Este Sevilla sólo sabe cantar baladas

  • Un único y parsimonioso ritmo, grabado en su ADN

Ben Yedder se dispone a golpear la pelota ante el acoso del lateral derecho Milec. Ben Yedder se dispone a golpear la pelota ante el acoso del lateral derecho Milec.

Ben Yedder se dispone a golpear la pelota ante el acoso del lateral derecho Milec. / fotos: Aleksej Blaz

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Ni en las contadas ocasiones en que ayer recuperó la pelota en el mediocampo del Maribor con éste saliendo, el Sevilla se atrevió a ensayar ese pase agudo, esa búsqueda del camino más corto para hacer daño de verdad. No lo ve. No lo concibe. Sólo sabe interpretar el juego de una forma. Pausados toques a asegurar la posesión -otra vez en torno al 70%- mientras el rival se repliega con placidez. Y casi siempre al pie. Previsible hasta la desesperación. El equipo de Berizzo, también de Marcucci, ofrece conciertos de hora y media en los que sólo interpreta baladas. No cambia el ritmo jamás. Eso sí, va cumpliendo objetivos.

Defensa

La puesta en escena sorprendió a los de blanco. Salió mucho más intenso el Maribor, que se agazapó en un 4-5-1 que, sin embargo, tuvo profundidad en la salida, sobre todo por la banda derecha con el lateral Milec, una vez robaban el balón a los Sarabia, Correa, Banega o Krohn-Dehli, fríos e imprecisos todos.

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Este Sevilla sólo sabe cantar baladas

El muy tibio trabajo de Correa sin la pelota, y la versión escuálida de Escudero, que a veces aparece también atrás, dejó un flanco expedito en la primera parte que a punto estuvo de ponerlo todo demasiado cuesta arriba para los sevillistas.

Tampoco anduvieron muy avispados en la marca Kjaer, Mercado -otra vez se le cuelan al cerrar en el palo un centro desde la otra banda- o Lenglet -permitió otro tiro envenenado de Tavares-.

En la segunda parte, el paso adelante de los sevillistas y el menor brío físico del Maribor despojó de trabajo a Sergio Rico.

Ataque

No puede ser que Pizarro conduzca con esa parsimonia y quiera asegurar el pase tanto, que apenas progresen los ataques. Banega y Krohn-Dehli tampoco se esmeraron en acelerar el juego con un pase de los que rompen líneas, como tampoco se esforzaron Sarabia o Correa en marcar pases al espacio en arrancadas sin balón. Todo eran conducciones -en el caso de los extremos hacia dentro y hacia el barullo- y pases al pie en los que el receptor estaba parado y con alguien de morado cerca.

Virtudes

Tras el descanso hubo un cambio de marcha con el paso adelante: de segunda a tercera. Suele corregir lo que empieza mal.

Talón de aquiles

Esa concepción del fútbol tan monocorde y previsible.

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