Difícil corrida de Torrestrella en el regreso de la Fiesta a San Sebastián
Ponce cortó el único trofeo en la vuelta de los toros a Illumbe Manzanares y López Simón, sin opción ante los de Torrestrella
La más absoluta normalidad ambiental, sin gritos reivindicativos ni vacías euforias, fue la tónica de la vuelta de los toros a San Sebastián tras dos años de veto político, con una corrida que, por otra parte, no alcanzó especial brillo artístico.
Seis toros de Torrestrella, de poca alzada, sueltos de carnes y sin agresividad en las cabezas, con la presencia justa para una plaza de primera. Salvo tercero y sexto, sin fondo y rajados, el resto tuvo mucha movilidad, matizada por la falta de fuerzas o el temperamento. Destacó el cuarto, por su recorrido y entrega.
Enrique Ponce: ovación; oreja tras aviso.
José María Manzanares: ovación tras leve petición; silencio.
López Simón: ovación tras aviso; ovación tras aviso.
Los tres banderilleros de Manzanares saludaron en el segundo tercio.
El Rey Juan Carlos I asistió a la corrida desde un palco de callejón, acompañado por su hija la infanta Elena y los hijos de ésta, Froilán y Victoria Federica. Los tres toreros les brindaron la muerte del primer toro de sus lotes.
Algo más de dos tercios de entrada (unas 7.000 personas) en la plaza cubierta, en el primer festejo de la Semana Grande.
Enrique Ponce cortó la única oreja de la tarde al mejor toro de la justa corrida de Torrestrella, un astado con idéntica movilidad que varios de sus hermanos sólo que con mayor entrega y profundidad en sus embestidas.
El veterano torero valenciano, que se había mostrado pulcro y técnico con un primero de clase pero muy medido de fuerzas, no acabó de cogerle el temple a este otro, en una faena vistosa y larga, pero también ligera y de escaso aplomo, que se premió, por tanto, con la generosidad de una tarde de celebraciones.
El segundo de la corrida estuvo a punto de herir en dos ocasiones a José María Manzanares, que apostó con mayor entrega de lo habitual ante sus emotivas y no siempre claras embestidas.
El diestro alicantino, vestido aún de luto por la muerte de su padre, fue quien mató el primer toro que salió a este ruedo, hizo un notable esfuerzo para estar a la altura de la efeméride, aunque no obtuvo recompensa tangible ni con éste ni con su afligido segundo.
López Simón, que sustituía al anunciado Paquirri, hizo un alarde de entrega de principio a fin para aprovechar la gran ocasión de destacar junto a las figuras pero el madrileño se encontró con dos toros que acabaron rajándose y huyendo del auténtico acoso al que los sometió el decidido diestro, que luego perdió algún que otro trofeo por no matar a la primera a ninguno de los dos.
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