Toros en Pineda: it's british style...

FESTIVAL

Juan Ortega y Javier Zulueta firmaron las dos faenas de mayor enjundia en una mañana limitada por las escasas fuerzas del encierro de Garxón Valdenebro

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Plaza portátil instalada en 2024 el Real Club Pineda.
Plaza portátil instalada en 2024 el Real Club Pineda. / Mundotoro

La verja que franquea la entrada en las instalaciones de Pineda oficia también de frontera de dos mundos que gravitan en órbitas distintas. La distinción, el culto ecuestre y la herencia inglesa marcan la diferencia desde que el visitante se aleja del puesto de control y se adentra en un club que goza de su propio código social y hasta estético.

Pero no era un día de carreras, sino de toros. El equipo de Luis Garzón -con Nacho Moreno de Terry, la colaboración fundamental de Eduardo Dávila Miura y el apoyo de la propia entidad- había vuelto a liarse la manta a la cabeza para repetir esa hermosa simbiosis entre el mundo del toro y la inconfundible envoltura británica del club Pineda para alumbrar la segunda edición de este festejo que en esta ocasión rendía homenaje a la figura de Rafael Peralta.

Había, eso sí, una sensible novedad. Las incesantes lluvias invernales habían obligado a mudar la amplia plaza portátil, cambiando el césped que otorgó carácter al festejo en 2024 -Toreando en Lancastershire se tituló la crónica de este periódico- por el clásico albero de Alcalá de Guadaíra.

Pero tenía que salir el toro. El primero iba a ser un ejemplar de exquisita clase y medidas fuerzas al que Juan Ortega llegaría a banderillear sin perder su personal concepto del temple. Fue una faena que acabaría brillando especialmente por el lado izquierdo, cuajando exquisitos naturales al ralentí que pondrían en sus manos las dos orejas del astado. Borja Jiménez iba a conseguir idéntico premio del segundo ejemplar de la mañana, mucho más limitado de gas, al que imprimó su toreo rítmico desde que se abrió de capa. La clave iba a estar en administrar la gasolina del animal al que acabaría por buscarle las vueltas en una labor bien rematada con el acero.

Pero las fuerzas tampoco iban a acompañar al tercero, un torete serio y derrengado que sólo iba a permitir que Pablo Aguado se gustara en los detalles sin poder profundizar en el toreo fundamental.

Mucho más potable y enfibrada iba a ser la embestida del cuarto, un novillo que permitió a Manolo Vázquez firmar algunos pasajes estimables y personales dentro de una labor un punto desigual que también sería validada con las dos orejas. En ese punto el festival ya estaba lanzado y Javier Zulueta se iba a convertir en el máximo triunfador en el marcador al pasear el rabo del quinto, al que toreó con templanza y técnica natural en una faena que tuvo la virtud de administrar las justas fuerzas de su enemigo que, pese a todo, mantuvo siempre la buena clase y el ritmo.

Quedaba el sexto, otro astado que, con sus cositas buenas, también andaba algo gripado de motor. Rodrigo Molina no evindeció su retiro y supo darle fiesta hasta pasear sus orejas. La fiesta se iba a prolongar en la tribuna del hipódromo, sin perder la flema y el estilo, the british style.

FICHA DEL FESTEJO

PLAZA DEL REAL CLUB PINEDA

GANADERÍA: Se lidiaron reses de Gregorio Garzón Valdenebro, de juego desigual y de escasas fuerzas en líneas generales.

TOREROS: Juan Ortega, dos orejas; Borja Jiménez, dos orejas; Pablo Aguado, dos orejas; Manolo Vázquez, dos orejas; Javier Zulueta, dos orejas y rabo; el novillero Rodrigo Molina, dos orejas.

INCIDENCIAS: La plaza registró tres cuartos de entrada en un mediodía espléndido y de agradable temperatura.

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