Una preboda imperial con bulla
‘Enhorabuena por la boda, emperador’ y ‘que tengas buena boda’, el público participó durante todo el recorrido
El desfile para conmemorar el enlace entre Carlos V e Isabel de Portugal hace 500 años
El desfile organizado por el Ayuntamiento dentro de los actos por los 500 años de la boda de Isabel de Portugal y Carlos V en el Real Alcázar ha sido la primera bulla de esta primavera adelantada que se vivió ayer. Tanta gente había en la calle que hubo quien confundió el desfile con alguna salida procesional. “Niña, ¿ves ya la Cruz de Guía?”, preguntó un señor desde su sillita. Cuando le explicaron que no era un paso, sino una recreación de la boda de Carlos V, él y su mujer cogieron las sillitas y se fueron.
Y menos mal, porque aunque los propios agentes de policía informaban de que el camino que iba a seguir era rodeando la iglesia de Santa Catalina por Ponce de León, al final la comitiva salió por la puerta principal de la iglesia camino de la calle Alhóndiga. Cuando alguien del público se dio cuenta y salieron todos corriendo para intentar pillarlo por algún lado.
No es el único momento donde el desfile ha sido mitad pasacalles y mitad gymkana. De la Pila del Pato a la Alfalfa había dos grupos de personas, uno siguiendo por la calle Boteros y otros por Cabeza del Rey Don Pedro. Ganaron éstos últimos.
Casi una hora se llevaron esperando quienes estaban al final de la calle Águilas, casi ya en la Alfalfa. A la altura de la esquina de Candilejo se ve el pendón del Tercio de Olivares. Delante, una pareja va cantando los parabienes a la pareja imperial.
Detrás, los tambores del Tercio de Olivares, y los soldados. Cerca de la bandera, el rosario. Serios, marchan por la calle con la mirada fija al frente, muy en su papel, guardando a la pareja imperial. Detrás, las mujeres del pueblo reparten claveles rojos. Se cuenta que el emperador, profundamente enamorado de su mujer, obsequió a Isabel con claveles rojos traídos de Oriente y ordenó plantarlos en los jardines del Real Alcázar. Cuando la emperatriz murió en 1539, Carlos V rodeó su tumba con esta flor de origen persa.
Detrás, las damas de la corte, una recreación tan realista que algunas tenían la cara visiblemente maquillada con polvo de talco. Sobre un hermoso caballo blanca, Isabel de Portugal. Como esta ciudad tiene ganas de pasarlo bien, desde el público le dieron la enhorabuena por la boda y le gritaron guapa.
Tras ella, la representación eclesiástica: el nuncio apostólico cardenal Giovanni Salviati, el arzobispo de Toledo y el prior de los dominicos. Cerca de Carlos V, los nobles y, cerrando el cortejo, el emperador en un impresionante caballo negro. “Que sea enhorabuena, emperador”, le deseó una señora clavel en mano.
El desfile ha sido, en realidad, una especie de preboda. La celebración de la boda de Carlos V en Sevilla fue, en realidad el 11 de marzo, pero la boda por poderes se produjo el 20 de enero de 1526. Isabel fue entregada en Elvás, en la raya de Portugal. Ambos séquitos, ya unidos, siguieron la antigua ruta de la plata: desde Badajoz, por Talavera la Real, hasta Almendralejo, Llerena, Guadalcanal, Cazalla, el Pedroso, Cantillana y San Jerónimo. El sábado 3 de marzo de 1526 la comitiva llegó a Sevilla. Una representación de la ciudad, encabezada por el duque de Arcos, acudió a recibir a la emperatriz al hospital de San Lázaro. Fue una boda íntima con escasa presencia de caballeros y embajadores.
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