El creador del 'Un, dos, tres'

Muere Chicho Ibáñez Serrador

  • El emblemático realizador de TVE y cineasta, último Goya de Honor, ha fallecido a los 83 años en un hospital madrileño

Chicho Ibáñez en la recepción del Goya de honor el pasado enero en Madrid Chicho Ibáñez en la recepción del Goya de honor el pasado enero en Madrid

Chicho Ibáñez en la recepción del Goya de honor el pasado enero en Madrid / EFE

El realizador y director de cine Narciso Chicho Ibáñez Serrador ha fallecido a los 83 años en un hospital madrileño. Se encontraba ingresado aquejado de una infección de orina.

Su última aparición pública fue el pasado 14 de enero en el Teatro Real de Madrid en el anuncio de los premios Goya de esta última edición celebrada en Sevilla, ya que se le entregó el galardón de honor. 

Nacido en Montevideo en 1935, cuando sus padres, Pepita Serrador y Narciso Ibáñez Menta, estaban de gira teatral por América, tras pasar la adolescencia en Salamanca, donde culminó sus estudios, vivió una juventud aventurera con la que terminó recalando en Argentina. 

Cuando propuso a TVE hacer la serie sobre figuras ilustres de los Premios Nobel que ya había hecho en Argentina le respondieron que nones, que esos premios estaban plagados de tipos progres y peligrosos. La España de los 60 aún era así, tan corta de miras. Chicho, un apocado joven que se curtió en escenarios y giras, había dado la vuelta al mundo cuando recaló en Prado del Rey, prometiendo innovación, modernidad y hasta premios internacionales (con El asfalto, Historias de la frivolidad). Con terror y humor, sus dos fijaciones, coloreó una pantalla que todavía era tan en blanco y negro como el resto del país.

Había regresado de Sudamérica en 1963, con un bagaje de programas realizados y un par de cintas en las que mostró lo que quería y podía hacer. Y empezó con Mañana puede ser verdad, esos cuentos proféticos, entre la intriga y la ciencia ficción, tan de su gusto y que a día de hoy cuentan en Black Mirror un digno relevo.

Pero, ya en los 70, su mayor popularidad se la dio el puro entretenimiento, el concurso Un, dos, tres, nacido en 1972 un tanto por encargo para animar la parrilla. Con el peruano Kiko Ledgard, que venía a probar suerte en España, levantaron el formato de un concurso en tres partes que, debidamente adobadas (con guiño a la censura como en Historias de la frivolidad), asombraban a las familias del tardofranquismo.

Un, dos, tres es patrimonio nacional de los recuerdos colectivos. El concurso, ya en la etapa en color de la TVE única, vivió sus momentos de más audiencia en la etapa de Pilar Miró como directora general, sobre 1987, cuando el espacio regresó a los viernes.

La propia directora se sentaba en la mesa de montaje y le pegaba unos tajos que no te menees a la torta que le mandaba Chicho . Cogía la catana de la concreción y le pegaba sus buenos recortes al concurso de Narciso y los empastes de Mayra Gómez Kemp y lo dejaba en poco más de hora y media. A falta de índices de audiencia, el Un, dos, tres encabezaba los llamados paneles de aceptación y reunía a más de 20 millones de españoles, más que el gol de Iniesta.

Ibáñez Serrador, alumno aventajado de Hitchcock y maestro de realizadores, tozudo, innovador, estuvo siempre listo en una TVE de arenas movedizas (fue director del programas de RTVE en el semiaperturista 1974 y le cesaron con el escote de Rocío Jurado en Cambie su suerte) y hasta este siglo siempre estuvo adelantado a su tiempo.

Entre sus dramáticos de miedo, sus miedos dramáticos, Hablemos de sexo, el sencillo Waku-WakuEl semáforo y en tiempos negruzcos, de tanto miedo en la calle, Historias para no dormir, fue profeta  de la normalidad y del europeísmo.

Avanzó formatos y tendencias aunque la televisión le terminó de superar como una ola por la cabeza, a él y a sus planteamientos. Si hubiera nacido ahora sería un director de casting impagable y creador de youtubers. Con la cara adecuada y tras una dosis de reiteración, fabricaba estrellas, aunque alguna se estrellara.

Sus dos incursiones en el cine fueron taquilleras, sensacionalistas y rupturistas: La residencia, en 1969; y ¿Quién puede matar a un niño?, en 1976. Góticas, inquietantes y con gran carga de terror psicológico.

Sólo por el Un, dos, tres, está en un lugar de oro de la memoria colectiva, pero por Historias de la frivolidad y por Historias para no dormir, a su manera, hizo avanzar la mentalidad de un país por desarrollar.

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