El análisis del Sevilla-Athletic

Sin ritmo ni apreturas, el Sevilla respira

  • La tibia actitud del Athletic facilitó que Amadou, Rog y Gnagnon estuvieran cómodos y mandaran 

Los sevillistas Jesús Navas y Bryan Gil, ante Ibai Gómez en la banda derecha. Los sevillistas Jesús Navas y Bryan Gil, ante Ibai Gómez en la banda derecha.

Los sevillistas Jesús Navas y Bryan Gil, ante Ibai Gómez en la banda derecha. / Antonio Pizarro

Gaizka Garitano, que ha realizado un fantástico trabajo desde que tomó el relevo de Eduardo Berizzo al frente del Athletic Club, hasta el punto de sacarlo del purgatorio y llevarlo a las puertas del paraíso, optó en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán por una actitud un tanto tibia, a verlas venir y asegurar el cero en su portería. Y este Sevilla que ha puesto en subasta el cuarto puesto de la Liga, finalmente adquirido por el Valencia, agradece sobremanera que el de enfrente no lo hostigue. Y más a estas alturas de la temporada, con las reservas de carburante casi agotadas. Los sevillistas no se distinguen actualmente por la calidad física de sus jugadores. Y si encima acumulan en sus piernas y pulmones más esfuerzos que ninguno de sus contrincantes por empezar a competir a finales de julio, concederle un respiro, aliviarlo al descartar la presión y un alto ritmo de balón, es abrirle la puerta. Y los de blanco se colaron.

Defensa

Si Iñaki Williams fue un diablo en el partido de la primera vuelta en Bilbao, esta vez fue una inofensiva sombra de sí mismo. Ese contraste viene a plasmar la diferencia entre los leones en su cueva del Bocho y lo que dieron de sí en una tarde sevillana con los mercurios más aplacados. Hizo calor, sí, pero no como para jugar con el freno de mano echado.

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El Athletic no acudió a buscar al Sevilla a terrenos adelantados. Otra historia fue la rudeza de Dani García o Raúl García en los choques, pero en el juego colectivo los vascos desprendieron una tibieza que agradecieron Amadou y Rog en la zona ancha. Y Kjaer y Mercado más atrás.

Ya con 1-0 y el Espanyol ganando, los vascos se vieron obligados a exponer todo lo posible. Pero su ímpetu se quedó a medias. No parecía que se jugaran lo que se jugaban. Todo fueron balones colgados al área, donde emergieron Kjaer y Mercado para agigantarse. Ni Gnagnon, improvisado pivote, se apuró. Porque no hubo hilazón por abajo de los vizcaínos. Ni Muniain, ni Beñat, ni Ibai.

Ataque

El césped estaba seco, la pelota apenas rodaba. Y quién sabe si era un plan preconcebido, vistas las escasísimas energías de los sevillistas en los estertores de este irregular curso. Entre eso y que el Athletic apenas se destapó de salida, todo confluyó en un fútbol pastoso, monocorde, que sólo salió de la atonía cuando Jesús Navas se animaba al desdoblarse en una galopada y conectaba con Aleix Vidal, quien está lejos de ser el que fue, pero tiene capacidad para asociarse en corto desde la esquina derecha. Ahí halló un resquicio el Sevilla y se gestó el primer gol.

Luego, a la contra, Ben Yedder erró demasiados controles y pases y costó salir.

Virtudes

Dignidad absoluta para ir a por la victoria.

Talón de Aquiles

Ritmo cansino. Energía justita.

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