El partido del Sevilla FC | Análisis

La inacción de Lopetegui antecedió a los regalos

  • No hubo respuesta táctica cuando Mendilibar movió ficha con Escalante, De Blasis y el paso adelante

El chileno Orellana remata ante Joan Jordán. El chileno Orellana remata ante Joan Jordán.

El chileno Orellana remata ante Joan Jordán. / Miguel Toña / Efe

Difícil recordar un suicidio similar al del Sevilla en Ipurua. Koundé cambió el rumbo del partido por su triple fallo en una sola jugada –pérdida en pase arriesgado, despeje al aire y metedura de pata en el penalti a Orellana–, Vaclik y en menor medida Diego Carlos lo empeoraron por su falta de entendimiento y el broche llegó por esa barrera de dos hombres en el 3-2, pero en el vuelco del partido también tuvo mucho que ver la falta de reacción de los blancos, principalmente de Lopetegui, cuando su equipo se quedó sin salida y el Eibar lo fue atornillando atrás de forma gradual. El preparador sevillista tiene un partido metido en su cabeza y le cuesta maniobrar luego cuando hay que tomar decisiones sobre la marcha. Tan bien le salió ese plan en la primera parte...

Defensa

Un aspecto del juego defensivo que hay que manejar muy bien en Ipurua es la presión de los armeros tras el rechace de un balón largo. Y ahí, los de blanco fueron muy fiables en la primera parte. Tanto por la orientación de los despejes, como por el manejo de los centrocampistas a la hora de recibir de espaldas y salir del apuro con buenas líneas de pase.

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Pero todo empezó a virar cuando Mendilibar detectó en el tramo final de la primera parte que la zona blanda del Sevilla estaba a la espalda de Escudero. Metió por la derecha a De Blasis, que entró por Ramis, reubicó a Arbilla como central –aun con amarilla echó del partido a Munir a porrazos– y como Escalante ya había equilibrado la batalla en la medular al relevar a un inoperante Inui, el Eibar empezó a ganar metros. En esa fase, el Sevilla debió responder con alguna salida desde atrás que intimidara al rival. No lo hizo y, de tanto percutir el Eibar, Carriço se rompió. Y con él, toda la defensa.

Ataque

El plan ofensivo duró 45 minutos. Fueron imponentes, eso sí. Defensas y medios tocaron en corto invitando al Eibar a salir. Y con el timing perfecto para lanzar luego al espacio a Ocampos, Munir u Óliver, el peligro llegó una y otra vez. Tras el descanso, Fernando y sobre todo Banega perdieron mucho gas, Lopetegui no movió ficha y cuando quiso hacerlo, la zaga había claudicado.

Virtudes

Magistral su forma de cazar al Eibar invitándolo a salir.

Talón de Aquiles

Demencial su forma de regalar el partido con fallos por doquier.

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