Guardianes del ecosistema

la opinión invitada

Más del 90% de las plantas establecen relaciones de dependencia con los hongos

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Francisco Javier Jiménez Nieva, Profesor De La Universidad De Huelva

22 de noviembre 2016 - 02:35

Cada otoño, tras las primeras lluvias, nuestros campos se llenan de setas con formas, tamaños y colores muy diversos. Pero, ¿qué son estas estructuras? Muchas personas piensan que son una especie de plantas extrañas, incluso la Biología clásica las clasificaba como tales, pero hoy sabemos que esta apreciación está muy alejada de la realidad. Las setas son una parte de unos seres vivos, los hongos, que no son ni plantas ni animales, pero que están más emparentados con los animales que con los vegetales.

Las setas, también denominadas carpóforos, son los cuerpos fructíferos de estos seres vivos; es decir, las setas son a los hongos como la manzana al manzano. Del mismo modo que dentro de las manzanas encontramos las semillas del árbol, en el interior de las setas se forman las esporas, que son algo así como las semillas de los hongos, responsables de la proliferación de estos seres vivos. Sólo encontraremos setas de una determinada especie cuando llega su tiempo de fructificación, así sólo encontraremos níscalos (lactarius deliciosus) en otoño, porque esta especie, como la mayoría de hongos, fructifica en esta estación, cuando la humedad es elevada y las temperaturas no muy bajas.

Pero esto no significa que el hongo muera cuando desaparecen las setas. La parte vegetativa, no reproductora, sigue alimentándose y creciendo durante todo el año en espera de la nueva fructificación: el siguiente otoño. Esta parte vegetativa, que podríamos equiparar a las raíces, ramas y hojas del árbol, está constituida por unos finos "hilos" denominados hifas, que en su conjunto constituyen el micelio del hongo, y que se encuentra bajo el suelo. En el caso de los níscalos, estas hifas están conectadas con las raíces de los pinos, los cuales le proporcionan el alimento al hongo; por tanto, el hongo no podría sobrevivir sin el pino, si éste muere o se debilita por alguna enfermedad o alteración de su medio, el hongo seguirá su mismo camino; es totalmente dependiente del árbol. Pero el níscalo no actúa como un parásito o una enfermedad del pino, todo lo contrario, le ayuda para abastecerse de agua y nutrientes minerales, de forma que también el pino es muy dependiente del hongo con el que está asociado. Esta estrecha relación entre hongos y árboles se conoce como micorriza y es fundamental para el mantenimiento de nuestros bosques. Las micorrizas no son exclusivas de níscalos y pinos, sino que están muy extendidas en la naturaleza: se estima que más del 90% de las plantas establecen relaciones de este tipo con los hongos. Así también son setas de hongos micorrízicos muchas de las más apreciadas por los aficionados, entre las que destacan diferentes boletos, amanitas y rusulas, entre otras. Claro que muchas de ellas son especies tóxicas, algunas mortales como la oronja verde (amanita phalloides), la cicuta blanca (amanita verna) o la oronja fétida (amanita virosa).

Las setas están más emparentadas con los animales que con los vegetales

Existen otros hongos que no establecen micorrizas con las plantas, sino que son descomponedores de la materia orgánica muerta, fundamentalmente de los restos vegetales: hojas, ramas, troncos, raíces, frutos… Probablemente los mejor conocidos dentro de este grupo son los champiñones, donde se incluyen diferentes especies pertenecientes al género agaricus. También éstos cumplen un papel fundamental en los ecosistemas, ya que si no existieran, se acumularían ingentes cantidades de restos vegetales muertos en nuestros campos y bosques; nuestro planeta sería una especie de inmenso basurero de restos vegetales. Esta actividad descomponedora de los hongos, que rompe los tejidos muertos de las plantas para alimentarse, es la que permite que parte de los nutrientes minerales que permanecían en los restos vegetales muertos vuelvan al suelo, mientras que otra parte son absorbidos por las hifas del hongo sirviéndole de alimento. Muchos de estos hongos, además de los citados champiñones, producen setas muy apreciadas por sus valores culinarios como los gallipiernos (macrolepiota), colmenillas (morchella), pie azul (lepista nuda), platera (clitocybe geotropa), senderuela (marasmius oreades), etc. Pero también encontramos en este grupo algunas de las especies más peligrosas como es el caso de diferentes lepiotas: lepiota helveola o lepiota bruneoincarnata.

Resulta entonces evidente que los hongos son uno seres vivos esenciales para el funcionamiento de nuestros ecosistemas, ya que son los principales responsables de la descomposición de la materia muerta vegetal y unos socios insustituibles para las plantas, que necesitan de ellos para su nutrición. Por ello debemos respetar las setas, órganos responsables de la reproducción de los hongos. Si somos aficionados a recolectar setas debemos respetar las demasiado jóvenes y darles tiempo para que liberen esporas y las viejas, pues no son aptas para su consumo. No deberíamos coger ni dañar las que desconozcamos, pueden ser peligrosas para nuestra salud, ni las que son raras por su escasez.

Sin embargo, el proceso de cambio climático acelerado que sufre nuestro planeta, que está teniendo como consecuencia unas temperaturas progresivamente más elevadas y una mayor torrencialidad en el régimen de precipitaciones, con periodos prolongados de sequía cada vez más frecuentes y persistentes, sin duda debe tener consecuencias en la comunidades de hongos y las apreciaciones preliminares apuntan hacia una disminución de la abundancia y la extinción local de muchas especies .

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