Presunta negligencia médica en el parto La vida arrebatada de Daniel

  • Una familia sevillana relata el traumático nacimiento de su hijo pequeño en el Hospital Virgen del Rocío.

  • El niño sufre secuelas irreparables, parálisis cerebral

Óscar y Gema arropan al pequeño Daniel en su hogar. Óscar y Gema arropan al pequeño Daniel en su hogar.

Óscar y Gema arropan al pequeño Daniel en su hogar. / Juan Carlos Vázquez

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Todo iba bien para Daniel hasta el día de su nacimiento. “Me han condenado de por vida”. Con estas palabras su madre, Gema, define la situación que afronta, cada día, junto a su familia desde el 9 de marzo de 2017.

Tras un parto traumático, Daniel nació con graves problemas, e irreparables: parálisis cerebral. Madre e hijo sufrieron, en exceso, durante varias horas, hasta que, al fin, los especialistas que les atendieron en el Hospital Maternal Virgen del Rocío practicaron una cesárea urgente. Esta operación se realizó demasiado tarde para Daniel, presunta negligencia médica denunciada por la familia en los juzgados.

El dibujo que plasmó el ritmo de dos corazones, Gema y Daniel, y las anotaciones de profesionales sanitarios en el partograma el 8 de marzo, y la madrugada del 9 de marzo, delatan, con claridad, el sufrimiento de ambos: Fiebre y taquicardias en ella; bradicardias y prolapso del cordón umbilical, en el pequeño, horas antes de nacer.

Daniel arropado por sus hermanos y sus padres. Daniel arropado por sus hermanos y sus padres.

Daniel arropado por sus hermanos y sus padres. / Juan Carlos Vázquez

Gema ingresó a las 8:00. “A partir de las 20:00 la madre es mantenida innecesariamente (hasta las 3:00, en que se extrae al niño, son siete horas) en un estado de taquicardia y fiebre que alcanza los 38.5 grados, que no se alivia ni con medicación”, denuncian.

Cuando se dan bradicardias de más de siete minutos, sin atender a las causas, los protocolos y la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) exigen que termine el parto de manera inminente ante la pérdida del bienestar fetal.

En Gema, la cesárea no se realizó hasta casi dos horas después de un episodio de bradicardia de su hijo, según consta en las pruebas de la historia clínica que sustentan la denuncia. “Desde las 1:00 hasta las 3:00 en que se extrae al varón en parada cardiaca, el sufrimiento materno y fetal es claro”, destaca la abogada de la familia, María Emilia de Sousa. La línea del ritmo cardiaco del bebé se convirtió en continua, al final, tras un largo periodo de aceleraciones y desaceleraciones.

“Pedí que, por favor, sacaran a mi hijo. Sabía que no iba bien. Las matronas me miraban con preocupación”, explica Gema. Esta madre estaba sola esos duros momentos, sin la compañía de un familiar. Cuando Daniel nació, el sufrimiento fetal o la pérdida del bienestar fetal fue patente: “Más del 90% de su cerebro está muerto”, asevera el padre. Daniel nació sin latido y en asfixia. Gran dependiente de por vida. Consecuencias devastadoras para él y su familia.

Daniel, al poco de nacer, sedado y sondado en la UCI. Daniel, al poco de nacer, sedado y sondado en la UCI.

Daniel, al poco de nacer, sedado y sondado en la UCI. / M. G.

El recién nacido necesitó intubación, masaje cardiaco, mascarilla, oxígeno, y transfusiones de hematíes y plasma. Al nacer presentó: asfixia, hipotermia, insuficiencia renal, convulsión neonatal, hemorragia gastrointestinal, entre otros graves problemas. 40 días en UCI. Tras un embarazo normal, estado de shock para sus padres.

“La tardanza en realizar la cesárea teniendo a mano todos los medios adecuados para ello y teniendo como causa más que justificante de la misma, es la razón por la que Daniel nació como nació”, explica la denuncia.

Mientras todo ocurría en paritorios, Neonatología y en la sala del Despertar; el padre, en una sala de espera, superaba eternas horas con el temor por el porvenir de su pequeño y de su mujer; sin noticas de ellos durante demasiado tiempo. Es el recuerdo grabado con un dolor “indescriptible” de estos padres sevillanos. “Fue la peor noche de mi vida”, afirma Óscar.

La abogada de la familia, María Emilia de Sousa. La abogada de la familia, María Emilia de Sousa.

