Europa League | Zalgiris-Sevilla FC

Con Sarabia la vida es más fácil (0-5)

  • El Sevilla, pese a los temores por el escuálido resultado de la ida, no da ningún pie a la duda y se mete en el 'play off' definitivo de manera contundente

  • Nolito y el atacante madrileño ya habían puesto un 0-2 en el minuto 7

Los jugadores del Sevilla celebran uno de los goles Los jugadores del Sevilla celebran uno de los goles

Los jugadores del Sevilla celebran uno de los goles / Efe

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Trámite resuelto por la vía rápida para el Sevilla. De la mano de un Sarabia que, a día de hoy, le facilita muchos las cosas a la escuadra de Machín, los nervionenses disiparon con inusitada rapidez la sombra de la duda que dejaba el uno a cero de la ida. ¿Para qué sufrir cuando las distancias son tan siderales entre los futbolistas de uno y otro? Dicho y hecho, dos golpes fuertes sobre la mesa, siempre a través de los pies de Sarabia, y el marcador del diminuto LFF Stadionas no daba pie ni a la menor duda cuando apenas se habían contabilizado siete minutos de juego.

Pero se puede ir por partes a la hora de desmenuzar este entrenamiento con público con el inconveniente principalísimo de las dificultades que tenían los profesionales sevillistas para agarrarse con garantías a la superficie en la que se jugó, a esa moqueta de hierba sintética que es una verdadera invitación a que las rodillas de las futbolistas puedan crujir en cualquier giro inesperado. Por ello, lo fundamental para los visitantes era clasificarse, por supuesto, y que el parte médico no tuviera que registrar ninguna incidencia grave. Por lo demás, todo quedó en nada finalmente, pero el temor de Pablo Machín se pudo apreciar desde la misma confección de la alineación inicial. Nada de experimentos, nada de incluir a jóvenes del filial entre los once elegidos inicialmente.

Pejiño se quedaba en Sevilla y Berrocal tenía que aguardar en el banquillo para que el Sevilla, pese a no tener a muchos de los considerados titulares sobre el césped artificial, sí pudiera ser un equipo perfectamente reconocible, capacitado de sobras para afrontar un partido de la Primera División española con fundadas opciones de éxito. Ni que decir tiene que contra este Zalgiris que difícilmente se mantendría en Segunda División lo más normal es que lo goleara si no malograba tantos acercamientos como en la primera cita.

Sergi Gómez, Carriço y Gnagnon eran los tres centrales; Aleix Vidal y Escudero se apropiaban de las bandas para que Banega dirigiera todo con el apoyo de Amadou; y en la delantera Sarabia, Ben Yedder y Nolito se encargaban desde bien pronto de desarbolar a un adversario que vestía de verdiblanco y con las calzonas verdes. Con semejante arsenal, la lógica dictaminaba que sólo una equivocación inesperada podía dar al traste con la presencia del Sevilla en el play off definitivo para formar parte del cuadro de la Liga Europa. Una expulsión tempranera, un accidente del fútbol, todo lo demás debía ser un mero trámite.

Y lo fue, vaya si lo fue, entre otras cosas porque los futbolistas que vestían de rojo se lo tomaron en serio desde el minuto uno y se empeñaron en dejarlo todo finiquitado para que ni siquiera se pudiera plantear el Zalgiris la posibilidad de la proeza. El Sevilla tomó el mando desde el saque inicial, entre otras cosas porque también el cuadro lituano se prestó a ello. Los anfitriones, lejos de ir a buscar ese gol que pudiera darles la posibilidad del sueño y de paso poner nervioso al Sevilla, se parapetaron en torno a Bartkus y les regalaron la pelota a Banega y compañía.

Dentro de los temores que pudieran tener los sevillistas, eso fue una dádiva tal vez inesperada. El cuadro de Machín se acercó pronto hacia la portería rival y ya avisó de que aquello no iba a tener nada que ver con el primer asalto, entre otras cosas porque en su alineación inicial estaba el inspiradísimo Sarabia. Cuando un futbolista está maridado con el gol siempre hay que apelar a él y eso fue lo que volvió a hacer el entrenador soriano, al contrario que hace una semana cuando decidió poner en su posición a Pejiño.

Y el primer tanto no iba a tardar en llegar a través de la inspiración de Sarabia. Una pelota que Ben Yedder le dio al madrileño con la posibilidad de que éste arrancara en velocidad y en un par de toques había desbordado a toda la defensa del Zalgiris. Después tuvo la serenidad suficiente para regalarle el gol a un Nolito que sólo tuvo que empujar la pelota a puerta vacía. El Sevilla había golpeado pronto, pero ni siquiera se puede colocar un punto y aparte en el relato porque el segundo puñetazo llegaría rapidísimo para la alegría de todos los militares presentes en el estadio y de los sevillistas que lo seguían desde su ciudad de origen y en las playas de las costas más cercanas. Aleix Vidal le pone un buen centro a Sarabia y éste golpea a la primera dentro del área con el interior para colocar el cero a dos. Lo que tanto había costado en el primer partido para batir a Bartkus y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba todo el trabajo hecho en Lituania.

Cero a dos en el minuto siete era una invitación a sestear, a tomarse el encuentro como lo que debía haber sido de no ser por la inquietud del 1-0. El Sevilla jugó agradable, siempre con el freno de mano echado para no arriesgarse a ninguna lesión, incluso reservó a piezas en el intermedio con la sustitución de Sarabia y de Escudero y los goles fueron cayendo casi por inercia. El cero a cinco no pudo ser más contundente, los blancos cumplen con su obligación de manera convincente y estarán en el 'play off' final para meterse en la competición donde son los reyes. Espera el Sigma Olomouc en esta atípica pretemporada cargada de partidos oficiales, pero nunca se sabe si será eso mejor o peor a la corta y también a la larga. De momento, con la inspiración ante el gol de Sarabia, la vida se ve mucho más fácil.

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