SANFERMINES | SÉPTIMA CORRIDA DE LA FERIA DEL TORO DE PAMPLONA

Roca Rey: mazazo de autoridad

  • El limeño sale a hombros en una tarde en la que despliega valor y buen toreo l Ferrera y Marín, de vacío l Corrida de Cuvillo, en conjunto bien presentada y de juego dispar

Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Pamplona. Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Pamplona.

Andrés Roca Rey, en su salida a hombros de la plaza de toros de Pamplona. / Villar López / Efe

Andrés Roca Rey consiguió un triunfo incuestionable, de figura del toreo, cortando tres orejas y saliendo a hombros;entre tanto sus compañeros Antonio Ferrera y Ginés Marín se marcharon de vacío tras lidiar un encierro de Núñez del Cuvillo, en conjunto bien presentado y de juego desigual.

Roca, listo, con valor y buen toreo se metió en el bolsillo al público de Pamplona. Con el segundo toro, un animal de buena condición, pero que se apagó pronto en la muleta, el limeño se lució con variedad en el capote. En un quite por saltilleras, libró una cornada por reflejos. Con agallas desplegó de nuevo la suerte, de manera ceñidísima. Fue la réplica, con autoridad, a un quite por gaoneras de Ginés Marín en su turno. El toro pareció lesionarse en banderillas. Roca comenzó la muleta junto a tablas de manera explosiva, de rodillas, con la diestra e intercalando dos muletazos por la espalda. El astado se agotó pronto y el torero logró algunos pasajes buenos con la diestra en una faena que cerró con manoletinas para matar de estocada y ser premiado con una merecida oreja.

Con el jabonero quinto, un astado con un buen pitón derecho, Roca Rey impactó por su quietud y aplomo que impuzo desde el recibo de capote, con unas gaoneras ceñidísimas, hasta el estoconazo definitivo. La faena, que comenzó con un pase cambiado por la espalda, continuó con la seguridad de un torero que supo dar tiempo al astado en una primera serie diestra, que continuó con muletazos templados y cerró de rodillas, cuando el toro ya se apagaba.La rúbrica fue contundente y fue premiado en esta ocasión con las dos orejas del buen toro de Cuvillo.

Antonio Ferrera anduvo con oficio y soltura ante un lote de juego dispar. Con el que abrió plaza, feo, corniabierto, con nobleza, el pacense toreó con temple por ambos pitones y estuvo desacertado con la espada; cortándose en la frente al pinchar en el primer envite. Con el cuarto, castaño, sin entrega, Ferrera anduvo pundonoroso, logrando algunos muletazos vistosos tras brindar la faena a Juan Antonio Ruiz Espartaco, quien recibió el brindis en el mismo ruedo. Mató de estocada y descabello y fue ovacionado.

Ginés Marín ni tuvo suerte con su lote ni estuvo bien. Con el tercero, jabonero, sin franqueza y protestón, realizó una labor desigual que comenzó con el cartuchito del pescao en los medios, recordando al maestro Pepe Luis y salpicada de enganchones, que rubricó de estocada y descabello. Ante el sexto, complicado, hubo excesivos enganchones y algún desarme. Tampoco estuvo acertado con la espada.

En resumen, mazazo de autoridad de Andrés Roca Rey.

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