Real Sociedad - Sevilla | La crónica La tercera plaza se aleja en Anoeta

  • Un Sevilla con rotaciones arrancó un bravo empate ante una Real más necesitada y aunque queda a dos puntos del Atlético, eleva a 14 la racha de partidos invicto

  • Bono estuvo providencial y Ocampos la tuvo al final

El Sevilla de Julen Lopetegui se trajo de San Sebastián un empate a cero que, con la victoria por 0-2 del Atlético de Madrid en Getafe, lo aleja del objetivo de acabar la Liga en la tercera plaza. El equipo de Nervión queda a dos puntos de los colchoneros, que reciben precisamente a la Real Sociedad este domingo a la misma hora que el Valencia jugará en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El equipo txuri urdin pugnará en el Wanda por amarrar una plaza en la próxima Liga Europa, pero también lo hará en Sevilla el Valencia. A diferencia de los sevillistas, realistas y valencianistas aún luchan por salvar el año. El Sevilla ya la salvó y con creces, con el gordo de la Champions.

Y el hecho de tener ya bien asido el cofre de las monedas de oro se reflejó más en la alineación inicial, sin Diego Carlos, Fernando, Banega, Ocampos o Munir, que en la actitud del equipo, que volvió a emplearse con la intensidad y gallardía que ha marcado sus pasos esta temporada. La Real estaba más necesitada, pero el Sevilla no consintió que en el juego se reflejara. Al final, cuando los vascos dieron el paso adelante y arriesgaron, Bono apareció en varias intervenciones que terminaron de tranquilizar al sevillismo. Portero, hay.

Por su parte, Lopetegui también movió fichas en busca de ese gol de la victoria. Banega y Ocampos entraron a la hora de partido, Munir a falta de un cuarto de hora y De Jong con diez minutos por delante. Y la ocasión le llegó en un buen contragolpe del holandés que debió culminar Ocampos desde el perfil derecho. Pisó área, encaró a Moyà pero dejó que se le echara encima y el portero desvió su tiro. No estuvo hábil el argentino (93’).

Ahí se alejó la tercera plaza, pero que el premio era menor lo hizo ver el propio Julen Lopetegui desde el momento en que se decidió por refrescar al equipo. Eran muchas las batallas recientes a tope de intensidad, y sin apenas descanso. Y aguarda ya otro frente de lo más estimulante en Alemania. Diego Carlos, cuya aparatosa musculatura amenazaba con hacer crac, se sentó en el banquillo. Como el líder espititual de este grupo, Éver Banega. Y la clave de bóveda que sostiene el entramado, Fernando.

Encima, los poseedores de la pólvora, Lucas Ocampos y Munir, también se sentaban en la grada, con lo que la capacidad intimidatoria del Sevilla era menor. Y bastante.

Y rompió el partido y con él un Sevilla pulcro, que transmitía en su fluido juego la ligereza del que se ha sacudido la tensión. Gudelj y Joan Jordán, en la zona ancha, clavaron sus picas y les dijerona la Real que si querían acercarse a Europa, tendrían que luchar como gladiadores aunque los sevillistas ya tuvieran el botín de la temporada bien asegurado.

No parecía que fueran los vascos quienes realmente se juegan las papas. Como el manejo en las disputas de Gudelj y Jordán fue el adecuado ante un enemigo que no anda sobrado de colmillo, la pelota empezó a circular más por el mediocampo de los anfitriones.

Pero una cosa es que la pelota circule, y a veces hasta con buen gusto cuando la recibía Óliver Torres –Mudo Vázquez y Suso apenas mostraron capacidad para batir líneas en conducciones o apoyos– y otra que aflorara el peligro. De hecho, éste no brotó en una sosa primera mitas hasta sus últimos minutos. En una incursión de Jesús Navas, En-Nesyri se adelantó por fin a su par, Le Normand, y conectó un disparo potente pero centrado que atajó el experto Moyà (41’). Y un minuto después, un arriesgado pase de Sergi Gómez desde muy atrás fue interceptado y al momento acabó en un zapatazo de Mikel Merino al que respondió Bono en un alarde de rapidez y elasticidad. La pelota describió una parábola de arriba hacia abajo que amenazaba con colarse cerca del larguero, pero el marroquí sacó su brazo y envió el cuero a la grada. Ahí, en apenas dos minutos, se encapsuló la emoción de una primera parte con poco sabor.

La segunda se abrió más por el cansancio y la asunción de más riesgos. En una contra, Portu estrelló un balón con violencia en el larguero (60’), pero la Real mejoró arriba cuando éste dejó su lugar a Isak, un incordio por su movilidad. Bono tapó con rapidez y técnica ante William Jose en la ocasión más clara de los vascos y, en la continuación de la jugada, blocó abajo (71’). También respondió a un tiro de Merino (77’) y Koundé bloqueó otro obús de Willian José (81’).

La entrada de Banega procuró cierta mejoría en el ataque de los de negro, pero lo terminaba de afinar en los últimos metros. De Jong mejoró a En-Nesyri, lo que no era difícil, pero esta vez Ocampos falló con el estoque. Al menos, el Sevilla se mantuvo en pie. Catorce partidos de Liga lleva así, en pie.

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