Entrevista a Sophie Cookson

“A Keeler no se la escuchó, los hombres imponían su opinión”

  • El canal Cosmopolitan emite este lunes el segundo de los seis capítulos de la serie de la BBC que recrea los sucesos del llamado caso Profumo, que removió el gobierno británico en 1963

Sophie Cookson Sophie Cookson

Sophie Cookson / Cosmopolitan

El terremoto en el gobierno británico de 1963, que se llevó por delante al primer ministro Harold McMillan y fulminó a su titular de Defensa, John Profumo, tuvo un nombre clave, Christine Keeler, y un contexto, la Guerra Fría en su momento más dramático. Los devaneos de la corista con Profumo y un agregado soviético en Londres, Yevgeny Ivanov, originaron un tumulto mediático en una sociedad impresionable. La BBC ha vuelto a recrear aquellos sucesos y el canal Cosmopolitan emite mañana lunes, a las once de la noche, el segundo capítulo de seis en total de esta miniserie, El escándalo de Christine Keeler, que también se puede ver bajo demanda en plataformas comoMovistar + o Vodafone.

Sophie Cookson (protagonista de Gipsy, Netflix) desgrana para este periódico detalles de este relato sesentero con James Norton (Grantchester), Emilia Fox, Ellie Bamber y Ben Miles (Profumo, fue Peter Townsend en The Crown).

–¿Qué le convenció para dar vida a un personajes tan controvertido como Keeler?

–Amanda Coe ha escrito un guion perfecto, que va más allá de los titulares. La revisión de los acontecimientos pone a Christine en el centro de la trama. Pasó a la Historia como el ‘caso Profumo’, pero había otra persona involucrada. Las historias se han solido contar desde una mirada masculina, pero este guión nos muestra de forma honesta a esa mujer de esta increíble historia. La serie se propone mostrar quién era esa jovencita. Keeler sólo 17 años cuando se mudó a Londres y pronto se vio envuelta en este escándalo. La guionista nos presenta a una mujer valiente y vulnerable: fuerte en algunos aspectos y débil en otros. Descubriremos aspectos negativos claro, pero también, comportamientos dignos de elogio.

–¿Es una historia que vuelve así a estar de actualidad?

–Los políticos corruptos no han desaparecido. A Christine Keeler no se la escuchó, había tantos hombres que imponían sus opiniones, que imponían sus puntos de vista. Ellos decidían quién era y cómo debía comportarse que Christine nunca tuvo la oportunidad de dar su versión de la historia. Incluso cuando estaba escribiendo su autobiografía siempre fue con el permiso del establishment. Fue constantemente manipulada, como por ejemplo por su agente. Es muy interesante descubrir esta conmovedora historia sobre una mujer atrapada en los convencionalismos de la sociedad de la época.

–¿Qué pueden descubrir los espectadores que ya conocían lo sucedido?

–El caso Profumo aparece en otras películas y series. Mucha gente, desde los inicios del escándalo, tenían la opinión muy clara: veían a Keeler como un objeto sexual. Incluso hoy en día la siguen considerando así. Estoy segura de que todos los hombres de esta historia se habían acostado con tanta gente como ella, o incluso más, pero a ellos nunca se les juzgó. Lo que ha sido interesante ha sido hacer un ejercicio de revisionismo: descubrir que ella tuvo una infancia increíblemente dura, un calvario. Creció en un vagón de ferrocarril convertido en vivienda que no tenía electricidad ni agua, intentó abortar de su hijo cuando todavía era una adolescente. Tuvo una vida muy trágica, pero siempre será conocida poco menos que como una prostituta. Y desde luego no lo era.

–¿Qué diferencia ha observado al dar vida a un personaje real?

–Sentí que debía hacer justicia a una mujer tan convencida de su inocencia que nunca quiso ser retratada como una víctima. No podía saturarme de información: hay una línea muy fina entre ser fiel al personaje y saber cuándo dejar de leer y mirar vídeos de youtube. Tuve que dejar de lado lo que había investigado y ceñirme al guion.

Sophie Cookson como Christine Keeler Sophie Cookson como Christine Keeler

Sophie Cookson como Christine Keeler / Cosmopolitan

–¿Cómo afrontó su síntesis?

–En el casting hice una imitación de Christine Keeler y gustó. La hice que fuera accesible a un público actual. En su tiempo las mujeres la perseguían por la calle, la golpeaban e insultaban. Era muy importante que el equipo creativo se asegurara de que nuestra Christine fuera compleja, pero a la vez muy humana.

–La ambientación y el vestuario son decisivos para dar credibilidad a la historia real.

–Christine era una mujer de aspecto espectacular. Durante el juicio tenía a Vidal Sassoon peinándola. El periódico Daily Mirror, que pagó por contar su historia, le permitió así costearse un vestuario caro. Pero no queríamos mostrarla solo como una mujer bonita ¿cómo consiguió adaptarse a las oportunidades que le ofrecía su belleza? ¿Cómo era su entorno, en aquel Notting Hill y la relación con su novio, Johnny? Christine era realmente feliz, pero la relación se estropea my rápido como se ve en el primer capítulo.

"Existió un romance entre ellos y ella estaba muy impresionada, pero no creo que Keeler tuviera ni idea de quién era Profumo cuando lo conoció"

–¿Cómo se aborda el papel del médico Stephen Ward, su mentor?

–Se conocieron cuando ella empezó a frecuentar los clubes nocturnos.Se sintió atraída por este hombre increíblemente carismático, que parecía ejercer mucho poder. Stephen la usó para entretener a sus contactos. Ella lo amaba en una relación de hermanos y por eso todo el escándalo fue tan doloroso para ella.

–¿Cómo fue la química con Ellie Bamber, la actriz que interpreta a Mandy, la amiga?

–Fue difícil encontrar a una intérprete para ese papel. Mandy era amable, pero al mismo tiempo podía ser muy despiadada. Fue un acierto hallar a Bamber, la química entre nosotras fue instantánea.

–Y lo esencial, Profumo.

–Fue una relación difícil de definir. Existió un romance entre ellos y ella estaba muy impresionada. No creo que tuviera ni idea de quién era Profumo cuando lo conoció, así que darse cuenta de que era una figura tan importante en el Gobierno le resultó estimulante. Se divirtieron juntos pero no creo que estuvieran enamorados.

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