Sevilla-Espanyol | La contracrónica

Un ratón se cuela entre las dos torres

  • Ben Yedder irrumpió triunfador en un vibrante partido para dirimir el duelo de Andre Silva, protagonista secundario de la victoria, con Borja Iglesias, que igualó con siete goles al luso en el cómputo global de la Liga

Ben Yedder se dirige a la grada tras marcar el 2-1 con Mercado, autor del 1-1, y Andre Silva. Ben Yedder se dirige a la grada tras marcar el 2-1 con Mercado, autor del 1-1, y Andre Silva.

Ben Yedder se dirige a la grada tras marcar el 2-1 con Mercado, autor del 1-1, y Andre Silva. / Antonio Pizarro

El Sevilla es segundo en la clasificación en la jornada duodécima, a un punto del Barcelona, gracias a Ben Yedder. Quizá sea exagerada esta afirmación, pero responde a la realidad de que fue el único jugador capaz de deshacer la igualdad de un partido vibrante, abierto, roto por momentos, en el que entró el francés en el momento oportuno para decantarlo. El delantero francotunecino dirimió el duelo entre las dos torres llamadas a echar el pulso de los goleadores. Borja Iglesias cumplió y ya iguala con siete a Andre Silva en la tabla de artilleros.

Ben Yedder volvió a aparecer de forma inesperada, respondiendo con el gol del triunfo, un remate de terciopelo que tumbó a la torre que parecía más invulnerable, un Diego López impresionante que le hizo el primer paradón de la noche a Andre Silva en el minuto 24, al despejar junto al larguero un cabezazo combado con marchamo de gol a centro de Escudero. Fue la mejor acción de Andre Silva quizá en toda la tarde-noche, no la más decisiva. Posteriormente Diego López le sacó otro remate de media vuelta al tapar rapidísimo su incursión en el área. Luego se fue desquiciando en los remates. Falló un par de ellos de cabeza a centros pasados algo forzados. Y uno claro con el pie. No tuvo en Promes la pareja de baile ideal con la que descerrajar a una defensa tan pétrea, tan bien cohesionada como la del Espanyol.

Enfrente estaba Borja Iglesias, el delantero de moda en España por esa racha de seis goles en las últimas cinco jornadas, que llegaba a Sevilla amenazante, con su esbelta figura y su perfil de personaje de película de miedo. Esas cuencas profundas y esa barba rala casi meten miedo a la zaga sevillista, que se venció a la amenaza tras varios intentos baldíos. Una buena acción de Sergio García con percusión de Darder por la izquierda sirvió para que el zagalón hiciera el 0-1. La roca de Rubi había encontrado su tesoro y se aprestaba a guardarlo.

Andre Silva y Borja Iglesias son dos delanteros altos, 1,84 el luso y 1,87 el gallego, pero de muy distintas características. El fútbol del portugués es más dulzón, más de combinación y ofrecimiento. Borja Iglesias tiene poco de la dulzura gallega: es un pegador que también sabe jugar de espaldas. Al primero lo fichó el Sevilla como cedido y cayó de pie en Nervión, hasta el punto de que gran parte de la hinchada pide ya el pago de la cláusula de compra firmada con el Milan, de cerca de 40 millones de euros. Una barbaridad. Le queda algo que demostrar aún.

Sin embargo, Andre Silva también fue protagonista secundario del triunfo. Estuvo en los dos goles sevillistas. En el 1-1 arrastró al primer palo a Borja Iglesias y a Dídac. Y en el segundo, rebañó tirándose al suelo un balón perdido para dárselo a Banega, artífice del pase a Ben Yedder para la explosión del 2-1. Ahí sí fue determinante el luso, por su empeño en un balón que parecía perdido.

A Borja Iglesias lo quiso Monchi mediada la temporada 16-17, cuando se lesionó Carlos Fernández. Pero el Celta no lo quiso soltar ni cuando, ya en verano, ofertó por él el Barcelona. Lo cedió al Zaragoza tras una gran temporada en el Celta B y, en cambio, este verano sí lo traspasó por 10 millones de euros. Maxi Gómez y Iago Aspas le cerraron el camino.

Ben Yedder (1,70) es una pieza menor de mercado. Casi ningún técnico lo quiso en Nervión. A la fuerza convenció a Sampaoli y a Montella. Y Machín le envió varios mensajes antes de encontrar la fórmula de situarlo junto a Andre Silva. Ayer, al final, el luso sí terminó siendo decisivo. Brindó a Ben Yedder la ocasión de otra gran reivindicación: seis goles lleva ya en la Liga, a la zaga de las torres. El ratón, por sorpresa, sí supo roer la roca de Rubi.

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