El estudio del Sindicato Médico de Sevilla sobre las dificultades de la teleconsulta en Atención Primaria, recientemente publicado en este diario, merece especial atención, ya que refleja inquietudes compartidas por muchos profesionales. La teleconsulta, herramienta del Servicio Andaluz de Salud que conecta Atención Primaria y Hospitalaria, es la parte visible de un modelo de atención que, con sus limitaciones y necesarias mejoras, ha convertido a Andalucía en referente nacional e internacional.
En gestión sanitaria, la equidad debe situarse por encima de cualquier criterio organizativo. La equidad implica asignar los recursos en función de la necesidad, priorizando al paciente más grave, al más vulnerable, al que más puede perder si el sistema no responde. En salud, la equidad es una exigencia ética vinculada al principio de justicia y resulta especialmente decisiva en un sistema sanitario público de acceso universal, donde la demanda puede ser ilimitada.
El modelo tradicional de acceso presencial al hospital es igualitario y bien aceptado, aunque se acompaña de esperas más o menos prolongadas. Asigna a cada paciente un tiempo establecido para esa primera consulta, el mismo tanto para quienes consultan por una situación de mínimo impacto en salud como para quienes presentan un problema grave o potencialmente letal. Se trata, por tanto, de un modelo en el que personas con enfermedades graves compiten por los mismos recursos sanitarios que aquellas con problemas de baja complejidad e impacto: un modelo igualitario pero, en definitiva, poco equitativo.
En todas las especialidades existe una proporción de consultas por síntomas leves o por incertidumbres clínicas que, aunque generan preocupación, no requieren una intervención hospitalaria inmediata. El sistema sanitario debe atender a estas situaciones, pero debe hacerlo de forma proporcionada para no comprometer su capacidad de responder ágilmente a aquellas que sí revisten mayor gravedad. En este contexto, un profesional con visión colaborativa y trabajando en un modelo de telemedicina bien integrado puede mejorar significativamente el acceso y la priorización de los pacientes. Una teleconsulta basada en protocolos consensuados permite resolver de forma rápida y eficiente situaciones de bajo impacto clínico. Además, permite dedicar más tiempo a pacientes complejos o potencialmente graves, y así activar los recursos hospitalarios necesarios, ya sea una consulta presencial, una prueba diagnóstica urgente o una intervención quirúrgica. Gracias a la información (visual, escrita y analítica) que sobre el paciente proporciona una teleconsulta, este modelo permite, desde el primer contacto del paciente con el sistema, asignar más recursos, fundamentalmente tiempo, a quienes más lo necesitan.
La telemedicina abre debates legítimos y razonables sobre calidad, humanización o ética de la relación médico-paciente, dimensiones esenciales de la práctica sanitaria. Ahora bien, conviene no perder de vista que la calidad asistencial empieza por ofrecer acceso en el momento adecuado. Si un paciente no recibe atención cuando la necesita, estos debates quedan vacíos de contenido. No hay calidad posible, ni relación verdaderamente humanizada, si la atención llega tarde y ese retraso puede evitarse.
Es indudable que el sistema sanitario necesita más profesionales y cada vez mejores medios técnicos, pero reducir el debate a las incidencias y problemas de una herramienta tecnológica simplifica en exceso una transformación organizativa que nació de la corresponsabilidad profesional y del compromiso con la equidad del sistema sanitario. Debemos abordar cualquier mejora propuesta por los profesionales como medio para reforzar la confianza de la población en un modelo de acceso equitativo y de calidad. Calidad en su definición más exigente, que no es más que hacer lo que hay que hacer, en el momento oportuno y en el lugar adecuado -right care, right time, right place-. Y si aceptamos la equidad como principio rector de la sanidad pública, un modelo de acceso predominantemente presencial, incluso en los sistemas mejor dotados, probablemente no represente el estándar ético más exigente.