El derbi sevillano | Frente a frente

El platino de Joaquín alumbró Heliópolis

  • El portuense logra el sueño de ganar el derbi con un gol decisivo al salir para romper el duelo en el momento justo, tras la errónea expulsión de Roque Mesa, muy acelerado desde el inicio

  • Hoy se cumplen 18 años del debut del portuense, el más veterano en marcar en un derbi, a los 37 años

Joaquín corre a celebrar su gol ante Júnior. Joaquín corre a celebrar su gol ante Júnior.

Joaquín corre a celebrar su gol ante Júnior.

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Hoy se cumplen 18 años del debut de Joaquín en el Betis, como bien refleja en estas páginas el eximio Francisco Correal. Quizá él ni siquiera recuerde esa efeméride metido como estaba en la vorágine de un derbi. Joaquín fue de todos los futbolistas que disputaron el primer duelo de rivalidad sevillana del presente curso balompédico el que más ha disputado. Y no siempre le sonrió la fortuna. La estadística le afeaba su impresionante carrera como mito verdiblanco. De hecho, pese a sus 20 derbis a sus espaldas, jamás pudo vivir una fiesta como la de anoche, en la que de secundario pasó a principal. Con 37 años y 43 días, cumplió su sueño, marcar y que su gol diera el triunfo, ante su gente. Lo merecía.

Joaquín saltó al campo en el minuto 75, con su nueva imagen capilar, con las puntas de su cabello teñidas de platino, como en un anuncio de lo que iba a ocurrir: su gol, de cabeza, fue de platino para las huestes verdiblancas y para él mismo, que celebró como un joven debutante su soberbio remate entrando en el segundo palo, ganándole el salto al segundo más veterano en estas lides, el también prolífico y simbólico Jesús Navas.

Las canas artificiales de Joaquín no son reflejo de ningún ocaso. A su edad, ya es el futbolista más veterano en marcar en un derbi. Pero su frescura, ya a cuentagotas, aún tiene mucho que decir en el redivivo Betis de Setién, que supo darle sitio en el instante justo, para romper un partido que empezaba a volcarse del lado sevillista hasta que Gil Manzano erró la interpretación de la jugada en la que Pau López buscó a Roque Mesa, el futbolista que más señales había dado de estar pasado de revoluciones. El canario estorbó su saque de mano, pero el meta lo buscó hasta atropellarlo y el extremeño, en un lance que incluso pudo ser penalti, le sacó la segunda amarilla.

El medio centro canario salió al derbi revolucionado, discutiendo muchas de las decisiones del árbitro, metiéndose en charcos que sólo podían embarrar su partido. Y vio la primera amarilla en el alargue de la primera parte, en el minuto 48, por un pisotón a Júnior. Pero Pablo Machín arriesgó dejándolo en el campo en la segunda, incluso cuando sacó a Gonalons para reforzar esa medular que aún debe ajustar para que no se le haga tan ancho el campo. Y ahí empezó a perder el partido el Sevilla.

Tras la expulsión, Quique Setién vio claro que Gil Manzano podría igualar las expulsiones con William Carvalho, que tenía otra amarilla por una entrada a Roque Mesa. Y sacó a Joaquín.

El neófito Roque Mesa, en su segundo derbi, recibió el castigo, injusto con la ley en la mano, de ser expulsado y de paso castigó la decisión de Machín. Y Joaquín obtuvo el premio en su vigésimo derbi, tras haber vivido muchos sin saborear la gloria de marcar el gol decisivo ante su fiel hinchada, que siempre lo esperó. Como en otro castigo a ese defecto en su medular que debe enmendar Machín, Setién sacó rédito a su fórmula de combinar sin dejarse llevar por la tensión del crono. Pase atrás de Tello, Inui deja pasar ante Banega, desdoblado por la derecha y Mandi recibe solo para acomodarse y sacar un centro medido buscando el platino de Joaquín. Cabezazo rotundo y gol para enmarcar en la historia de los derbis. Joaquín lo celebró como un niño de 37 años, 18 después de su debut. Todo un guiño del destino.

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