Osasuna-Sevilla: Una realidad suplantada
Osasuna-Sevilla | La previa
Inquietante visita a El Sadar de un Sevilla en espiral de insatisfacción pese a la reacción en la Liga
El empate ante el Lens pone ya la lupa en Mendilibar, que pierde por primera vez a Sergio Ramos
Mendilibar: "Yo estoy tranquilo; no creo que se haya olvidado todo"
No se podía esperar menos. En el fútbol la paciencia no cotiza, sencillamente no existe. En el sevillismo menos aún. No es José Luis Mendilibar el primer entrenador que llega del norte y se sorprende de la facilidad con la que se pasa de la euforia a la depresión, del pedestal al borde del precipicio. Los que exigían la renovación del de Zaldívar en mayo son los que ahora piden su cabeza. Así de sencillo.
Discutir si el comité de dirección se precipitó al levantar el dedo ante la petición de la turba en la fiesta de la séptima Europa League sobra ahora, aunque no decía mucho de la seriedad del proyecto que se estaba armando. El resto ya lo conocemos: Monchi salió huyendo, Mendilibar se quedaba y el siguiente paso adelante –a ver quién niega que a la desesperada– fue el fichaje de Sergio Ramos, que hoy precisamente se pierde su primer partido por lesión a menos de una semana de su debut.
El Sevilla vive de este tipo de tormentas. La onda expansiva del regreso del ex madridista significó que varias paletadas de arena cayeran sobre el peor inicio liguero de la historia del club con dos semanas sin nada más de que hablar.
Con la capacidad de machacarse los dedos ella misma, la afición del Sevilla ya le discute a Mendilibar el discurso por delante de sus resultados. Con comentarios de texto a sus palabras, el hombre alucina con las preguntas que escucha en sus comparecencias de prensa. Y ya bastante tiene con lo que tiene.
El técnico vasco, consciente de que no encuentra el Sevilla que dejó en mayo, trabaja honradamente y siendo legal y atento más de lo que puede con todo el mundo –igualito que su antecesor–, pero no encuentra ayuda por ningún lado. El triunfo ante Las Palmas debía ser una ayuda, pero el entorno es tan dañino que puede convertir el olvido en un arte de maquiavélica suplantación de la realidad. El Sevilla, con un partido menos, no sólo abandonó el farolillo rojo la pasada jornada, sino que salió de la zona de descenso. El que no se consuela es porque no quiere.
Sin referente
Sergio Ramos, con una sobrecarga, se pierde su primer partido por lesión a menos de una semana de su debut
Marejada
El vestuario debe convivir ya con los nervios de un entorno que acaba calando en las decisiones del club
Mendilibar se reencuentra en Pamplona con la fuente del que bebió su fútbol y a la que este Sevilla de los bandazos le hace extraños guiños. No olvidemos el intento con Braulio Vázquez para mal tapar el agujero dejado por Monchi y todo lo que vino después.
Mendilibar es el primero que sabe que su equipo no está fino, entre otras cosas porque mientras los demás se dedican sólo a opinar y sentenciar, él está diariamente entrenando y buscando soluciones con sus jugadores. No hay duda de que su fútbol necesita una vuelta de tuerca, pero si el tiempo discurre a un ritmo contra natura la realidad ofrecerá una imagen distorsionada, lo que, como siempre, derivará en una peligrosa esquizofrenia que hará repetir momentos vividos no hace mucho tiempo.
A duras penas se ha superado la mitad de los dos meses de gracia que tuvo a bien el sevillismo (afición y club) de respetar a Lopetegui. Cuidado con pasarse otra vez de frenada...
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