Turismo responsable en el Parque Natural Cabo de Gata–Níjar: entre la conservación y el desarrollo

Anuario de Turismo 2026

La acusada estacionalidad del turismo tensiona los ecosistemas y añade complejidad a la gobernanza multinivel del espacio protegido

Cabo de Gata.
Cabo de Gata.
Diego Valera
- Presidente de la Junta Rectora del P.N. Cabo de Gata–Níjar

20 de enero 2026 - 20:01

El Parque Natural Cabo de Gata–Níjar no es solo un paraje de belleza excepcional. Es, desde una perspectiva académica, un laboratorio vivo donde se manifiesta con nitidez el dilema contemporáneo entre conservación de la geo y biodiversidad, y el uso público. La acusada estacionalidad del turismo tensiona los ecosistemas marino y terrestre, y añade complejidad a la gobernanza multinivel del espacio protegido. Es necesario el desarrollo de líneas de acción para un modelo de turismo responsable, orientado a la desestacionalización, la diversificación de la oferta, la educación ambiental y el refuerzo de la ordenación y vigilancia.

No es un espacio protegido más, acumula un paquete excepcional de reconocimientos y figuras de protección, tanto terrestres como marinas: Reserva de la Biosfera, Geoparque Mundial de la UNESCO, Zona de Especial Conservación (UE), Zona de Especial Protección de Importancia para el Mediterráneo (NACIONES UNIDAS), entre otras. Un espacio con este nivel no puede gestionarse con la lógica de temporada alta, necesita un modelo de visita compatible con la conservación, que deslocalice, limite los usos de alto impacto y refuerce una economía local basada en la calidad y la continuidad.

La Junta Rectora promueve procesos participativos para la ordenación progresiva de las actividades que acoge el Parque, buscando la compatibilización sostenible de las actividades y la conservación de los recursos ecológicos, geológicos y paisajísticos. Es un espacio plural de búsqueda constante del consenso, para compatibilizar conservación y desarrollo local. En este marco se trabaja para la necesaria ordenación y regulación. Un ejemplo claro es la reciente aprobación de los objetivos de gestión para 2026, entre ellos la prohibición de motos de agua en la franja marina del espacio protegido y la continuidad del balizamiento estival.

El modelo de turismo en espacios protegidos debe ser soportable a largo plazo, viable económicamente y equitativo socialmente para las comunidades locales, conforme a la Carta Europea de Turismo Sostenible y al Código Ético mundial para el Turismo. En el plano jurídico, el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) y el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), establecen criterios de gestión para descongestionar zonas críticas, adecuar la intensidad de uso a la capacidad de carga del espacio, orientar el uso público hacia la calidad y educación ambiental, y regular actividades de turismo activo y ecoturismo. En todo caso, el principio de precaución y el de prevención, inspiran la regulación en espacios vulnerables.

La máxima intensidad de actividades turísticas coincide con los meses centrales del verano, tensionando los límites de la resiliencia de nuestros ecosistemas y poniendo en riesgo los servicios ecosistémicos que nos brinda el Parque. Determinadas actividades generan impactos sobre ecosistemas frágiles y externalidades negativas que afectan tanto al medio natural como a la calidad de vida local. En este sentido, la Junta Rectora ha desplegado medidas graduales y participadas para ordenar la actividad. Entre ellas, zonas excepcionales de varado, sistemas de balizamiento estival, limitación y calendario de eventos deportivos, regulación específica de buceo y, para 2026, la prohibición del uso de motos de agua. Esta decisión se alinea con el mandato del PORN y constituye un hito en la protección del litoral.

Reducir la estacionalidad es el eje central para la sostenibilidad ecológica y social del territorio. Requiere diversificar y desplazar la demanda mediante productos y experiencias vinculadas al conocimiento y a la interpretación del patrimonio natural y cultural. De este modo, es necesario potenciar el ecoturismo todo el año, así como el turismo científico y de aprendizaje. Además, para hacer crecer la economía local y mejorar la aceptación social del turismo, debemos poner en valor el patrimonio etnográfico, la pesca artesanal, artesanía, gastronomía y la marca Parque Natural.

Sin duda, el trabajo participativo de la Comisión de Socioeconomía y Turismo de la Junta Rectora, de las entidades y empresas que operan con criterios de calidad y responsabilidad en el espacio protegido, garantiza la participación plural, técnica y de búsqueda constante de soluciones de consenso para compatibilizar conservación y desarrollo local.

El turismo no es antagónico a la conservación, puede ser su aliado si se gestiona con rigor, conocimiento y participación. La prohibición de las motos de agua, la continuidad del balizamiento, la ordenación de accesos y eventos deportivos, y la regulación del turismo activo, son pasos necesarios para reducir la presión estival y proteger los valores que hacen única a esta joya de Almería. Pero el éxito a medio plazo dependerá de que instituciones, empresas y visitantes asuman una responsabilidad compartida; desestacionalizar, educar, cumplir las normas y reconocer que la conservación es la garantía del atractivo y del bienestar de la comunidad.

Y, junto a ello, no podemos obviar que la sostenibilidad también exige entornos seguros y libres de amenazas sociales. Redoblar esfuerzos para erradicar la lacra del narcotráfico y el tráfico de seres humanos en nuestras costas, es una tarea ineludible, porque la protección del patrimonio natural debe ir de la mano de la defensa de la dignidad humana y la legalidad.

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