Una máquina para curar la leucemia

Familias y pacientes salen a la calle para divulgar su lucha contra las enfermedades de la sangre

Familiares de enfermos y pacientes ya curados participaron ayer en el centro de Sevilla en una acción informativa.
Familiares de enfermos y pacientes ya curados participaron ayer en el centro de Sevilla en una acción informativa.
María José Guzmán

29 de junio 2014 - 05:03

¿Y si hubiera una máquina mágica para curar la leucemia? No es magia, es investigación. Y eso puede salvar la vida de las 5.000 personas que cada año son diagnosticadas con esta enfermedad sólo en España. Lo sabe bien Luis Puntas, un sevillano de 38 años que vive gracias a un trasplante de médula ósea. Ya han pasado casi dos décadas de la intervención y a él le gusta decir que, más bien, fue gracias a su hermano, el donante; al doctor Rodríguez, recién llegado al Hospital Virgen del Rocío desde Houston; y al trabajo de muchas personas implicadas en fundaciones y grupos de lucha contra el cáncer. Ayer participó junto con una decena de familiares y de pacientes que han superado como él la enfermedad para, coordinados por la Fundación Josep Carreras, divulgar su lucha, que es la de las 38 personas que cada día reciben un diagnóstico similar en España.

La iniciativa es nacional y se encuadra en la Semana de la Leucemia que este año, antes de acabar, ha superado con creces el reto marcado por los organizadores: recaudar 38.500 euros mediante el envío de SMS solidarios que servirán para adquirir un separador celular para el Instituto de Investigación contra la Leucemia de Carreras, creado en 2010.

La tecnología de última generación es simplemente una pieza de esta máquina que ponen a funcionar a diario padres como José Manuel Ocaña. Su hijo, que ahora tiene 6 años, lleva dos años sometido a duros tratamientos y, sin embargo, no ha perdido su sonrisa. Su sueño es la Fórmula 1 y Fernando Alonso; el de sus padres, ver que ha logrado curarse. Su meta está ya cerca, pero no la de otros menores -la leucemia es el cáncer infantil más frecuente- que no pueden seguir viviendo sin la solidaridad de quien dona o aporta algún euro para la investigación.

La acción desarrollada esta semana por la Fundación Josep Carreras tiene mucho impacto, algo que se critica desde algunos ámbitos, pero que los pacientes defienden porque es la mejor manera de llegar a la gente y lograr algo que, en definitiva, es para todos. A excepción de los familiares compatibles, nadie dona para nadie en concreto. Y es que su lucha tiene nombre y rostro y se plasma en los cientos de folletos personalizados que ayer repartieron por el centro de la capital. Allí estuvo Raquel Rey, de 27 años, y sus padres, que hoy se emocionan al verla recuperada tras el trasplante. También la madre de Maxi Colussi, un joven de origen argentino de 34 años, que hoy trabaja y lleva una vida normal cuatro años después de iniciar el tratamiento de quimioterapia para vencer un linfoma. Y Eva Ríos, de 39 años, que en 1990 se convirtió en la tercera paciente en recibir un autotrasplante en Sevilla y hoy disfruta de su sobrino y de la vida. Igual que Maite Gutiérrez, de 57 años, que ha logrado seguir con su ritmo gracias a la medicación que recibe para la leucemia crónica que le detectaron hace tres años y medio. Sus testimonios son de esperanza, la que nunca han perdido María Carmen y María José Moguer, que ayer divulgaron también la necesidad de fomentar la donación de médula mientras su hermana menor se prepara para recibir en unos días su trasplante.

Todos ellos, junto con casi 300 personas más, ganaron ayer una batalla más dando a conocer la situación de tantas familias afectadas por enfermedades de la sangre. La máquina ya está en funcionamiento. Que funcione no es cosa de magia, es cosa de todos.

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