín, ya lo advirtió días antes de que comenzara la estación estival. Este verano sería más caluroso de lo normal. No ha hecho falta esperar mucho tiempo para comprobar que el vaticinio es cierto. Si en 2014 llamaba la atención cualquier jornada en la que se superasen los 35 grados, este año se convierte en noticia el día en el que se baje de los 40. Desde el 27 de junio pocas veces se ha descendido de dicha marca. En concreto, son tres olas de calor las que lleva padeciendo la provincia de Sevilla, aunque algunos meteorólogos, como José Antonio Maldonado, autor de la página web eltiempo.es habla incluso de la posibilidad de una ola de calor continua, pues ha sido mínima la separación temporal entre una y otra. De hecho, este julio podría crear un precedente meteorológico, pues en la estadística de este mes no se recuerda un periodo cálido tan duradero. Si se amplía la comparativa al mes de agosto, el precedente más inmediato es 2003, con aquella ola de calor que duró 20 días y con valores aún más altos.
La estadística de la Aemet refleja que desde 1959 se han producido 12 olas de calor en julio. Son periodos de cuatro o más días con máximas que superan los 40 grados. El primero se produjo en el año mencionado, duró cuatro jornadas y la temperatura más elevada se alcanzó el día 7, con 43,1 grados. Fue, por tanto, un arranque veraniego muy cálido, similar al de 2015. Pocos inicios estivales se recuerdan tan duros como el actual. Habría que esperar ocho años para sufrir otra ola de calor en julio, que se produjo entre el 18 y el 22, cinco días en los que se alcanzó un pico de 44,8 grados.
Julio de 1989 también fue bastante caluroso. Tras más de veinte años sin olas de calor en este mes, aquel año los sevillanos vivieron una que duró del 17 al 21. En esta última jornada se alcanzaron los 44 grados. Pero, sin duda, la década en la que se vivieron los periodos más sofocantes en el séptimo mes fue la de los 90. La primera tuvo lugar en 1990, del 18 al 21, con una máxima de 42 grados en dos jornadas. Al año siguiente se viviría otra de siete días desde el 12 al 18 de julio, en la que se llegaron a los 44,2 grados. El año de la Exposición Universal no se caracterizó por ninguna ola de calor en julio, pero sí 1993, con cinco días en los que el termómetro osciló entre los 40 y 42 grados. Fue a finales de mes, del 25 al 29. En el 94 otra vez el mercurio estuvo por los aires en estas fechas. Se trató de una ola de calor bastante temprana, pues se inició el 3 de julio y acabó el día de San Fermín. Se rozaron los 44 grados. Pero, sin duda, el periodo más caluroso vivido en julio en aquella década se sufrió en 1995, entre el 16 y el 24, nueve días en los que se logró la máxima histórica de este mes cuando en la estación meteorológica del aeropuerto de San Pablo el día 23 se marcaron los 46,6 grados. No se ha vuelto a superar esta temperatura en julio.
Conviene recordar que dicho lustro coincidió con una de las sequías más duras que ha vivido la provincia, que llevó las reservas de los pantanos que abastecen la capital hispalense y los municipios sevillanos a mínimos históricos. Al calor se unía la situación severa provocada por los cortes en el suministro para ahorrar lo máximo posible en el consumo del agua que quedaba embalsada. Todo cambió a partir de 1996.
La década pasada también destacó por varias olas de calor en julio, aunque con valores ya no tan altos como los registrados en los 90. La primera fue en 2004, del 23 al 26, con una máxima de 44,3 grados. En 2006 la ola de calor de julio duró cinco días y el mercurio no pasó de los 41,8 grados. En 2007 no se superaron los 42,9. La de 2009 fue la última antes de las sufridas este año. En aquella ocasión fueron seis días de intenso calor, aunque sin sobrepasar los 41,5 grados.
Todo indica que las altas temperaturas vividas en el presente mes de julio suponen un hito histórico en los últimos 56 años, no porque se hayan alcanzado valores históricos, pero sí por la concatenación de las distintas olas de calor que han sacudido la provincia. Por ahora, se han contabilizado tres desde el 27 de junio, con apenas dos días de descanso entre una y otra en el los que el termómetro ha bajado de los 40 grados. Sin embargo, el meteorólogo José Antonio Maldonado se atreve a hablar de una sola ola de calor, pues "la separación entre una y otra es mínima y con valores que no descienden de los 37 grados".
Las previsiones apuntan a que esta tendencia no cambiará los próximos días. Sobre la posibilidad de que después de un julio tan caluroso agosto sea más benévolo, Maldonado insiste en que la meteorología "no es una ciencia matemática" y recuerda que el año pasado, tras un periodo estival en el que las máximas rondaron los 35 grados, se vivió un otoño con temperaturas demasiado elevadas para la época. Lo que no cabe duda es que este año se está caracterizando por un calor que se anticipó recién comenzada la primavera, con unas máximas el 31 de marzo (Martes Santo) que fueron históricas. ¿Consecuencia del cambio climático? Eso aún está por confirmar. Lo que está claro es que a los sevillanos aún nos queda bastante que sudar.
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