¿Quién se ha llevado la escalera?
Reflexiones La sede de la CEA en la Cartuja acoge una conferencia de uno de los nuevos gurús de la economía mundial
Ha-Joon Chang, heterodoxo economista coreano profesor en Cambridge, defiende en Sevilla una vía intermedia entre los planteamientos neoliberales y los proteccionistas
Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro de EEUU, no pudo comprobar la puesta en práctica de sus teorías proteccionistas y proclives a la instauración de barreras arancelarias para proteger la producción nacional frente a la competencia externa. No pudo hacerlo porque en 1804 le dio muerte en duelo el entonces vicepresidente norteamericano, Aaron Burr, pero su legado sentó las bases de la que se convirtió en la primera potencia económica mundial.
La teoría de Hamilton partía de la afirmación de que las naciones deben proteger a sus empresas de la misma manera que un padre protege a sus hijos hasta que son adultos y capaces de defenderse por sí mismos. Cuando muchos países en vías de desarrollo, y ricos en materias primas, enarbolan ahora esa bandera, se topan paradójicamente con la oposición de muchos gobiernos -como los de EEUU y Gran Bretaña- que durante años se sirvieron de las políticas intervencionistas para crecer.
Este proceso fue analizado minuciosamente con profusión de datos por el profesor de Cambridge Ha-Joon Chang en un libro, Retirar la Escalera (Los Libros de la Catarata, 2004) que desmonta los argumentos del primer mundo y de organismos de tan difícil catalogación como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, a cuya labor alude en una segunda obra: Malos Samaritanos.
Chang -Seúl, 1963- profundiza en algo que ya detectó en el S.XIX el alemán Friedich List, quien utilizó el símil de la escalera, el intervencionismo, para criticar a las naciones que pretendían y pretenden llevársela o darle una patada para que nadie más pueda usarla. Ayer, el profesor coreano se metió en la boca del lobo, en Sevilla, en la sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), para defender unas posiciones que casan bien poco con los postulados neoliberalistas y que apuesta por un camino intermedio entre éstos y los netamente proteccionistas: los estados deben regular los sectores estratégicos de la economía porque "el mercado no se autoregula" y porque los intereses de los más débiles quedan a menudo sin defensa.
Los ejemplos de Venezuela y Bolivia, cuyos gobiernos han puesto en marcha políticas de privatización e intervención pública que afectan de lleno a empresas españolas, son para el profesor Chang una consecuencia lógica después de años en los que la gestión de pasados gobiernos estuvo salpicada por la corrupción. A su juicio, "hay que tener una visión a largo plazo" y no dramatizar porque el proceso de crecimiento de esos países beneficiará a las empresas que estén ya instaladas en ellos. Así, añadió, ha ocurrido en México, donde las compañías españolas están fuertemente consolidadas gracias a que entraron de lleno en bancos y otras empresas a mediados de los 90.
El problema o "la amenaza" para esos gobiernos son, advirtió, ellos mismos. Un exceso de confianza basado en la falsa creencia de que los recursos naturales, como el petróleo o el gas, son ilimitados pueden llevarles a la bancarrota y a la ruptura de un sistema de protección social que sólo ahora comienza a preocuparse de los más débiles. En otras palabras, deben buscar alternativas económicas para el futuro; los subsidios y las ayudas sirven para salir de la pobreza, pero no con carácter indefinido.
La crisis económica mundial desatada a finales del año pasado, vista en España como un proceso de desaceleración, es para Chang la prueba de que EEUU ha perdido la batuta con la que dirigía las finanzas mundiales: "No creo que Estados Unidos tenga el control de la situación. Depende de los países asiáticos", apuntó.
Dicho en cifras: las reservas de divisas en dólares americanos en manos de China (200.000 millones), Japón (600.000 millones), Corea del Sur (300.000 millones) y Taiwán (300.000 millones) hacen que estos países tengan potencialmente capacidad para alterar el orden mundial. "Si decidieran dar el salto al euro [como moneda para las transacciones a nivel mundial] el dólar quedaría destruido", aventuró.
Si ello no ocurre, añadió Chang, es por la existencia de condicionantes "estratégicos" y porque la afinidad política entre esos países es prácticamente nula. Por ahora. "No estamos ante un siglo de los asiáticos, pero de aquí a 30 años se producirán cambios", sentenció.
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