Sevilla

El 15-M radicaliza su protesta

  • Cacerolada e insultos a políticos, invitados y periodistas cuando accedían al Ayuntamiento

"¡Chorizo, sinvergüenza, fuera!". Con estos insultos fueron recibidos ayer en la Plaza Nueva los políticos, invitados y periodistas, sin distinción, que acudieron a la toma de posesión del nuevo equipo de gobierno. La protesta del 15-M se hizo ayer mucho más radical en Sevilla perdiendo los argumentos que hasta ahora le han servido para que un alto porcentaje de ciudadanos apoyasen la reivindicación. Al mediodía, la Policía montó un dispositivo de seguridad en las puertas del Ayuntamiento, cuyas entradas quedaron valladas para evitar que los manifestantes obstaculizaran los accesos a la Casa Grande.

La cacerolada de protesta comenzó antes de las cinco de la tarde, en el momento en que empezaron a llegar los primeros invitados y el personal municipal. Y a las seis de la tarde el ruido se colaba por las cristaleras, cerradas a cal y canto, del Salón Colón. "No nos representan". "No hay pan para tanto chorizo", repetían los concentrados, que increparon con dureza a la corporación municipal. Los gritos y abucheos se hicieron más intensos con la llegada del nuevo alcalde, Juan Ignacio Zoido, acompañado del presidente del PP, Mariano Rajoy, y su homólogo andaluz, Javier Arenas. "Comprendo la preocupación de los españoles, hay mucha gente que lo expresa en la calle, aunque la inmensa mayoría lo ha hecho en las urnas", apuntó Rajoy en un intento por quitar hierro a la protesta.

Ya dentro de la Casa Grande, el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, se refirió también al movimiento de los indignados y calificó de "paradójico" que los elegidos por los ciudadanos sean abucheados, aunque insistió en que "la democracia se ejerce siempre por la participación y ha ganado el que ha querido los ciudadanos".

Más indignados que nunca, los representantes del movimiento del 15-M en Sevilla lamentaron que los políticos no les prestasen atención: "No somos asesinos, ni hacemos daño a nadie". A esa altura de la tarde oírlos era tarea imposible dado el escándalo organizado, muy alejado del acto previsto en un principio: una concentración silenciosa para dar la espalda a los políticos.

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