Sevilla-Eibar | El sistema de Pablo Machín La épica no debe tapar el mal de fondo

  • El modelo de Pablo Machín da señales de necesitar una revisión pese al subidón que dará el empate a su equipo para la aventura en Roma

Promes, Bryan, Wöber y Sarabia celebran el 2-2 mientras Asier Riesgo se lamenta. Promes, Bryan, Wöber y Sarabia celebran el 2-2 mientras Asier Riesgo se lamenta.

Promes, Bryan, Wöber y Sarabia celebran el 2-2 mientras Asier Riesgo se lamenta. / Antonio Pizarro

Tras una semana de recapitulación, sin partido en medio, de recuperación de energías, de reconocimiento de errores de forma interna, el Sevilla ofreció a sus aficionados dos caras bien distintas de lo que puede dar. El hincha que quedaba en el estadio, puesto que una buena parte ya lo había abandonado con 0-2 y la expulsión de Banega en el minuto 84, vivió una de esas cosas que hacen del fútbol un deporte único y distinto. Emoción, vibración, comunión, éxtasis... aunque fuera un simple empate en el fortín de Nervión. El Ramón Sánchez-Pizjuán sí que fue talismán esta vez, pues en otro escenario habría sido imposible el milagro del 2-2 final. Pero la épica no debe tapar los males.

El Sevilla tiene un mal de fondo. Quizá en esas conversaciones internas con su plantilla Pablo Machín haya detectado algunos de los factores de ese mal que ha provocado el bache del principio de año. Se habla mucho de los 42 partidos oficiales ya con el de ayer que ha jugado el Sevilla desde el 26 de julio. Sin que sirva de excusa, repite Machín, es un hecho incuestionable que el núcleo del equipo tiene una carga importantísima de partidos en sus piernas, y eso debe notarse de algún modo. ¿Puede ser también que los rivales le hayan cogido la medida a este Sevilla reiventado aquel mediodía con el Levante?

Parece que el modelo de Pablo Machín necesita una revisión, por ese cúmulo de razones que ni siquiera él atinaba a explicar desde una lógica racional más allá de los distintos momentos y dinámicas que ofrecen los equipos y el azaroso fútbol. Pero hay factores claros: una medular reconstruida haciendo de la necesidad virtud sobre la calidad de algunos de sus futbolistas más talentosos; una defensa cogida con alfileres, con una mejorable salida aseada del balón y sin ningún lateral específico en buen estado de forma, ninguno; con refuerzos que apenas lo son aún...; y con el propio Machín reinventándose hasta el punto de usar por primera vez, quizá en su carrera, la defensa de cuatro; los graves defectos de la estrategia, otrora una de las armas más fiables de Machín; los delanteros que le han dado tantos goles fallando ocasiones claras, tanto Andre Silva como Ben Yedder o Sarabia, artífices éstos finalmente de la igualada...

El entrenador soriano no ha podido enmendar esas correcciones necesarias en la semana previa al partido con el Eibar, pese a que ya se sabía qué problemas iba a dar el equipo de Mendilibar. Pero se queda con un mensaje claro: el espíritu del equipo, la capacidad de rebeldía, la épica del corazón sobre la cabeza... El empujón anímico es importantísimo, visto lo visto, para la aventura de Roma. Pero el mal de fondo está ahí. ¿Y si debe darle más rienda suelta al corazón sobre la cabeza?

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