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La tortilla de la foto era francesa

  • Renovación. Curas obreros, abogados laboralistas, cine-clubs, no a la guerra del Vietnam. El apasionante relato de Suresnes a la legalidad narrado por una joven 'histórica' del PSOE.

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EN octubre de 1974 ocurrieron dos hechos decisivos en el socialismo andaluz: el 11 de octubre se inicia el congreso de Suresnes que elige nuevo secretario general del PSOE a Felipe González Márquez; una semana después, nace Susana Díaz, actual presidenta de la Junta de Andalucía.

Ese viaje generacional convierte a los protagonistas de la foto de la tortilla -marzo de 1974- en socialistas históricos, epíteto que aquellos jóvenes rupturistas de los primeros setenta asociaban con unos exiliados marchitos, ajenos a los cambios que se habían producido en el interior. En la Casa de la Provincia coincidieron ayer tres de los personajes de tan histórica fotografía. También apareció, fugazmente, el autor de la misma, el ex alcalde de Sevilla Manuel del Valle.

Tres secundarios de lujo: Isabel Pozuelo, María Martín y Josele Amores. Tres de los trece componentes de la campestre estampa. Tantos como los que según la fábula de Julian Barnes acudieron al funeral de Flaubert. Ellos en realidad estaban enterrando la sardina del socialismo histórico, verdugos generacionales que en representación de los "hijos de la posguerra" (Pozuelo) le cogían el testigo a quienes vivieron, padecieron y perdieron la Guerra Civil.

La foto de la tortilla que Manuel del Valle hizo con la cámara de Pablo Juliá, el marido de Isabel Pozuelo, permaneció muchos años oculta en un paquete de café Saimaza de la cocina familiar de una de las seis parejas de la foto. María Martín, esposa del veterano socialista Curro Rodríguez, deshacía el empate porque su compañero estaba en tareas de proselitismo en Madrid.

Isabel Pozuelo abrió ayer un ciclo de conferencias sobre los dos partidos hegemónicos de la izquierda española organizado por la Asociación Andaluza de Memoria Histórica que preside Juan Ramón Troncoso. Miguel Ángel Pino completa hoy la visión socialista; mañana y el día 14, Antonio Rodríguez Iglesias y Fernando Soto contarán la historia del PCE, cuya legalización fue la patata caliente de la transición española.

La tortilla de marzo de 1974 -"la fecha la marca el embarazo de Antoñita Iborra, la mujer de Chaves", dice Josele Amores- se convirtió en omelette en octubre de ese año. Una tortilla francesa gracias al llamado pacto del Betis en virtud del cual Felipe González, Alfonso Guerra, Manuel Chavex y Luis Yáñez convencen a los socialistas vascos para que apoyen este aire fresco en Suresnes. Socios norteños de los que Pozuelo citó a Nicolás Redondo, Enrique Múgica y Eduardo López Albizu, Lalo, padre del ex lehendakari Patxi López. Tres años antes de la Copa del Rey de 1977, el Betis ya le ganó al Athletic de Bilbao.

El relato de Isabel Pozuelo fue apasionante. "La juventud vive la dictadura como algo muy lejano, muy antiguo". Lástima que la generación de Susana Díaz no se diera por aludida en la convocatoria de esta kermesse política en la que de forma explícita o implícita aparecieron el contubernio de Múnich, el Concilio Vaticano II, la guerra de Vietnam, las revueltas estudiantiles, el teatro de Tabanque y Esperpento, los cuadros de Carmen Laffón, Teresa Duclós y Joaquín Sáenez, los cine-clubs, los curas obreros, los abogados laboralistas. David contra Goliath, el capitán Vigueras contra el general Franco. Una intrahistoria trepidante de unos jóvenes que vivían una película de Godard para encontrarse al final de la escapada en una de los Ozores.

Lo vivían con miedo y con pasión. Isabel Pozuelo mostró unas fotos seleccionadas por Pablo Juliá. "Esa espalda es la de Alberto Marina", decía una militante entre el público. Meses antes de la muerte de Franco, tras un interrogatorio le habían quemado cigarrillos en el dorso. Isa Pozuelo, nacida en San Fernando, hija de marino, conoció a Pablo Juliá en la Alameda de Cádiz. "Una vez nos detuvieron a los dos en Algeciras y nos quitaron un montón de carretes que nunca aparecieron".

La foto que sobrevivió entre aromas de café colombiano retrata a un grupo que se miraba en el espejo europeo: Willy Brandt, Olof Palme, Mario Soares, Mitterrand. No querían esa España diferente del eslogan de Fraga Iribarne para atraer turistas, "un acierto de marketing político", según Pozuelo. Con realismo y sin rencor, la que fue diputada provincial y en la Carrera de San Jerónimo recordó aquella España de los ismos: desarrollismo, aperturismo, asociacionismo. Y el manque pierda del bético Felipe cuando pidió el no al referéndum de Adolfo Suárez. "Afortunadamente, tuvimos poco éxito".

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