Desde mi córner
  • La segunda amarilla del argentino volvió del revés un partido que manejaba el Sevilla

La noche la ennegreció Ocampos

NOCHE triste en Nervión, muy triste tras haber saboreado la posibilidad de convertir este choque con el PSV en la catarsis para un cambio de rumbo. Fueron dos partidos en una sola tacada con el ecuador situado en la segunda amarilla a Ocampos, que pagó muy caro sus excesos temperamentales. Ocurría eso en el minuto 66, ganaba el Sevilla por dos a cero en lo que podía atisbarse como un reencuentro consigo mismo, pero...

Hasta ese momento sólo existía el Sevilla en la yerba rápida de Nervión gracias, sobre todo, a un gran sentido de la anticipación que le permitía salir con bien de la mayoría de los duelos. Sobre todo, el segundo gol en contra excepcional Acuña-En Nesyri parecía darle el pase de la firma a este partido abriendo la puerta de continuar en Champions, pero esa protesta seguida de entrada extemporánea mandaba a Ocampos a la calle y al Sevilla a buscarse la vida en inferioridad.

Para colmo, una genialidad del recién salido Saibari despertaba todos los fantasmas que de un tiempo a esta parte vivaquean en Nervión. Demasiado poco había tardado en llegar el gol que acortaba distancias en el marcador y para colmo, gol en propia meta de Gudelj para que la cosa no fuera de irrealidades fantasmales sino de la cara más cruda del fútbol. Diego Alonso removió el equipo con relevos masivos, pero la suerte estaba echada y ya había quienes firmaban el empate.

El empate dejaba un resquicio para la esperanza, pero los tiempos son los que son, al Sevilla lo han convertido en algo irreconocible y en el alargue llegaba la puntilla con testarazo inapelable del recién salido Ricardo Pepi. Todo se había consumado, el Sevilla continúa sin saber a qué sabe ganar de la mano de Diego Alonso, Europa se ve ya utópica y lo inminente se llama Villarreal, otro en horas bajas que pinta estar cercano a la reacción de la mano de Marcelino. Vamos a ver.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios