Sevilla FC | La derrota en Krasnodar

Qué difícil es subir a ese carro...

  • Pablo Machín intentó implicar a cinco futbolistas de una tacada, pero apenas Gnagnon devolvió la confianza

  • Mal juego de piezas... e incluso peor de dibujos: ni funcionó el 3-5-2 ni la vuelta al 3-4-3

Banega, Gnagnon y Vaclik, brazos en jarra, tras encajar uno de los goles. Banega, Gnagnon y Vaclik, brazos en jarra, tras encajar uno de los goles.

Banega, Gnagnon y Vaclik, brazos en jarra, tras encajar uno de los goles. / Dimitri Ivanov (Krasnodar)

La plantilla del Sevilla es corta. Pablo Machín le echó un cable a Joaquín Caparrós cuando dijo que las lesiones estaban mermando a una plantilla escasa de efectivos ideada, de forma consensuada, para que todos tengan protagonismo. Y la ruptura de la racha de victorias del Sevilla ha coincidido con la rotación de cinco jugadores que necesitaban ese protagonismo, tanto como oxígeno el once base. Sería muy simple culpar del traspié ruso a esa abrupta inclusión de cinco menesterosos. Hay otras lecturas. Pero es evidente que, en este Sevilla, rotar no es igual que competir.

"Cuando más jugadores habituales había es cuando han ganado ellos", aseguró Machín. No falta a la verdad, pero tampoco debería caer el soriano, siempre atinado en su discurso, en una media verdad de autocomplacencia. Aunque más bien parece una afirmación en defensa del grupo.

La primera parte del Sevilla en Krasnodar fue mala. Los postes y la fortuna se aliaron con el once experimental para ponerse 0-1, en un golpe de fortuna derivado de una jugada de estrategia. El Sevilla mandaba en el marcador sin mandar en el partido, entre otras cosas porque, a excepción de Gnagnon, el fichaje más controvertido, los otros cuatro jugadores que quisieron subirse al carro no respondieron, así de simple. Quizá porque cuando un carro va en marcha no sea lo más apropiado que los pasajeros que van tarde deban subirse todos a la vez: el veloz carro puede colapsar.

Que la plantilla es corta, más allá de las lesiones, quedó una vez más en evidencia

Paradójicamente, el Krasnodar remontó cuando Machín ya había introducido a tres de los titularísimos de esa racha triunfal: Andre Silva, Franco Vázquez y Ben Yedder. Pero ni el posicionamiento fue el habitual, ni la lectura y la variación de los dibujos, otras veces bien adaptadas a las necesidades del partido, fueron idóneas.

Roque Mesa fue una máquina de perder balones como medio centro, en la primera parte, sobre el dibujo de 3-5-2 de los últimos encuentros. Y tampoco se agarró al partido en la segunda, cuando Banega adelantó unos metros para dirigir los ataques. Ya con Andre Silva en el campo y con la vuelta al fallido 3-4-3, ni Nolito por la derecha, tras empezar en la posición de interior del Mudo, ni Quincy Promes por la izquierda, luego de haber sido casi la referencia atacante ante la ausencia de Muriel, ayudaron al luso a ofrecerse como ese delantero organizador que tantas expectativas ha levantado.

Quincy Promes, que empezó como segundo punta, actuó de referencia y terminó de extremo izquierdo, decepcionó

Curiosamente, el Sevilla perdió por dos errores de dos de sus hombres clave. Una pésima lectura del posicionamiento de Banega, en el carril habitual del Mudo, fue aprovechada por Pereyra para abrir al Sevilla en canal por la medular. Y una falta evitable de Franco Vázquez, fuera del sitio en el que tan bien venía rindiendo, propició el golazo de Okriashvili.

Por simplificar: Nolito no puede hacer de Mudo ni Muriel de Andre Silva; Quincy Promes no es delantero de referencia y tampoco rompió en su sitio natural; y Roque Mesa no mejoró ni cuando Machín lo dejó como medio ancla y liberó a Banega. Pero, sobre todo, es peligroso jugar en Rusia pensando en la Liga. El Sevilla, aun con los cambios y con algo de fortuna, tuvo el partido en su mano y lo regaló. Tan simple como esas simplificaciones que no son justas con la realidad del fútbol. Tan simple como que no se debe tocar lo que funciona, aunque no tengas más remedio que hacerlo porque la plantilla es muy corta.

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