La sequía ha terminado

Se ha demostrado que construir Los Melonares fue un acierto, a pesar de las críticas

Hace un mes se hablaba de sequía, pero ya no. Las lluvias de los últimos días (a las que se añadirán más en los próximos) han dejado los embalses que abastecen a Sevilla con un aspecto similar al de hace un año. En marzo de 2017 estaban al 69,64% de su capacidad, mientras que ahora van por el 65,29%. Hace 10 años estaban al 75,62%. Se encuentran en unos límites normalizados. Con eso no se quiere decir que la gente empiece a consumir agua como locos, sino que Emasesa no decretará restricciones en verano, siguiendo así la tradicional costumbre civilizada.

Todavía recordamos aquellos problemas de otros tiempos, cuando no existía el embalse de Los Melonares. Se maldecía la sequía con cierta frecuencia. Hasta que las autoridades entendieron que el problema no era de las lluvias, sino de los embalses. Ahora se ha visto con claridad. Pasaba por aquí el temporal Emma, que ha causado lamentables estropicios en las costas de Huelva y Cádiz, dejando las playas en penoso estado. En Sevilla no hay playa, pero sí un arbolado en pésimo estado. Han caído 40 palmeras. A pesar de las incidencias, los daños son inferiores a los del litoral. Por ello, Mariano Rajoy y Susana Díaz no han paseado juntos por el Parque de María Luisa para demostrar su voluntad de trabajar juntos en paliar los daños.

La tormenta Emma ha tenido su parte buena en Sevilla, que ha sido la de llenar los embalses. No son iguales en capacidad. El mayor es El Pintado, que está a la mitad, y no surte a Emasesa, aunque sí a Aljarafesa. El de Melonares ya va por el 90%. El del Gergal está lleno y a La Minilla le falta poco. Pero el de Los Melonares embalsa más del doble que El Gergal y La Minilla juntos, por lo que tenerlo casi a tope es una alegría. A ellos se suman los de Aracena y Zufre, en la provincia de Huelva, que también aportan a Sevilla.

Se ha demostrado otra vez que construir Los Melonares fue un acierto, a pesar de las críticas. Tardaron casi 30 años desde que se redactó el proyecto en 1989 (cuando el fulgor de la Expo) hasta que Soraya Sáenz de Santamaría inauguró las últimas obras de conducción del agua en marzo de 2015. Es probable que nunca se hubiera terminado de no mediar la gran sequía de los primeros años 90. Aun así, siguieron las críticas. No debemos olvidar que el agua cae del cielo, pero hay que recogerla. Y que es un bien escaso cuando se despilfarra, pero también cuando no se aprovecha.

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