Comentarista deportivo

Michael Robinson y su pasión por Cádiz en unas frases

Michael Robinson en su etapa en el Liverpool Michael Robinson en su etapa en el Liverpool

Michael Robinson en su etapa en el Liverpool / EFE

Había anunciado que padecía un cáncer  grave y recibió el aprecio y la solidaridad de todo el mundo del deporte y de la comunicación. Michael Robinson fue un inglés que defendió a la selección de Irlanda y que llegó a España en 1987 buscando una experiencia temporal hasta convertirse en un español más. Nacido en Cádiz. O así lo sentía.

El analista de El día después y director del brillante espacio de reportajes Informe Robinson, en #0 de Movistar +, nació en Leicester, se siente del Liverpool, con el que fue campeón de Europa, y su corazón está ligado al Cádiz. El equipo gaditano era último de Primera División en 1987 cuando Robinson fichó por el  Osasuna, que peleaba por no descender. Al británico le fascinó aquel voluntarioso equipo colista que para verlo en la clasificación “había que darle la vuelta al periódico”.

El club presidido por Manuel Irigoyen se salvó de bajar a Segunda por una liguilla a última hora al ampliarse la categoría a 20 equipos. Y el descendido fue el Racing de Santander. Y Robinson, ya como comentarista en Canal +, debutó en la cadena con un Zaragoza-Cádiz, lo que terminó de convencerle de esa predestinación por el Sur. Esa pasión por Cádiz y por España se resume en estas frases de entrevistas en El Hormiguero, la publicación Jotdown, Canal + y en este periódico:

Michael Robinson en El Hormiguero

“Mis raíces haces 1792 llegan hasta Cork (Irlanda). Soy moreno y sólo el 2% de los irlandeses son morenos, descendientes de los náufragos de la Armada Invencible. Y ellos eran de Finisterre o de Cádiz. Y de gallego yo no tengo mucho”.

Cádiz tiene duende. Es la única ciudad occidental donde el capitalismo no es la ley. Ser rico es incluso una desventaja. Y, aunque pueda sonar a estereotipo, mientras que en otras ciudades de Andalucía  intentan ser graciosos, como en Sevilla, en Cádiz lo son sin esfuerzo”.

“Cuando llegué a España yo sólo decía hola, adiós, gracias, cerveza y contaba hasta cinco”.“El fracaso ha sido el motor de mi vida”.

“Cuando me pidieron en la final de la Copa de Europa que  lanzara un penalty yo pensaba en mis padres que en mi casa estarían diciendo... mi hijo la va a cagar”.

“No entiendo que en Pamplona algunos me tengan manía por ser del Cádiz. En El Sadar le impidieron a mi hijo con siete años saltar al césped con la camiseta del Osasuna”.

Mi españolidad la descubrí en la final del Mundial de Sudáfrica. Yo estaba en ese momento estuve en estado de pánico”.

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