Tres testigos avalan la versión de que el atropello del Polígono Store fue fortuito

Una de las compañeras del conductor declara que casi es arrollada cuando éste trataba de huir de un grupo de 15 personas que querían agredirle · Confirman que el suceso se produjo a 15 metros del lugar de la pelea

Un cámara de televisión graba los restos del atropello en la mañana del pasado domingo.
Un cámara de televisión graba los restos del atropello en la mañana del pasado domingo.
Jorge Muñoz

18 de diciembre 2010 - 05:03

Tres compañeras de trabajo de Juan Francisco Gámez Durán, el joven que se encuentra en prisión imputado por el homicidio de Manuel Alías García, avalaron ayer en el juzgado su versión de que el atropello del Polígono Store fue fortuito y se produjo cuando trataba de huir de un grupo de 15 personas que pretendían agredirle.

Las tres testigos, que acudieron de forma voluntaria a la Policía a relatar lo que habían visto, fueron citadas ayer en el juzgado de Instrucción número 14 de Sevilla, al objeto de ratificar su declaración.

Las jóvenes corroboraron que el origen de la pelea previa que se produjo en el salón de celebraciones Badía fue el robo de dos espejos retrovisores del Seat Ibiza propiedad de Juan Francisco Gámez. En el establecimiento hostelero habían coincidido las cenas de Navidad de los empleados de Feuvert, empresa a la que pertenecía la víctima, y de Polvillo, donde trabajaban el conductor y las tres testigos -había unas 12 mujeres y siete hombres entre grupo-. En un principio, había un ambiente distendido entre los participantes en ambas cenas, que incluso llegaron a bromear y a hacerse fotografías.

Tras el robo de los espejos retrovisores por dos jóvenes que se marcharon del lugar, el propietario del Seat Ibiza subió a pedirle explicaciones a los compañeros que aún estaban en la cena. Según dos de las testigos, Juan Francisco Gámez, de 26 años, tuvo que salir huyendo del local mientras le lanzaban botellas rotas y sillas.

La tercera testigo se hallaba fuera del establecimiento y presenció directamente la huida. De hecho, según comentó la joven, ella misma gritó a Juan Francisco Gámez y a Juan Manuel Cárdenas -el copiloto, que está en libertad con cargos- que se marcharan de allí porque "les iban a matar".

La testigo aseguró que, en ese momento, el conductor realizó varias maniobras hacia delante y atrás para salir del aparcamiento, y añadió incluso que su compañero de trabajo casi la atropella, puesto que se quitó para esquivar una botella que habían lanzado los jóvenes que les perseguían y se había quedado en medio de la reyerta.

Las tres testigos coincidieron en rechazar que el coche embistiera varias veces contra la víctima, tal y como aseguró esta semana el jefe de la Brigada Provincial de Policía Judicial, Manuel Piedrabuena.

El testimonio de las jóvenes también corrobora la versión que ofreció el conductor, Juan Francisco Gámez, quien aseguró el pasado martes al juez que el atropello de Manuel Alías no tuvo lugar en la zona donde tenía estacionado su vehículo, sino a una distancia de unos 15 metros.

En el juzgado de Instrucción número 14 también prestó declaración ayer un cuarto testigo, un camarero que vio el atropello desde una ventana del salón de celebraciones. El testigo aseguró que vio como la víctima, que no intervenía en la trifulca, se dirigía hacia su coche hablando por el móvil y en ese momento se le aproximó el vehículo.

El camarero explicó en su declaración que el peatón hizo un gesto para echarse hacia atrás, pero no pudo evitar el impacto, y añadió que en un primer momento pensó que el golpe no había sido grave, hasta que después se enteró de que el joven había fallecido.

El conductor del Seat Ibiza declaró que el atropello fue fortuito, que se produjo cuando "iba mirando hacia atrás" porque estaba huyendo de un grupo de 15 agresores. El joven afirmó que intentó desviarse a la izquierda para no golpearlo y negó que tuviera intención de atropellar a la víctima. Para tratar de acreditar esta versión, el joven dijo que sólo alcanzó a la víctima con el faro y precisó que no colisionó contra los otros vehículos que estaban estacionados, algo que habría sido lógico si hubiera lanzado el vehículo de forma intencionada.

Frente a este testimonio, varios testigos han puesto de manifiesto que vieron cómo el conductor daba "un volantazo" con la supuesta intención de arremeter contra el peatón. La investigación, que actualmente está en una fase muy inicial, deberá determinar si se trata de un caso de homicidio o asesinato, como ha sostenido inicialmente la Fiscalía, o por el contrario el atropello puede considerarse como un homicidio imprudente, con lo que la posible pena oscilaría entre uno y cuatro años de prisión.

stats