La Embajada presenta credenciales a la mesa
Bares y restaurantes
El Hotel Europa ofrece un rincón gastronómico con tapeo de calidad asequible
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En la calle Jimios, confluencia con Harinas, desde el pasaso 13 de junio late un pequeño y cuidado rincón gastronómico que hace de la falta de pretensiones una virtud. Ofrece tapas de esas que el comensal no necesita que le expliquen, aun con su toque actual (la pringá se esconde en un pan brioche, tan de moda, y acompañada de batatas, que no patatas, fritas) y sobre todo un celo por que cierta calidad no se vaya de madre en la cuenta.
Juan Carlos Millán regenta el establecimiento, que no dispone de cocina, pero sí que ofrece platos calientes que llegan recién hechos. Los clientes que se alojen en el Hotel Europa, donde radica, pueden degustar un desayuno bufet bien surtido. Y si es hora de entrar en otras cuestiones gástricas, entran en juego las gildas, las chacinas ibéricas, patés, quesos o un buen bikini, esos sándwiches que tan bien encajan cuando uno deja de decir “buenos días”. Para que todo fluya, cerveza Cruzcampo bien tirada, vinos generosos o una atractiva carta de vinos tranquilos.
“Los detalles cuentan y mucho. Y nos esmeramos en que se refleje en los platos. En esta zona hay mucha competencia y buena, y pensamos en estar a la altura con un cambio de sentido al establecimiento”, describe Juan Carlos Millán. Con una frase clava el espíritu de su propuesta: “Hay que quitarle el miedo al cliente. Que perciba una calidad asequible”.
Eso se traduce en una buena anchoa triple cero, un boquerón a la madrileña o una sardina marinada a la que una salsa barbacoa le da un toque especial. “Aunque no somos un restaurante y no tenemos cocina, traemos guisos ya hechos y el cliente puede comer, no sólo disfrutar de un picoteo”, aclara el propietario.
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