Lazio-Sevilla | Contracrónica De ‘rosso’, en Roma y con un guiño a Vittorio Gassman

  • El Sevilla se quita el sambenito de viajero en un escenario mítico, como el Olímpico que también comparten la Roma de Monchi, Fazio, Perotti y Nzonzi

Los atacantes del Sevilla celebran el gol de Ben Yedder ante la 'Curva Nord' del Olímpico. Los atacantes del Sevilla celebran el gol de Ben Yedder ante la 'Curva Nord' del Olímpico.

Los atacantes del Sevilla celebran el gol de Ben Yedder ante la 'Curva Nord' del Olímpico. / Alessandro di Meo / Efe

Los dos mil sevillistas viajeros no fueron los únicos que celebraron el triunfo del Sevilla en Roma. Hay que sumar a Monchi. Y también a Perotti, Fazio o N’Zonzi, ex sevillistas, con más o menos vinculación sentimental, y archirrivales de la Lazio en la dual Roma. La Curva Sud donde se ubican los tifosi giallorossi aparecía vacía, pero el gol de Ben Yedder, a pase de Sarabia, fue cantado por mucho más que esos 2.000 nervionenses presentes en el Olímpico. El cainismo no es exclusivo de Sevilla.

El equipo de Pablo Machín sacó su mejor versión en el mejor escenario, la Città Eterna. Y lo hizo de rosso, los de colorao son los nuestros, pensaría más de algún tifoso romanista. O, incluso emulando a Vittorio Gassman en aquella pequeña joya del neorrealismo, Monstruos de hoy (I Mostri, Dino Risi, 1963), en la que un paria disoluto se gastaba el dinero de la farmacia para sus hijos en ir al Olímpico disfrazado de emperador para ver a su equipo, alguno gritaría: "¡Forza Romaaaa!". La erre muy suave.

Con esa suavidad con la que Sarabia se la puso en el sitio justo a Ben Yedder para que el goleador sevillista sumara una muesca más a su recortado Colt 45. Los hinchas celestes conocieron en su Curva Nord cómo se las gasta el pequeño pistolero en los grandes escenarios. Hace menos de un año que silenció Old Trafford el franco-tunecino, que agrandó su leyenda nada menos que en Roma.

La Roma ha sido el único equipo italiano invitado por el Sevilla al Trofeo Antonio Puerta. Fue en el 10 de agosto de 2017, con Berizzo de entrenador sevillista y Monchi ya de director deportivo romanista. Ganó el Sevilla por 2-1, con goles de Escudero, Nolito y Dzeko.

En el Olímpico acaeció el segundo triunfo sevillista en tierras italianas. El otro precedente fue sobre la Fiorentina de Montella, artífice de la hazaña de Old Trafford, su último gran triunfo antes de su salida por la puerta de atrás. El Sevilla tenía cierto síndrome con los italianos. La derrota ante el Milan con Puerta recién fallecido fue la más dolorosa. Fue en Mónaco. En Génova, la Sampdoria eliminó al Sevilla de Jiménez. Y antes, en Parma cayó el de Caparrós como anteasala al gran Sevilla de Juande que inició al año siguiente su leyenda europea.

A ella ha sumado el triunfo en Roma. En todo un estadio olímpico de verdad. Le faltó restar emoción a la vuelta con otro gol, pero se desquitó el feo sambenito del síndrome viajero. Todos los caminos conducen a Roma.

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