Sevilla, en calma tensa al paso de la borrasca Leonardo

El cierre de los colegios y el teletrabajo evitan retenciones en las entradas a la capital andaluza

Las tiendas y calles se quedaron casi vacías por la alerta decretada por lluvias y fuertes vientos

Aumenta el riesgo en Sevilla por fuertes rachas de viento de hasta 70 km/h

Paraguas y cielos grises, la estampa de una jornada en alerta por temporal en Sevilla
Paraguas y cielos grises, la estampa de una jornada en alerta por temporal en Sevilla / José Ángel García

Colegios, parques y edificios municipales cerrados. La actividad institucional reducida al mínimo. Servicios esenciales. Tiendas con escasos clientes y bares a medio llenar. Es la tónica general del 4 de enero de 2026 en Sevilla capital, una ciudad en alerta amarilla y con el plan de emergencias activado ante la borrasca Leonardo. Un día gris en el que se han suspendido numerosas actividades y en el que, por fortuna, no ha habido que lamentar grandes incidencias. Calma tensa para un invierno metido en agua.

Muy al contrario de lo que ocurrió el pasado lunes, la jornada de este jueves transcurre con bastante tranquilidad. Especialmente cómoda es la entrada a la ciudad para quienes no tienen más remedio que desplazarse. A diferencia de lo vivido dos días antes, los accesos a la capital no registran retenciones. El cierre de los colegios y el teletrabajo propician que sean muy pocos los conductores que hagan uso del vehículo en hora punta. Desde el Aljarafe al centro de la ciudad se puede llegar en menos de 15 minutos, duración impensable un día normal.

Una muestra de esta bajada de afluencia se percibe en los parkings, con bastantes plazas vacías, cuando en otras jornadas resulta difícil encontrar un hueco libre. No ocurre así en la zona azul, donde sigue siendo complicado aparcar.

La mañana, desde bien temprano, está protagonizada por una constante lluvia que se inició la noche anterior. Precipitaciones no demasiado fuertes, constantes, pero exentas de viento en las primeras horas. El panorama cambia a partir de las 11:00, cuando deja de llover, pero empieza a soplar rachas de aire de gran intensidad.

El centro cívico Las Columnas, en Triana, cerrado por el nivel de alerta.
El centro cívico Las Columnas, en Triana, cerrado por el nivel de alerta. / José Ángel García

La estampa que se contempla en las principales calles de la ciudad durante la mañana recuerda a la de los días más duros de la pandemia. Pocos peatones. Tiendas abiertas, pero prácticamente vacías. Algunos aprovechan esta tranquilidad para las compras pendientes y hacerse con las últimas gangas de las rebajas. Los dependientes viven su especial día de la marmota, jornada de conocida fama en Estados Unidos, celebrada el el pasado 2 de febrero.

"Al final, no ha sido para tanto", comenta el empleado de un gran almacén al comprobar la escasa afluencia de clientes. En algunas peluquerías la principal atención que se presta es al teléfono. No dejan de llamar para cancelar las citas. "Por la tarde las han suspendido casi todas, estamos haciendo ajustes en la agenda para otros días, aunque nadie sabe cuándo se va ir este mal tiempo", explica la dependienta del centro de belleza de El Corte Inglés, donde es un deleite pasear por sus plantas. Casi nadie en los probadores de este gigante comercial ni en los de las firmas de ropa más conocidas. Hay quien se lanza a la calle al comprobar que el panorama no es tan apocalíptico. La lluvia da una tregua. "He salido al ver un claro. Tenía que venir a comprar ropa y he aprovechado que no hay nadie", asegura Esteban Ramírez, estudiante de la Universidad de Sevilla, que ha suspendido las clases.

En los bares también se nota la poca afluencia en las horas centrales de la mañana. Aunque mantienen cierta clientela, no se llega al punto de desbordamiento (nunca mejor dicho) de otros días, cuando la tostadora del pan y la cafetera no conocen descanso. Muchos buscan en los negocios hosteleros la manera de rellenar un día en blanco.

Una de los parques de la ciudad, cerrado por el temporal.
Una de los parques de la ciudad, cerrado por el temporal. / José Ángel García

En las calles no hay niños. El cierre de los colegios los ha dejado a todos en casa, donde las familias hacen auténticos malabares para lograr la conciliación. Unas calles con poco tráfico donde los peatones no esperan a que el semáforo les permita el paso, debido a la falta de coches. Incluso hay quien aprovecha esta ausencia para hacer running en mitad de la calzada. La lluvia se ha convertido en llovizna y permite hacer ejercicio físico al aire libre, que cada vez sopla más fuerte. Los autobuses de Tussam también están a medio gas. Los hay prácticamente vacíos. Este confinamiento por lluvia deja en mínimos el número de pasajeros.

La mañana avanza y se convierte en tarde. El viento es cada vez más molesto. Deja inservible los paraguas. Resulta complejo combatirlo. La sensación de riesgo es ahora mayor. Los bares se animan en la sobremesa. La única diversión de un día gris. En calma tensa.

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