Sevilla FC | Bache de juego y resultados

Crisis, con todas las letras

  • El Sevilla figura el decimoséptimo en la hipotética clasificación de 2019 tras haber sido eliminado dolorosamente de la Copa

  • El partido del miércoles, aun con ventaja de 0-1, se presenta como inesperado test

Pablo Machín, pensativo en el entrenamiento. Pablo Machín, pensativo en el entrenamiento.

Pablo Machín, pensativo en el entrenamiento. / Juan Carlos Vázquez

El Sevilla ha superado el ecuador de febrero y ya se puede hablar de una crisis de juego y resultados. Una crisis con todas las letras, no un simple pico bajo, una mala racha o un bache, como han dejado entrever los gestores, técnicos y profesionales del Sevilla. Pablo Machín no halla las soluciones para que su equipo compita a domicilio, salvo las dos islas de San Mamés, en la Copa, y el partido en Roma ante la Lazio. La Copa pasó de largo dejando el reguero de la humillante derrota en el Camp Nou. Y este miércoles se disputa la vuelta del cruce de Europa League en medio de un mar de dudas.

El bajón de juego y resultados tiene una conclusión numérica palpable y obvia. El Sevilla figuraría en el decimoséptimo puesto de la hipotética clasificación liguera entre las jornadas 18 y 24, las disputadas en 2019. Mantiene la cuarta posición gracias a que están fallando algunos de sus perseguidores, pero no todos. El Getafe, quinto en esa ilusoria tabla, ya está a dos puntos; el Alavés, decimocuarto en 2019, continúa también a dos puntos; la Real Sociedad, tercera en la tabla de este tramo, se ha situado a tres; y este sábado el Sevilla recibe al Barcelona, con lo que ya existe riesgo real de que pierda esa cómoda posición.

El Sevilla de Pablo Machín, desde su último triunfo a domicilio, el lejano 29 de septiembre en Ipurua, se ha mantenido en puestos de Champions ininterrumpidamente. Pero en estas dieciocho jornadas transcurridas desde aquel acceso al tercer puesto, y después de haber disfrutado incluso de dos lideratos, ha ido perdiendo fuelle poco a poco. Sobre todo en el tramo de las últimas diez jornadas, desde que desperdició la ocasión de ganar en Mestalla en la decimoquinta. Habiendo sumado un tercio de los puntos en juego en esas diez jornadas, de Mestalla al Estadio de la Cerámica (10 puntos de 30 en juego), el declive ha sido más pronunciado con el cambio de año.

Si ya era un aviso serio para un equipo que aspira a un puesto de Champions haber sumado sólo un tercio de los puntos de juego en los últimos diez partidos de Liga, ahora ya no hay paños calientes que poner ante una crisis que ya no es sólo de resultados, ni está tan condicionada por las lesiones. Los cinco puntos sumados de los últimos 21, los que se han disputado en 2019, ya no es una señal, sino una alarma roja encendida de forma llamativa.

En Villarreal faltó por primera vez en el equipo Banega en lo que va de año. Es decir, tampoco puede ser una excusa la ausencia por sanción del organizador del juego. Su anterior baja fue en Butarque, la víspera de Nochebuena, donde el Sevilla sacó un punto de orgullo, "un punto cualitativo", dijo Pablo Machín, pese a empezar perdiendo y sufrir la expulsión en el túnel de vestuarios, en el descanso, de Franco Vázquez. Pero aquella cualidad otorgada por el técnico al empate en Butarque fue ficticia. Con Banega y sin Banega, el Sevilla ha concatenado cuatro derrotas a domicilio, con un paupérrimo balance goleador de 8-0. Parecía que había tocado fondo en Balaídos, ante un Celta muerto, tras el desastre del Camp Nou. Pero en Villarreal, donde el técnico soriano dejó en el banquillo a Sarabia y Ben Yedder, artífices del gol en Roma, empezó a supurar en una pésima primera parte esa herida mal cerrada.

De trasfondo está el debate sobre el sistema de juego y la configuración de la plantilla. Pablo Machín se reiventó aquel mediodía en Valencia ante el Levante. Ante la falta de efectivos de la medular, optó por acompañar a Banega por delante en el eje con Sarabia y Franco Vázquez. Pero aquella salida de urgencia, haciendo de la necesidad virtud, parece haber caducado. Sobre todo cuando no concurren tres de los hombres claves: Banega, Sarabia y Ben Yedder.

El soriano sólo ha usado la defensa de cuatro, en lugar de los tres centrales, medio tiempo, ante la necesidad de remontar en casa ante el Eibar. Pero hay más. A las cualidades de unos centrales con poca velocidad de traslación e irregular salida del balón, quizá inapropiados para un sistema de 3-5-2 que requiere vigor, rapidez y valentía para adelantar la línea, se une la falta de carrileros adecuados. En Villarreal terminaron en los carriles dos mediapuntas llegadores como Promes y Sarabia…

Y la medular sólo funciona de verdad a cuentagotas y muestra sus carencias ante cualquier equipo que la apriete de verdad, que la incomode a la hora de desarrollar su juego combinativo por dentro. En 2019 apenas se pueden contabilizar algunos partidos en los que ha funcionado: a ratos ante el Atlético, en el triunfo copero en casa con el Barcelona, en Roma… Y el ataque vive de la inspiración de Sarabia y Ben Yedder, principalmente, después de que Munir y Andre Silva mostraran su cara más roma en Villarreal.

En este contexto afronta el Sevilla la cita crucial de este miércoles con la Lazio, a una hora intempestiva para que Nervión actúe como suele en las grandes noches europeas. Y tampoco estará Banega. El Sevilla afronta una semana clave en la que posteriormente recibirá al Barcelona y lo hace inmerso en una crisis. Una crisis con todas las letras.

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