La iglesia del Palmar de Troya

La nueva vida de Gregorio XVIII

  • En Monachil, el ex 'papa' de El Palmar y su novia tratan de pasar desapercibidos: "He venido a vivir en paz"

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Ginés Jesús Hernández no había perdido la fe, sino que había encontrado el amor. Más bien, se fue para buscarlo. De El Palmar de Troya a Monachil. De la calima del Bajo Guadalquivir a las nieves de Sierra Nevada. Del secretismo y la oscuridad de la iglesia palmariana, reconocida por la Iglesia Católica como secta, a admitir que ha colgado los hábitos porque una mujer le ha robado el corazón. La noche y el día.

El penúltimo episodio de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz reúne todos los ingredientes para que alguien se anime a realizar un telefilme como los que programa Antena 3 para la sobremesa de los fines de semana. Una renuncia por amor podría ser el nombre de la historia que ha llevado al autodenominado Gregorio XVIII a dejar su pontificado en El Palmar de Troya, creando un nuevo cisma, un nuevo terremoto, en los cimientos de una iglesia que lleva muchos años en declive. Atrás quedaron las fastuosas casas del barrio del Museo y las blancas furgonetas Volkswagen que cada día trasladaban a decenas y decenas de curas y monjas hasta El Palmar. Eran los dorados años 90, todavía con el papa Clemente, el fundador, al frente de la secta. Desde su muerte en 2005, todos los estudiosos del fenómeno palmariano han venido hablando de ese declive, con escisión incluida, que podría ser definitivo ahora.

El padre Sergio María ya no es Gregorio XVIII. Ha vuelto a ser simplemente Ginés Jesús, un ex seminarista y ex militar de origen murciano. El papa de El Palmar se esfumó el pasado viernes 22 sin despedirse de sus fieles. Tan sólo dejó una carta en la que aseguraba que había "perdido su fe". La fe ha mutado en amor y se ha mudado a Monachil, una palabra de origen latino que significa monasterio... La nueva fe del ex papa es Nieves Triviño, técnico del Ayuntamiento de la localidad. "He venido a vivir en paz, he pasado página y punto", sentenció el enamorado a los periodistas que lo aguardaban a las puertas del Consistorio, según recogió Efe. "Él ha pasado página y yo quiero pasar desapercibida", aseguró ella, desmintiendo que haya habido boda. El amor se fraguó a fuego lento. "Nos conocíamos porque yo fui a El Palmar hace más de treinta años y hace un año y medio o así contacté con él por otro motivo y poco a poco todo surgió".

El tiempo dirá si el ex papa y la trabajadora municipal se comen las perdices.

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