¿Por qué nos emocionan tanto las luces de Navidad? Luis Quevedo, divulgador científico, responde: "No es solo estética, es neurociencia pura"
Luis Quevedo, divulgador científico, explica el efecto de las luces de Navidad en nuestro cerebro: "Activan zonas ligadas a la emoción"
Taller gratuito de decoración de mesas navideñas, Pop-Up Market y mucho más esta Navidad en Torre Sevilla: toda la programación
Llega la Navidad y, con ella, miles de calles se iluminan por todo el país. Ese conjunto de luces brillantes y colores festivos no solo decoran nuestro entorno: también parecen despertar emociones que nos llenan de nostalgia, alegría y asombro. Pero ¿qué hay detrás de esta fascinación universal por los alumbrados navideños? Según el divulgador científico Luis Quevedo, no se trata solo de estética o de tradiciones, "es neurociencia pura".
Así lo explica en su perfil de Instagram (@luis_quevedo), donde muestra el árbol central de la Navidad en Vigo. Para ello, se vale de estudios científicos y una realidad que, como podemos observar, trasciende las fronteras del simple placer visual. "¿Por qué nos gustan tanto?", se plantea. "Más allá de lo bonito, de lo festivo... la ciencia tiene algunas respuestas que pueden ser claras y hasta fascinantes".
¿Por qué nos emocionan tanto las luces de Navidad?
Luis Quevedo, biotecnólogo de formación y especializado en comunicación científica, muestra diferentes enfoques y todos ellos conducen a la magia que se respira en el ambiente al pasear por las calles iluminadas. "Cuando vemos las luces navideñas, nuestro cerebro libera dopamina y serotonina, dos neurotransmisores clave en la sensación de bienestar. Literalmente, es un chute químico para sentirse bien; especialmente valioso en meses oscuros y lluviosos, como los del invierno", explica.
Se refiere entonces a "una miniterapia de luz", puesto que "ayuda a compensar la falta de exposición solar y a mejorar el estado de ánimo". Eso sí, "no son lámparas solares", puntualiza. "Las luces también activan recuerdos, olores, cenas familiares, navidades pasadas, episodios maravillosos... Ese combo de memoria y emoción es lo que muchos científicos llaman la memoria autobiográfica emocional y refuerza la sensación de pertenencia y confort". Es por ese motivo que una simple calle iluminada puede hacernos sonreír casi sin darnos cuenta.
Las luces de Navidad liberan dopamina, una hormona de la felicidad
Fue en 1882 cuando Edward Johnson, un inventor estadounidense asociado a Thomas Edison, trajo al mundo las primeras luces de Navidad. Desde entonces, se han ido asentando en nuestras vidas hasta convertirse en un clásico de las festividades propias de esta época del año. Y no son pocos los autores que han investigado su influjo en nuestra percepción del espacio.
"Crean un cambio neurológico que puede provocar felicidad", aseguró Deborah Serani, psicóloga y escritora, además de catedrática en la Universidad Adelphy de Nueva York, al programa de televisión estadounidense The Today Show. "Creo que cualquier cosa que nos saque de nuestros hábitos normales, del día a día corriente... se relaciona con nuestros sentidos; y nuestros sentidos evalúan si es agradable o no. La decoración navideña estimula rápidamente la liberación de dopamina, una hormona de la felicidad".
"La ciencia del 'espíritu navideño'... existe", prosigue el divulgador científico. En este sentido, recuerda algunos estudios de neuroimagen con resonancia funcional, según los cuales, cuando una persona que celebra la Navidad ve estímulos navideños (incluidas las luces), "se activan zonas del cerebro asociadas a la emoción y a la pertenencia". En cualquier caso, "sea por química, por memoria o por evolución, es una cosa preciosa", concluye Quevedo.
No hay comentarios