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Cluj-Sevilla Cada vez más es un equipo de mentira (1-1)

  • El Sevilla rescata un empate al final en un partido en el que la consigna de Lopetegui pareció que no pasara nada de nada

  • El Cluj se adelantó con un infantil penalti de Koundé

  • El epílogo evidenció lo poco que necesitaban los blancos y En-Nesyri igualó en un césped pésimo

El Sevilla de Julen Lopetegui es ahora mismo, ni en pasado ni en futuro sino en riguroso presente, una mentira de equipo. Ni siquiera el gol de En-Nesyri, que le allana el camino para meterse en los octavos de final de la Liga Europa, puede tapar el bochorno sentido por todos los sevillistas con la actuación de los suyos ante el rústico Cluj. Los blancos, totalmente además en su indumentaria, salieron a que no pasara nada de nada y así transitaron por el pésimo césped del estadio rumano hasta que una ingenuidad de Koundé los puso por debajo en el marcador. Entonces, mal que bien, reaccionaron, igualaron y hasta tuvieron margen para vencer, aunque lo que sí hicieron fue evidenciar la endeblez del adversario, que le abrió los caminos en el momento en el que se sintió algo apretado.

El transitar de este Sevilla de Lopetegui no puede ser más decepcionante para quienes creen que la figura de un entrenador tiene trascendencia en el funcionamiento de un equipo de fútbol, entre los que, lógicamente, se inscribe este cronista. El plan del técnico parece que se encamina únicamente a que no pase nada de nada durante el juego y que en algún chispazo aislado todo pueda decantarse a favor de los suyos.

El desarrollo del litigio en Transilvania fue la mejor prueba de ello. Los blancos salieron con un esquema que dependía de la posición de Gudelj, aunque el serbio estuvo mucho más tiempo incrustado entre los centrales en el arranque y, por tanto, el Sevilla se asemejaba en su disposición a un 1-3-4-3, aunque ya queda dicho que todo dependía de la barra central del futbolín, que se movía en vertical y no en horizontal para ganar una pieza en el centro del campo cuando los suyos tenían el balón algo más arriba, algo que, dicho sea de paso, sucedió escasas veces.

Porque el Sevilla era incapaz de proponer algo de fútbol, de mover la pelota con cierto sentido. Una de dos, o los futbolistas no obedecen las órdenes de su entrenador, algo que no cabe pensar en absoluto desde aquí, o el primer mandamiento en la libreta del técnico era ignorar el centro del campo para que no sucediera absolutamente nada. Sin fútbol aquello se parecía a cualquier deporte con una red en medio, preferiblemente el voleibol. La pelota, maltratada por unos y por otros, iba de una zona del campo a otra sin que se pudiera contabilizar ni una sola acción de cierto mérito.

Los minutos iban transcurriendo en ese primer acto y la indolencia del Sevilla llegaba a ser desesperante. Sí, es cierto que el césped estaba mal, pero tampoco era que el balón fuera botando constantemente, lo que sí parecía era muy pesado y complicado para los controles. Pero esto no puede ser utilizado como un eximente por los sevillistas, el equipo con más calidad en la teoría, entre otras cosas porque el Cluj no engañaba a nadie con su estrategia y trataba de buscar por arriba al gigante Lamina Traoré para que éste bajara alguna vez el esférico y permitiera a sus compañeros llegar a la zona de remate. No lo lograron ni una sola vez antes del intermedio.

Pero eso, con el máximo respeto, pertenece al análisis del Diario de Transilvania o del periódico que pueda existir en la ciudad rumana, el problema que transmitía el Sevilla era su nulo deseo de rebelarse ante las circunstancias hostiles contra las que se topaba, entre otras cosas porque la sensación era que existían órdenes para que así fuera. No complicarse jamás atrás con la pelota y buscar a De Jong por la vía directa. El holandés sí llegó a tocar el balón en muchas ocasiones, pero jamás le caía a uno de sus compañeros para tener opciones de una salida rápida.

Así, con esa tristeza por el juego, se iban los sevillistas al tiempo de reflexión y respiro, aunque tal vez pudiera ser todo lo contrario, porque no había pasado nada de nada y eso es lo que parecía que buscaban. Ojo, no habían llegado al fondo del abismo, porque el inicio del segundo acto fue muchísimo peor.

El Cluj, con sus limitaciones, se instalaba en las cercanías de Vaclík a través de saques de esquina y de pelotas directas desde todas las zonas del campo hasta que halló un premio inesperado con unas manos infantiles de Koundé. El VAR revisaba la jugada que no había sido sancionada por el alemán Aytekin. El marcador registraba un uno a cero y hasta era justo pese a la rusticidad del campeón rumano.

A Lopetegui, afortunadamente para el Sevilla que apostó por él, se le encendió entonces la luz. En-Nesyri por Jesús Navas, 1-4-4-2 en el dibujo con Gudelj ya definitivamente de central y Koundé en el lateral derecho. Con tan poquita cosa le dio más que de sobra para comerse al Cluj en esa recta final, para llegarle una infinidad de veces por la banda derecha a través del francés y para no sólo igualar en una jugada que resolvió a la perfección De Jong con su pase a En-Nesyri sino incluso para haber podido ganar.

Bastaba con apretar un poquito, con jugar de verdad y el Sevilla llegó a hacerlo en esa recta final en la que se supone que el césped estaba aún peor que al principio. Con Rony Lopes aportando bastante, el terreno de juego no fue lo más malo en Cluj-Napoca, por debajo de eso estuvo la mentira en la que transita este Sevilla de Lopetegui. El técnico vasco tiene la palabra para reencontrar el camino y éste pasa por jugar al fútbol de verdad.

  

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