Sevilla FC La convicción colectiva y el riesgo de Koundé

Julen Lopetegui le da el parte de novedades a José Castro en el entrenamiento de ayer.

Julen Lopetegui le da el parte de novedades a José Castro en el entrenamiento de ayer. / José Ángel García

La autoconfianza se ha instalado en el Sevilla. En la plantilla se respira tranquilidad, seguridad, determinación, energía... Es lo que han venido transmitiendo los profesionales en esta larga semana que concluye en una espera más dulce que tensa antes de que llegue el primer partido después de la obtención del logro: la clasificación para jugar la Champions con cinco jornadas de antelación, casi nada.

Sobre esa seguridad y con el relax absoluto que proporciona en la conciencia el deber cumplido, y bien cumplido, el Sevilla se apresta ahora a disfrutar del fútbol sin dejar de lado que aún tiene el bendito privilegio de luchar incluso por el título de Liga, aunque jugará sabiendo que los tres que van por delante mantienen más o menos las distancias, como ya hicieron ayer Atlético de Madrid –cuántos sevillistas pendientes del partido de Elche no lamentarían el penalti al poste de Fidel– y Real Madrid y está por ver que lo logre hoy el Barcelona en Mestalla. Pero ni siquiera esto preocupa a los futbolistas del Sevilla.

Sus mensajes van por otro camino y ni siquiera el estado físico de Koundé, único futbolista que arrastra molestias y que ayer, por segundo día consecutivo, no se ejercitó con el grupo, inquieta lo más mínimo. "No hacemos ruido, pero sabemos que la posibilidad la vamos a tener", dijo Ocampos en una entrevista concedida a Diario de Sevilla. Es como una premisa en el interior del vestuario, no hacer ruido, no sacar pecho, no elevar una palabra más alta que otra. "Ir pasito a pasito sin preocuparnos de los demás", como dijo Suso. O como comentó Rakitic: "La afición puede soñar, nosotros a lo nuestro, el Athletic"... Y en eso andan la plantilla y Lopetegui, que hoy, conociendo ya los resultados de los dos primeros, no se saltará una frase de su habitual guión, en su cautela del respeto siempre al rival inmediato, y que siguen a pie juntillas casi todos sus futbolistas.

Acuña golpea el balón ante Rekik, Ocampos y el canterano José Ángel, sancionado con el Sevilla Atlético. Acuña golpea el balón ante Rekik, Ocampos y el canterano José Ángel, sancionado con el Sevilla Atlético.

Acuña golpea el balón ante Rekik, Ocampos y el canterano José Ángel, sancionado con el Sevilla Atlético. / José Ángel García

Una de las ventajas con que cuenta el Sevilla es la de la frescura mental. Después de los malísimos tragos ante el Barcelona en la semifinal de la Copa del Rey, con la posibilidad de ganar un título en el Estadio de la Cartuja, y el Borussia Dortmund, el grupo que dirige Lopetegui agradeció como agua de mayo el parón de mitad de marzo. Ahí hubo un receso general que sirvió de catarsis colectiva, un alto en medio del camino para reflexionar, detenerse, respirar hondo, coger resuello y mirar lo que quedaba por delante. Quizá ahora se comprenda lo que significó aquel gol postrero de Bono en Valladolid justo antes del parón, aquel gesto que sólo significó un punto en la clasificación pero que reforzó la moral del grupo.

Desde entonces, el Sevilla cuenta sus partidos por victorias: Atlético, Celta, Real Sociedad, Levante y Granada. Y se ha mostrado como un equipo que responde de forma diferente a las distintas circunstancias de los partidos y los rivales, sean estos de un perfil u otro; sean los encuentros abiertos o cerrados; haya tenido que levantar o aguantar resultados... Y todo parece producto de esa convicción, de esa determinación que se ha visto aumentada una vez liberado el grupo de la tensión competitiva que significaba ver cerca el objetivo de la temporada.

Ya está logrado y toda esta literatura, todas estas sensaciones, hay que pasarlas ahora al césped, hay que convertir la lírica anímica en prosa futbolística. Y ahí hay otra ventaja con la que cuenta el Sevilla de Lopetegui: tiene a todos sus efectivos en perfecto estado de revista, una vez recuperados Joan Jordán y Vaclík, salvo Koundé... La pregunta es si es tan trascendental el central galo para que esa convicción colectiva tenga su efecto en un buen rendimiento en el campo. Llega el Athletic, con su proverbial peligro aéreo y un delantero potente y veloz como Williams. He ahí la cuestión, si el Sevilla necesitará al apercibido Koundé o le bastará la convicción de su colectivo.

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