El Vall d'Hebron realiza el primer trasplante de cara del mundo con una donante que recibió la eutanasia

El proceso, "muy difícil y muy complejo", requiere la intervención de más de 100 profesionales

Andalucía alcanza un máximo histórico en donación de órganos y tejidos con 875 donantes en 2025

El equipo médico y la paciente que recibió el trasplante, durante la rueda de prensa en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona.
El equipo médico y la paciente que recibió el trasplante, durante la rueda de prensa en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona. / David Zorrakino (EP)

La directora asistencial del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, Maria José Abadías, ha explicado este lunes que el centro ha realizado "el primer trasplante de cara del mundo" con la donación de una persona que había recibido la Prestación de ayuda para morir (Pram), conocida como eutanasia.

Lo ha explicado en una rueda de prensa junto a la receptora del trasplante parcial de cara, Carme, y en la que Abadías ha detallado que se trata del sexto trasplante facial realizado en España -tres de ellos en el Vall d'Hebron- y el número 54 en todo el mundo.

El coordinador de programas de Donación y Trasplantes del Vall d'Hebron, Alberto Sandiumenge, ha precisado que se trata de un procedimiento "muy difícil y muy complejo" y que, en este caso, se ha requerido la participación de más de 100 personas y muchos meses de reuniones.

Planificación 3D

El jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados, Joan-Pere Barret, ha explicado que se trata del primer trasplante de cara con planificación 3D con guías de corte de la receptora y la donante simultáneamente, lo que ha sido posible gracias a que esta última iba a recibir la eutanasia, lo que permitió planificar con antelación y detalle el trasplante y crear los modelos tridimensionales.

También ha sido el primer trasplante de cara del mundo con control contínuo neurofisiológico con el Servicio de Neurofisiología Clínica; el primero con control de perfusión intraoperatorio con fluorescencia NIR (Near-Infrared) con el sistema SPY-PHI, y el primero de cara en el mundo con control posoperatorio de oximetría somática regional con infrarrojos.

La receptora

Carme se encontraba de vacaciones en Canarias en julio de 2024 cuando la picadura de un insecto le provocó una infección, tras la que desarrolló una sepsis que hizo que tuviera que "luchar por su vida" durante dos meses y que, a su vez, terminó en necrosis en varios tejidos del cuerpo, entre los cuales la cara, la boca, la lengua y varios músculos faciales.

En diciembre de 2024, la paciente acudió al Hospital Vall d'Hebron, donde Barret le planteó varias opciones, entre las cuales estaba el trasplante de cara, por la que Carme optó, y se iniciaron los trámites para poder realizar la operación.

La donante

En el decurso de este proceso, una paciente del hospital solicitó la eutanasia por problemas genéticos, "para no dejar que fuese la enfermedad que decidiera por ella", y quiso dar, entre otros órganos, la cara, si era oportuno.

Barret ha explicado que él y su equipo conocieron a la donante: "Os podéis imaginar que no puede haber palabras para expresar la intensidad emocional y magnitud del momento. Lo único que quería saber la paciente era si podía donar la cara. Y la respuesta, obviamente, era positiva".

El médico ha subrayado la generosidad y altruismo de la paciente, así como ha alabado la tarea del equipo de coordinación de Trasplantes, que hacen una tarea diaria "silenciosa y anónima", dando confort a quienes recibirán la eutanasia y a sus familias y dando vida a los que están esperando trasplantes.

Antes y después

Carme ha explicado que, antes del trasplante, pasó por tres UCIs; cuando salió, la necrosis se le había "comida media cara", no podía comer, no respiraba bien y no podía hacer vida normal, ni salir a tomar un café.

Cuatro meses y medio después del trasplante, y habiendo pasado un mes entre UCI y Planta de la Unidad de Quemados, Carme ya tiene sensibilidad en toda la zona trasplantada y explica que lo nota todo, y que ya puede comer y beber: "Es perfecto".

La receptora, que ahora hace periódicamente ejercicios de rehabilitación, ha expresado su agradecimiento a la donante -a quien, en cumplimiento de la ley, no conoció-, y especialmente al equipo de Vall d'Hebron y a Barret: "El doctor es mi ángel de la guarda".

El procedimiento

El procedimiento, que sólo se realiza en unos 20 centros en todo el mundo, requiere la participación de profesionales de la Cirugía Plástica y Microcirugía reparadora, Trasplante, Inmunología, Laboratorios, Psiquiatría y Psicología Clínica, Rehabilitación, Unidad de Cuidados Intensivos y Anatomía Patológica, entre otros.

Donante y receptor deben compartir sexo y grupo sanguíneo y presentar unas medidas antropomórficas de la cabeza similares, y el trasplante se realiza sólo tras una valoración del receptor que incluye una entrevista con una persona referente "de su máxima confianza".

En este caso, antes de la intervención se realizaron TACs a la donante y la receptora, algo que fue posible al tratarse de alguien que iba a recibir la eutanasia y que ya sabía que iba a donar; a partir de ahí, se realizaron modelos tridimensionales digitales y una máscara de silicona para aplicar a la zona facial de la donante, reconstruyendo la zona intervenida.

La operación, que puede durar entre 15 y 24 horas, incluye trasplantes de piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y huesos de la cara, entre otros, e incluye apoyo emocional y psicológico en el postrasplante.

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