Sevilla-Barcelona | Contracrónica Promes, el revulsivo de la confianza

  • Con el holandés de resorte, Pablo Machín recupera varios rasgos de identidad

  • El Sevilla se agarra a un 2-0 que da pie a la ilusión pese al temor a Messi

Piqué agarra en falta a Promes, que controla el balón de espaldas. Piqué agarra en falta a Promes, que controla el balón de espaldas.

Piqué agarra en falta a Promes, que controla el balón de espaldas. / Antonio Pizarro

La moneda del pase está en el aire. La emoción de la Copa del rey tomó forma en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El sevillismo se reencontró, por fases, con el equipo en el que venía creyendo después del pequeño bajón de juego y resultados que llegó en el calendario que rodeó al parón navideño. Las tres derrotas consecutivas, los empates fuera de casa y sobre todo la pobre imagen del Santiago Bernabéu habían dejado un velo de escepticismo sobre un equipo que despertó muchas expectativas cuando tomó el liderato de la Liga en la primera vuelta. Pero los momentos malos llegaron, como avisó Pablo Machín, y todo parecía venirse abajo. El triunfo sobre el Barcelona reabre el panorama positivo.

No es que un 2-0 sea un resultado de garantías para jugar en el Camp Nou frente a Messi, que sí estará en la vuelta. Pero el triunfo como mínimo sirvió para que el equipo de Pablo Machín recuperarse varios rasgos de la identidad que parecía haber perdido.

Cierto es que volvió a hacerlo en su feudo, un Sánchez-Pizjuán que vivió momentos de efervescencia y también instantes de fría desconfianza por la trayectoria del Sevilla, por el rival que había enfrente y, sobre todo, porque toda renta puede ser poca cuando Messi se desmelena en el Camp Nou. Y cierto es que a domicilio es donde menos señales de su identidad da el Sevilla. Pero esas señales, con una confianza que el equipo nervionense fue cobrando conforme avanzó el partido y vio que no era tan fiero el león como lo pintaban.

Para ello ayudaron varios factores y quizá el principal resorte de la confianza y con ella de la esperanza fue Quincy Promes. Qué partido cuajó nada menos que ante Piqué, el mejor central de la Liga con diferencia. Porque el holandés, en esa posición de delantero a la que parecía no acomodarse, fue un titán desde la primera parte: sus movimientos, sus ofrecimientos, sus caídas a las bandas, sus combinaciones, sus demarrajes... Sus controles de espalda, acomodando su menudo cuerpo ante el gigante culé fueron emocionantes.

Fue de justicia que fuera él quien abriera la espita de la esperanza con ese demarraje espectacular ante Piqué y su centro que convirtió en gol Sarabia. Y habría que haber visto si el Sevilla no hubiera crecido en confianza, en fe en sí mismo, si las lesiones de Sarabia y Jesús Navas no hubiesen obligado a Machín a reubicarlo en el carril derecho. Ahí se refrenó el Sevilla.

Franco Vázquez salió cuando el partido más lo pedía y su fría visión fue clave para romper al Barça por el medio en el 2-0: eslalon de Andre Silva, chut de Banega y gol de Ben Yedder. Le faltó al Sevilla un pelín más de brío y confianza para ir por el tercero. Pero ya sin Sarabia, sin Jesús Navas... con Promes en la derecha. Al menos, el Sevilla recuperó la confianza. Y que caiga la moneda como quiera.

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