Participante estelar

Esperanza Aguirre "no chufla" en 'Pasapalabra'

  • La ex presidenta madrileña ha ido de menos a más, comenzando muy agarrotada, en el concurso de Christian Gálvez.  En la Sopa de Letras la política se paralizaba

Esperanza Aguirre en plena audición del Gato de Rosario Flores, sin reconocer la canción Esperanza Aguirre en plena audición del Gato de Rosario Flores, sin reconocer la canción

Esperanza Aguirre en plena audición del Gato de Rosario Flores, sin reconocer la canción / Mediaset

Tardó en reconocer los reconocibles compases de Mamma mía cuando la empresaria Nuria March ya le había sacado sobrada delantera para apretar la bombilla de La pista musical. “No chufla”, se quejaba la ex presidenta madrileña, Esperanza Aguirre. Lejos de sus mejores momentos de popularidad y con los fiscales pisándole los talones, la que fuera ministra de Cultura ha pasado por Pasapalabra, en Telecinco, la misma cadena que hace ya más de veinte años la pilló en Caiga quien caiga cuestionándose sobre la calidad literaria de “Sara Mago”.

En un mundillo profesional de concursantes como el programa de Christian Gálvez, en plena fase de selección entre campeones, el Bote Master, los famosos suelen palidecer en el plató frente a los habituales de los roscos. Si además afloran los nervios y la pachorra para no caer en ridículos de cultura general Aguirre lo pasó mal en su debut en Pasapalabra, mejorando nivel y percepción el martes (la entrega del “no chufla”) y ayer miércoles. En sus tres apariciones la dirigente que dejó plantado a Jordi Évole fue de menos a más, con cierta aura de abuela fuera del tiesto a su hora del té y del bridge. Sin atisbo de aquella altanería y prisas por zafarse de su aparcamiento en la Gran Vía.

El guion del programa no trató mal del todo a la política del PP, que aquí iba de naranja, y que junto a Juan Carlos Monedero han sido los únicos de su gremio que han tenido el arrojo de sentarse en el taburete. Esperanza comenzó con preguntas de divas musicales, tragando saliva y superada por los temores. Llegaba sin una tila y sin haberse enterado de la veterana mecánica, preguntando en voz baja “¿esto cómo va?” mientras las redes se desataban. El lunes ni siquiera reconoció la melodía del gato de Rosario Flores y en la sopa de letras no veía nada hasta que le aparecieron unas ciudades italianas para no quedar por los suelos.

Con la grabación del espacio emitido el martes el asunto mejoró, con escritores para comenzar, salvando la prueba en solitario (“he tenido un poco de suerte”, comentaba más feliz). En la sopa el salmantino Jero sabía que tenía que ventilarlo solo, porque ni Aguirre ni su compañero de mesa, Iván, componente del grupo Efecto Pasillo, eran de gran ayuda para el calmado funcionario universitario.

La que fuera presidenta de los madriles y condesa de Bornos consorte fue presentada por Gálvez como colaboradora de una fundación asistencial, Alapar, porque hablar de cualquier otra cosa hubiera sido colocar a Pasapalabra en línea con Al rojo vivo. Le han dado algo de masaje. Si Esperanza Aguirre fuera medida del nivel cultural y de naturalidad  de nuestros políticos sería otro motivo más para preocuparnos sobre en qué manos estamos. O estuvimos.

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