La abogada de la familia, María Emilia de Sousa. / Juan Carlos Vázquez

El silencio en el salón de su casa se vuelve necesario por instantes. Óscar alimenta al pequeño Daniel, mientras su madre rememora, con impotencia en su mirada, los momentos que han transformado sus vidas para siempre. Su abogada, Emilia de Sousa, rompe el silencio y habla por ellos: “No sólo abandonaron a la madre el día del parto; también después durante la recuperación”.

Tras varias horas con un registro anormal y patológico en la frecuencia cardiaca del bebé, la cesárea urgente se practicó en torno a las tres de la madrugada; y después, Gema permaneció hasta las nueve de la mañana sin saber nada de su hijo. El pequeño tuvo que ser reanimado y quedó ingresado en la UCI.

Óscar interrumpe mientras sigue alimentando a su hijo, al recordar las palabras que le pronunció una profesional del Maternal: “Lo siento mucho, me dijo una matrona. Al preguntarle ¿por qué?; no obtuve respuesta, sólo volvió a decirme, lo siento mucho”.

Impacto devastador

Días después, en la UCI neonatal, llegó la peor de las noticias: “Es mejor desconectarlo ahora porque te llevarás a un niño vegetal a tu casa”. Estas palabras, secas y duras, bloquearon a Óscar. “Esto va contra mi moral”, añade.

Dos años después del nacimiento del menor de sus seis hijos, Óscar y Gema aún no se han recuperado. Daniel tiene dos años y no puede sostener su cabeza. No comprende y puede ser ciego; tiene secuelas cognitivas y motoras muy graves.

Sus padres recuerdan cómo y dónde les comunicaron sus secuelas: “Jamás he vuelto a entrar en esa habitación, es horrible”, comenta el padre. “Tras una resonancia, los médicos nos dijeron: no os lo aseguramos, pero según la resonancia, el niño no va a hablar, no va a comer, no va a andar; y posiblemente es ciego”.

Daniel, arropado. Daniel, arropado.

Daniel, arropado. / Juan Carlos Vázquez

La denuncia por presunta negligencia en la atención al nacimiento de Daniel se encuentra en proceso en el juzgado de lo Contencioso-Administrativo número cuatro de Sevilla, una demanda interpuesta por la letrada María Emilia de Sousa (www.desousaabogadas.com) contra el Servicio Andaluz de Salud y su compañía seguradora. Desde que nació Daniel, sus padres tienen que dedicarse plenamente a sus cuidados. “No puedo trabajar y se me ha acabado la ayuda”, dice su padre.

La familia sólo cuenta con los ingresos de unos 300 euros, por la gran dependencia de su hijo. Cada semana, Daniel necesita sesiones de fisioterapia, y cada cierto tiempo, de logopedia. Es atendido por seis especialistas (Neurología, Digestivo, Maduración, Rehabilitación, Ofalmología y Otorrino). No accede a toda la atención que le permitiría mejor calidad de vida por la falta de recursos en su hogar. “Le vendría bien natación y más fisioterapia”, dice su madre, pero es muy caro, lamenta.

“A veces los sanitarios aceptan riesgos cuyas consecuencias no asumen. Cuando dejan de adoptar medidas o, por el contrario, toman las inadecuadas, y ponen en peligro la seguridad del paciente; y se incurre en mala praxis, los resultados lesivos los sufre únicamente la familia. El abandono no sólo podemos concretarlo en el momento del parto, cuando claramente se violentó a la madre y al bebé; sino también en el postparto. Y en la actualidad en el plano institucional, con ayudas y apoyo prácticamente inexistentes”, explica De Sousa.

La abogada de la familia en la casa de Daniel revisa los registros del pulso cardiaco de la madre y del pequeño, antes de nacer. La abogada de la familia en la casa de Daniel revisa los registros del pulso cardiaco de la madre y del pequeño, antes de nacer.

La abogada de la familia en la casa de Daniel revisa los registros del pulso cardiaco de la madre y del pequeño, antes de nacer. / Juan Carlos Vázquez

Tras una negligencia, “los efectos son transversales y devastadores. No sólo la salud se ve mermada, sino que la familia se ve condicionada para toda su vida personal, emocional, social y laboralmente”, advierte la letrada especializada.

La familia de Daniel espera que le concedan un servicio de justicia gratuita para poder acceder a un especialista independiente que se encargue de un peritaje del caso.

La abogada concluye: “La comunidad sanitaria debe seguir trabajando incansablemente por minimizar los eventos adversos evitables y priorizar, por encima de todo, la seguridad del paciente y la calidad asistencial. Los profesionales que trabajamos con familias y asuntos con tanto compromiso emocional conocemos de primera mano las consecuencias devastadoras de las negligencias”.

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