Mal ganado para una cita histórica
Curro Jiménez cumple el sueño de salir a hombros de la plaza de su ciudad y acompaña a El Fandi por la puerta grande en la corrida de reiunaguración del coso de Priego, ya recuperado para la Fiesta
GANADERÍA: Cinco toros de Yerbabuena y uno, lidiado como sobrero en cuarto lugar, de María del Carmen Camacho. Desiguales de presentación entre sí, excesivamente astigordos y cornicortos, desrazados, carentes de fuerza y de pobre juego. TOREROS: Paquirri, pinchazo y estocada (silencio) y cuatro pinchazos echándose el toro (algunas palmas). El Fandi, estocada tendida (oreja con fuerte petición de la segunda) y estocada (dos orejas). Curro Jiménez, estocada enhebrada que asoma y media estocada (oreja) y estocada (oreja). Incidencias: Plaza de toros de Priego. Corrida de toros con motivo de la reinauguración del Coso de las Canteras tras su rehabilitación. Casi lleno en los tendidos.
Todo un lujo. Así podemos calificar el resultado final de las obras de rehabilitación del centenario coso. La plaza ha quedado coqueta, preciosa. Es un inmueble recuperado para la Fiesta y para el rico patrimonio de esta ciudad de la Subbética. El público, sabedor del acontecimiento, respondió con creces al evento y la plaza registró una entrada excepcional para los tiempos que corren. Todo vaticinaba una tarde histórica, pero el toro falló de nuevo.
Una corrida infumable del hierro de Yerbabuena, propiedad del otrora figura del torero José Ortega Cano, dio al traste con el festejo. Ya lo dijo Curro Cúchares: "Las buenas guitarras nunca las fabrican los grandes tocaores". Y se cumplió la sentencia del decimonónico matador de toros sevillano. Los toros enviados por el torero cartagenero fueron un cúmulo de características negativas para la Fiesta. La pregunta es: ¿Por qué los toreros se empeñan en pedir estos toros? Con toros así el espectáculo es imposible y se daña el alma profunda de la fiesta. Animales faltos de raza, de fuerza, de bravura y presuntamente hasta de integridad. ¿Dónde vamos a ir a parar? Los espadas que se hacen llamar figuras imponen tarde tras tarde, apoyados por sus mentores, este tipo de toro. Luego, cuando las cosas no salen a gusto de nadie, ¿por qué se quejan? Sus actuaciones de ayer, a excepción de la de Curro Jiménez en el tercer toro, no dejaron de ser una caricatura de lo que debe de ser un espectáculo vivo y dinámico que haga que la gente vuelva a la plaza. Éste no puede ser el camino a seguir. O se vuelve al toro con raza o esto se muere solo.
Poco que decir por tanto de las actuaciones de los toreros. Sólo destacar al local Curro Jiménez, que vio cumplido su sueño de salir a hombros de la plaza de su pueblo en esta corrida reinaugurar. Cuajó un trasteo interesante en el tercero de la tarde, el único que medio se movió, con pasajes en los que destacó el buen gusto en el manejo de las telas. Hubo naturales y derechazos con enjundia que rápidamente calaron en el tendido. De haber estado más placeado de seguro que habría dado ese paso hacia adelante para aprovechar mejor las condiciones de su oponente. En el sexto, nada que reprochar. El toro se negó a embestir y el torero local solo pudo mostrar su buena disposición y pegarse un arrimón que le sirvió para cortar la oreja. Buena actuación por tanto de Curro, que merece un mejor trato por parte de las empresas. Fandi se ajusta al guión que tarde tras tarde se autoimpone. Variado con el capote, espectacular y bullicioso con los palos y toreando con la muleta para el espectador menos exigente. Él se ha trazado ese camino. Le va bien y torea una gran cantidad de festejos cada temporada. Lo malo es que en el fondo hay un buen torero. Torea cada vez mejor con el capote, tiene facultades sobradas para cuajar tercios de banderillas más ortodoxos y tiene oficio suficiente para hacer mejor el toreo. ¿Cantidad o calidad? El tiene la respuesta.
Del nuevo Paquirri, menos aún que contar. Tuvo los dos toros más deslucidos de la tarde en el tercio final y con ese material poco había que hacer. Con las banderillas mejor que deje de emular a su padre. Patético. Más rehiletes en el suelo que en el morrillo del burel. En resumidas cuentas, una tarde que no aporta nada al curriculum de este renovado Paquirri.
También te puede interesar
Lo último