Sevilla-Barcelona | Contracrónica Messi destapa los males de la medular

  • El giro táctico de Pablo Machín fue traicionado con la entrada obligada de Amadou, Mudo y Roque Mesa, tres medios que acularon al Sevilla ante el Barça

  • Ben Yedder elogió al astro: "Hay un jugador de otro planeta que lo quería de otra manera"

Banega permanece brazos en jarra, mientras Messi celebra uno de sus goles con Jordi Alba. Banega permanece brazos en jarra, mientras Messi celebra uno de sus goles con Jordi Alba.

Banega permanece brazos en jarra, mientras Messi celebra uno de sus goles con Jordi Alba. / Antonio Pizarro

Messi se sumó al homenaje póstumo a Roberto Alés. A su manera, la del mejor futbolista que han visto unos ojos humanos. Tres golazos y una sutileza para dar a Luis Suárez el cuarto y zanjar, de paso, la sequía goleadora de su compañero. El sevillismo deseará con razón que el menudo astro azulgrana se prejubile pronto. Alguno incluso se echará las manos a la cabeza cuando, ansioso por la llegada del día de su retirada, acuda a internet y vea que todavía tiene... 31 años. Son ya tantos los goles que le ha metido al Sevilla, en tantas competiciones distintas, que se pierde la cuenta. Pero en el día del tributo obligado a Roberto Alés, de paso, descubrió las vergüenzas de una medular mal pergeñada.

Alguno prefirió tomárselo con filosofía y rendirse a la evidencia de que Messi es algo así como un extrarrestre. Es lo que hizo Ben Yedder, uno de los futbolistas clave mientras el Sevilla estuvo en pie. "En este mundo, quizás hubiéramos ganado este partido... Pero hay un jugador de otro planeta que lo quería de otra manera. Orgullosos del equipo, nunca nos rendimos. Vamos Sevilla", escribió en Twitter.

Pero lo cierto es que el mal endémico del centro del campo del Sevilla quedó en evidencia. Se podrá aducir que Amadou no jugó de mediocampista, el puesto para el que fue fichado. Y que Franco Vázquez lo está haciendo cuando en realidad es un mediapunta. Y que Roque Mesa es un híbrido que lo mismo sostiene al equipo en el puesto de Banega con solvencia ante un rival como la Lazio que se muestra incapaz, desatento y desubicado cuando el que está enfrente es Messi.

Se podrá aducir que la clave del partido fueron las lesiones de Mercado y Wöber, ayer laterales en el giro táctido ideado por Pablo Machín, un 4-3-3 según sus propias palabras, y que Marko Rog acusó el cansancio tras realizar un buen hostigamiento a Messi, después de mucho tiempo sin jugar tantos minutos. Y se podrá decir también que con un equipo en el que, ya en la segunda mitad, había más centrocampistas en el campo el Sevilla perdió el control, la pelota y el partido. Bueno, y se podrá decir que Banega, tras dos partidos descansando, no tuvo su mejor día...

Roque Mesa, por ejemplo, estuvo lentísimo en el repliegue para vigilar a Messi en la jugada del 2-2, un accidente, otro más, en la salida del balón por la impericia tanto de Vaclik, sobre todo, como de Kjaer para sacar la pelota desde atrás ante la presión del Barça. Es otro de los males de este Sevilla, que sin Wöber ya en el campo perdió al único defensa que tiene ahora mismo buena salida del balón, como demostró con sus subidas antes del descanso. Y Franco Vázquez fue una máquina de realizar malas entregas en transiciones rápidas, en contragolpes que podrían haber apuntillado al Barcelona, mientras el canario era incapaz de superar la barrera de piernas azulgranas, y Amadou se las veía y se las deseaba también para saltarse esa presión, desde el perfil de central diestro.

El resultado fue claro: sin salida, sin capacidad física para hostigar a Messi, sin precisión para hilvanar rápidos ataques como en la primera mitad, justo cuando había más centrocampistas en el campo, el Sevilla se atornilló. Y permitió que Messi, otra vez, se luciera y se uniera al tributo a Roberto Alés, desde su trinchera, a su manera.

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