Copa del Rey · Atlético de Madrid-Sevilla FC

U otra cornada o dos orejas

  • El decepcionante Sevilla de Montella se mide al peor rival posible en su sueño de celebrar un pase a semifinales.

  • Parte de la hinchada da por hecho el revolcón mientras el equipo se conjura.

El grupo, con Sarabia, Jesús Navas, Escudero y Pareja en primer plano, se ejercita en la ciudad deportiva. El grupo, con Sarabia, Jesús Navas, Escudero y Pareja en primer plano, se ejercita  en la ciudad deportiva.

El grupo, con Sarabia, Jesús Navas, Escudero y Pareja en primer plano, se ejercita en la ciudad deportiva. / víctor rodríguez

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Tal y como está la situación, los amantes de la estadística, o de las apuestas, pueden frotarse las manos. El Sevilla ha entrado en un estado de esquizofrenia del que lo único que puede salir es, una de dos, o algo bueno, o un nuevo revolcón. Que suceda algo bueno sería hacer saltar la sorpresa y a veces, muchas veces, estas cosas saltan cuando nadie da un duro por ello.

Cuando todos los críticos dan por hecho que el equipo de Montella va a salir hoy del Wanda Metropolitano con otra cornada en el muslo, queda un resquicio para la duda que siempre da el caprichoso y recurrente cambio en el sentido de las estadísticas. El "ya toca", aunque parezca que no, aunque suene a una tontería, tiene mucha fuerza. Y a eso se agarra la expedición sevillista a la fría Madrid de este redoble de invierno.

El Atlético de Simeone es un ogro ahora mismo comparado con el escuálido e inseguro equipo de Montella, pero precisamente ese rol asumido de presa fácil, de bola de papel viendo venir a un rodillo, puede convertirse en el mejor escenario para que el muerto hable, como la espeluznante e incomprensible historia del vecino de Asturias que recientemente despertó mientras esperaba la autopsia.

Fuente: Elaboración propia. Gráfico: Departamento de Inforgrafía Fuente: Elaboración propia. Gráfico: Departamento de Inforgrafía

Fuente: Elaboración propia. Gráfico: Departamento de Inforgrafía

El Sevilla aún no está muerto. Lo parece, pero está vivo. Está vivo, por ejemplo, en esta Copa del Rey, está vivo en la Champions y lo está aún en la búsqueda de sus objetivos en la Liga, pero es verdad que el enfermo no tendrá solución si no tiene la mínima reacción.

El sevillismo está loco por oír buenas noticias, ya sea en forma de fichajes o de cualquier otra índole, como resultados de una vez, aunque es verdad que la realidad es una cosa y los deseos son otra. El Atlético espera hoy a un lado del ring y el Sevilla parte del suyo empequeñecido hasta más no poder. La crisis supera ya la roja línea de lo preocupante y la mejor ilustración para ello fue la visita que los profesionales recibieron el pasado lunes con una representación de los biris en el entrenamiento.

No es para menos -la preocupación digo-, pues no es muy habitual que este equipo que no hace mucho ha levantado títulos enlace tres derrotas seguidas (o cuatro más el empate con el Levante) y de la forma en la que lo ha hecho.

La opinión pública mira con lupa ya a Montella, en el club hay quien vigila los movimientos de Óscar Arias y en la tarta accionarial también empieza a reinar la intranquilidad, señal evidente de que la inestabilidad deportiva es total y ha echado peligrosamente raíces en la institución.

Es verdad que tampoco ha ayudado el sorteo en esta competición en la que el Sevilla se suele sentir a gusto y, por ello, la machada de colarse en semifinales, si se produce, tendrá el doble valor de hacerlo en el peor momento de la temporada.

Montella reservó a varios de sus jugadores el domingo pasado en Vitoria quizá desconociendo que dejar de lado la Liga puede pasarle más factura de lo que cree en su crédito como entrenador y primera experiencia fuera de Italia. N'Zonzi y Escudero, sobre todo, pero también Corchia y quién sabe si Franco Vázquez, uno de los jugadores más señalados por la afición en esta onda expansiva de la bomba que estalló en el célebre derbi del 3-5 en Nervión.

Pero Banega, hoy día un jugador básico que nunca estuvo sobrado de fuerzas, repite y repite esfuerzos haciendo temer lo peor. Desde la llegada del técnico italiano, el argentino lo ha jugado todo a razón de noventa minutos cada cuatro días. Ver si aguanta un duelo exigente como el que siempre propone el Atlético de Simeone es uno de los temores que ahora mismo puede albergar cualquier sevillista, tanto el que se teme lo peor, otra cornada en la arena del Wanda, como el que guarda como oro en paño un deseo y un pálpito dentro de su corazón. Esta tarde saldremos de dudas. El que la tenga.

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